¡Seremos examinados en el amor!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-02-22T02:39:43Z | |
| dc.date.available | 2024-02-22T02:39:43Z | |
| dc.date.issued | 2024-02-19 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada del libro del Levítico capítulo 19, nos habla del llamado Código o Ley de santidad, donde Dios habla a Moisés y en Moisés a todo el pueblo de Israel, y les invita a una afirmación central: “Sean santos, porque Yo, el Señor su Dios, soy santo”. No se puede entender la vida de un Hijo de Dios y posteriormente podríamos decir de un seguidor de Cristo, si no es una vida en justicia, en rectitud, en santidad. En efecto, dará una serie de leyes o normas, para evidenciar la rectitud del corazón, la integridad de la vida, y los invitará Dios a través de Moisés, al pueblo de Israel: “No robarán, ni defraudarán, ni engañarán a ninguno de su pueblo. No jurarán en falso por mi nombre, no explotarás a tu prójimo ni te apropiaras de sus bienes, no te quedarás con el jornal del obrero hasta el día siguiente. No maldecirás al sordo ni pondrás tropiezo al ciego, no darás sentencias injustas, no serás parcial ni por favorecer al pobre, ni por honrar y quedar de manera agraciada con el rico. No andarás llevando chismes ni causarás con una declaración falsa la muerte de tu prójimo”. Y concluirá este código de santidad diciendo: “No odiarás en tu corazón a tu hermano, no te vengarás y no guardarás rencor de los hijos de tu pueblo”. Concluirá diciendo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, y siempre recordarás que yo soy el Señor”. Esta ley de santidad o ley del amor, es la que acompaña al pueblo de Israel justo después del destierro y del gran sufrimiento que han tenido con ocasión del mismo. Por eso, el salmo responsorial de este día, nos invita a reconocer: “Que las palabras de Dios son espíritu y vida, y que la ley del Señor es perfecta y es descanso del alma. El precepto del Señor es fiel e instruye al ignorante”, y agregará el salmo 18: “Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón, la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos. La voluntad del Señor es pura y eternamente estable, los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos”. Toda esta primera lectura de Levítico y el salmo responsorial de hoy, nos preparan para entender mejor, el evangelio tomado del capítulo 25 según san Mateo, que nos habla de cómo será el juicio universal, el juicio final sobre cada uno de nosotros. Y señalará precisamente Jesús a sus discípulos en sus instrucciones finales: “Que Dios juzgará a cada uno por las obras de justicia, por las obras de caridad y de amor que practicó con los demás”. En efecto, señalará seis clases de obras puntuales desde el punto de vista de la justicia: “Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, alojar al forastero, vestir al desnudo y visitar tanto al enfermo, como visitar al preso en la cárcel”. Pero tal vez lo que más impresiona en este evangelio, es que Jesús invitará a la salvación a los que practicaron estas obras de justicia, de misericordia y caridad, y ellos dirán: “Señor, ¿por qué somos dignos de la salvación?, ¿cuándo lo hicimos realmente contigo?”. Y la respuesta definitiva de Jesús será esta: “Yo les aseguro que cada vez que hicieron obras de misericordia o de caridad con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”. Lo dirá Jesús de forma lapidaria: “Tanto para aquellos que practicaron la justicia, irán a la derecha en el juicio universal o final, y los que no la practicaron irán a la izquierda a la condenación eterna”, y serán las mismas palabras: “Señor ¿cuándo dejamos de hacer estas obras de caridad?”, y Jesús repetirá: “Yo les aseguro que cada vez que dejaron de hacerlo con el más pequeño de mis hermanos, conmigo tampoco lo hicieron; ustedes irán al castigo eterno, mientras los que practicaron la justicia y la caridad, irán a la vida eterna”. ¿Cuál es el quid de todo este evangelio?, cómo Jesús une la salvación eterna a la caridad practicada de manera continua, cotidiana, con cientos, miles de sufrientes, necesitados, excluidos, marginados que hay a nuestro lado; como muy bien ha señalado en su momento san Juan de la Cruz, el poeta místico y santo español: “Al atardecer de la vida seremos mirados por el amor que dimos a los demás”. Hoy, cuando veas una persona en necesidad pasando penurias, no empieces a sacar disculpas que tranquilicen tu conciencia diciendo: es un perezoso y puede trabajar, es una persona que si le doy dinero lo va a utilizar para consumir drogas alucinógenas, que el estado le ayude que esto no me corresponde a mí. El Señor nos pide, en la misma línea del apóstol Santiago, una fe con obras, y las obras parten de la justicia, la misericordia y la caridad con los demás; así que cuando hagas el bien a otro, no pienses ni mucho menos que eres una persona buena, que eres una persona mejor, eso se lo creían los fariseos. Cuando hagas el bien, la caridad, la justicia a un necesitado, piensa que muy en el fondo te estás haciendo el bien a ti mismo, porque el día de tu muerte, el día del juicio final y particular para tu vida, solo serás dueño ante Dios, de aquella caridad que practicaste con generosidad, y no serás dueño en la vida eterna con Dios, de aquel egoísmo, de aquella incapacidad para amar, de aquella parálisis para servir y ayudar a los demás. Hoy tienes vida, hoy puedes hacer la justicia, hoy de cara a Dios realiza el amor y la misericordia, para que el Señor te llame a sus moradas eternas. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 25, 31 – 46 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.» Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿Cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?» Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.» Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.» Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿Cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?» Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.» Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Crecer en la fe | |
| dc.subject | Gracias | |
| dc.subject | Justicia | |
| dc.subject | Rectitud | |
| dc.subject | Santidad | |
| dc.subject | Obras | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Seremos examinados en el amor! | |
| dc.title.alternative | La vida del cristiano |
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