¡Nuestra Señora de los Dolores

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-09-26T18:02:38Z
dc.date.available2025-09-26T18:02:38Z
dc.date.issued2025-09-15
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Nuestra Señora de los Dolores! En la memoria litúrgica de la Virgen María, Nuestra Señora de los Dolores. Meditemos en la primera lectura de la Carta a los Hebreos, cuando en una síntesis impresionante nos señala: “Cristo Jesús en los días de su vida mortal como hombre, (en las horas de su Pasión lo entendemos así) a gritos y con lágrimas presentó oraciones y súplicas al Padre Dios, que podía salvarlo de la muerte, siendo escuchado por su piedad filial, y aun siendo Hijo, (nos dirá la Carta a los Hebreos), aun Cristo, siendo Hijo, aprendió sufriendo a obedecer”. Esta lectura impresionante nos recuerda que María, aun siendo la Madre de Jesús, aprendió sufriendo la obediencia al proyecto y al plan de Dios. El evangelio, apenas apropiado para esta memoria litúrgica, nos presenta a María junto a la cruz, en la hora aciaga de la Pasión y Muerte de su Hijo. Pero hoy hablemos de este tema impresionante que nos pone a todos a pensar, María y el misterio de la Cruz. Hay la cruz en sentido material, como dos travesaños de madera que se entrecruzan horizontal y verticalmente. Pero entendemos también la cruz en sentido espiritual que vivió la Santísima Virgen María con unos pocos días de nacido, el bebecito Jesús, cuando el sabio y santo Simeón le anunció a María “que una espada le traspasaría su alma”. Y esta profecía se cumpliría de manera total en la Pasión, Crucifixión y Muerte de su Hijo. Hoy reconoce que todo sufrimiento que se genera por mis limitaciones personales, por mis debilidades temperamentales, por mi propio pecado, por el pecado ajeno de terceras personas y la misma exigencia de vivir el evangelio, de amar, perdonar y servir a veces es cruz, es exigencia continua en la vida. El evangelio es radical y los verbos centrales del evangelio: amar, perdonar, servir, sufrir con paciencia, confiar en Dios, fidelidad al Señor, rectitud de corazón, entrega de la vida, se vuelven cruz cuando los asumimos en todo el pleno sentido de la palabra. Recordamos también que en distintos pasajes evangélicos Jesús nos invita “a su seguimiento muriendo a nosotros mismos, negándonos a nosotros mismos y cargando la cruz de cada día”. Pero sobre ese misterio de la cruz que era ignominia en el mundo de los romanos y se transforma en bendición para los creyentes, para nosotros los cristianos, aprendamos lecciones para nuestra vida de la mano de María. “Todos tenemos cruz en la vida. La cruz pesa, la cruz talla, la cruz cuesta. Pero no hay cielo sin cruz”. En una segunda enseñanza aprendamos que la cruz siempre resulta escandalosa. Así lo enunció el apóstol Pablo cuando dice “que es locura para el mundo judío, necedad para los sabios griegos. Pero fuerza de Dios, poder de Dios, sabiduría de Dios para el hombre creyente, para el hombre con fe”. Descubramos una tercera enseñanza, la cruz, aunque talle y nos escandalice, nos madura, nos hace crecer, porque humillados por ella se quebranta nuestro orgullo y nos lleva necesariamente a acercarnos a Dios. En una cuarta enseñanza he aprendido, que no hay encuentro profundo con Cristo, sino en el altar de la cruz. Nunca olvides que Jesús subió a la cruz a morir en ella, murió joven, no viejo. Murió en una cruz, no en una cama. Murió en soledad, no aplaudido por su pueblo. Allí hay una sabiduría escondida y necesitas y necesito yo ese encuentro profundo con Jesús en el altar misterioso de la cruz. Hoy te invito también en una sexta enseñanza a descubrir que se necesita la obediencia de la fe para cargar la cruz, que, te repito, “es la única escalera para subir al cielo” (como decía santa Rosa de Lima). Hoy descubre que la Virgen, junto a la Cruz, nos ofrece fuerza para salir adelante. María tuvo dolores profundos, pero más allá de todos ellos, aprendamos de la fortaleza, la entereza de carácter de la Virgen Santísima al pie de la Cruz, y pidamos fortaleza para nuestra vida, sobre todo en momentos de prueba y de sufrimiento intenso. Pero de María aprendemos también la paciencia en medio de la tormenta, la paciencia en medio de la prueba. No renegó, no perdió la paz de su corazón. Se sostuvo erguida, sabiendo que el Señor estaba escribiendo historia de salvación en el dolor inefable y misterioso de la Pasión de su Hijo. Pero además de la fortaleza y la paciencia de María en medio de la prueba, aprendamos en un tercer momento de la confianza inquebrantable en Dios. Y si sientes que hay prueba y hay cruz en tu vida, confía, confía inquebrantablemente en que el Señor guía y sostiene tu vida y que todo lo que ha ocurrido sirve para el bien tuyo y tiene un propósito, aunque en medio de la tormenta que vives en tu alma, de momento no lo logres descubrir. Pero además, uno, de la fortaleza, dos, de la paciencia en la prueba, tres, de la confianza inquebrantable en Dios. Cuatro, aprendamos de la esperanza de María, que esperó contra toda esperanza, seguramente iluminada por la luz de la Resurrección. Sabía que la muerte, la injusticia, la canallada, el mal, la conjura de todas las fuerzas de la oscuridad no eran el final de la vida de su Hijo amado, inocente y justo, esperó contra toda esperanza. Y en un mundo de guerras, de contradicciones, de injusticias se nos invita a esperar más allá de toda desesperanza humana, por los signos adversos que veamos en la sociedad, en nuestras familias o en nuestra propia vida. Concluiré diciendo que María y la debemos de imitar, la debemos de imitar. Más allá de su fortaleza, de su paciencia, de su confianza inquebrantable, de su esperanza contra toda desesperanza. María tuvo un grande amor para llevar la cruz al ver a su Hijo y sentirse Ella espiritualmente crucificada, y ese amor le ayudó a no sentirse apabullada, aplastada, derrumbada por el peso de la cruz espiritual que cargaba. Hoy, cuando es una ocasión propicia para meditar los siete Dolores de María que la piedad popular nos ha llevado a meditar, reconozcamos en Ella una mujer fuerte, paciente, confiada, amorosa y llena de esperanza. Que el Señor y la intercesión de Santa María, Nuestra Señora de los Dolores te acompañen en este día, y te bendigo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 19, 25-27 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta a los Hebreos 5, 7-9 Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 31(30), 2-3a.3b-4.5-6 Sálvame Señor, por tu misericordia. A ti, Señor, me acojo: no quede yo nunca defraudado; tú, que eres justo, ponme a salvo, inclina tu oído hacia mí. Sálvame Señor, por tu misericordia. Ven aprisa a librarme, sé la roca de mi refugio, un baluarte donde me salve, tú que eres mi roca y mi baluarte; por tu nombre dirígeme y guíame. Sálvame Señor, por tu misericordia. Sácame de la red que me han tendido, porque tú eres mi amparo. A tus manos encomiendo mi espíritu: tú, el Dios leal, me librarás. Sálvame Señor, por tu misericordia. Pero yo confío en ti, Señor, te digo: «Tú eres mi Dios.» En tu mano están mis azares: líbrame de los enemigos que me persiguen. Sálvame Señor, por tu misericordia. Qué bondad tan grande, Señor, reservas para tus fieles, y concedes a los que a ti se acogen a la vista de todos. Sálvame Señor, por tu misericordia. Evangelio de Hoy: Lectura del santo evangelio según San Juan 19, 25-27: En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo.» Luego, dijo al discípulo: - «Ahí tienes a tu madre.» Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCarácter
dc.subjectConfianza en Dios
dc.subjectFe de María
dc.subjectFortaleza
dc.subjectMaría
dc.subjectPaciencia en la prueba
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Nuestra Señora de los Dolores
dc.title.alternativeVirgen de los Dolores

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