¿Serán pocos los que se salven?

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-10-23T20:34:23Z
dc.date.available2025-10-23T20:34:23Z
dc.date.issued2025-10-29
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¿Serán pocos los que se salven? En un texto por demás impresionante en la primera lectura de hoy de la Carta del apóstol san Pablo a los Romanos, Pablo hará una precisión que todos debemos tener siempre clara: “El Espíritu de Dios acude, acompaña, nos sostiene, nos ayuda en nuestra debilidad, pues muchas veces engañados por el mal espíritu o simplemente el espíritu humano, no sabemos pedir a Dios lo que conviene”. Pero aclarará el apóstol Pablo: “El Espíritu Santo, el Espíritu Divino intercede por nosotros ante el Padre de los cielos con gemidos inefables. Y ese Espíritu Divino que conoce y escruta lo profundo del ser, lo más hondo del corazón, pedirá por cada uno de nosotros al Padre de los cielos”. Pero tal vez el mensaje más impresionante y uno de los textos que más me sacuden como sacerdote y como hombre, en todas las cartas de san Pablo, es este texto de Romanos 8, 28 cuando el apóstol afirmará: “Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien, conforme a su designio, conforme a sus propósitos”. Tratando de profundizar en esta expresión, descubro una verdad suprema todo lo que ha acontecido en nuestra historia, todo lo que ha pasado en nuestra vida, que a veces hemos juzgado como malo, muy malo, otras veces como bueno, muy bueno. Desde la mirada, desde la perspectiva, desde el horizonte de Dios, nada se puede calificar como bueno o muy bueno, malo o muy malo. Todo ha sido, si no querido, por lo menos permitido por Dios con un propósito. Esto nos lleva a algo más profundo todavía. Nunca lamentarnos de lo acontecido en nuestra existencia, nunca fastidiarnos con Dios, menos amargar el corazón y saber que todo lo que ha acontecido en nuestra vida el Señor lo ha permitido con un propósito. Y si haces esta mirada de fe que trae el apóstol Pablo: “Todo sirve para el bien de aquellos que aman a Dios”. Descubrirás que todo sufrimiento, pero también toda alegría, todo triunfo, pero también todo fracaso, toda prueba, todo sueño. Dios lo ha permitido en tu vida para moldearte según el proyecto y el propósito divino. Reconoce que, en las situaciones más azarosas y difíciles, tal vez de ellas es desde las cuales más has crecido humana y espiritualmente, más has madurado en tu fe, más has aprendido de la humildad, de la prudencia, de la paciencia, de la perseverancia. Todo lo que ha acontecido en tu vida no lo vuelvas a mirar o a calificar en clave de que ha sido éxito o fracaso, bueno o malo, triunfo o sufrimiento. No, todo el Señor, misteriosa y maravillosamente y repito estas palabras, de manera misteriosa y maravillosa Dios lo ha permitido en tu vida, porque desde la fe, desde la mirada de Dios, ha habido un propósito, un proyecto divino que tal vez sólo alcanzaremos a comprender plenamente después de nuestra muerte, en el cara a cara con Dios y agradeceremos infinitamente todas las situaciones, circunstancias, aún las penurias y pruebas que hayamos podido padecer y que nos parecieron de lo más doloroso. Pero el Señor lo ha permitido, porque en su amor tenía un propósito de vida, un proyecto para nosotros, que, aunque no lo entendamos por su amor, sabemos que es lo mejor, lo mejor para nuestra vida. Muy impresionante esta reflexión. Y continúa Pablo afirmando: “Que a los que Dios ha conocido de siempre los ha predestinado”. Desde el vientre materno como los profetas somos predestinados y luego llamados, elegidos por el Señor. Y después de ser llamados y elegidos, somos justificados precisamente por las pruebas, por situaciones adversas es probada y justificada, acrisolada nuestra fe. Así como el oro se limpia de la suciedad y de la escoria a altas temperaturas en el fuego, así también nosotros somos purificados en el crisol de las pruebas, como lo señala la Carta del apóstol Santiago, y también la Carta a los Hebreos. Y al final dirá Pablo “que más allá de ser predestinados desde siempre, elegidos, llamados por el Señor y justificados, al final seremos glorificados, disfrutaremos y entraremos en la gloria eterna con Dios. La comunión de vida y amor, la vida abundante y en plenitud que ni ojo humano vio, ni oído escuchó, ni mente humana jamás ha imaginado lo que el buen Dios tiene preparado para aquellos que le aman”. Con razón el salmo responsorial nos invita a repetir: “Yo confío, Señor, en tu misericordia. Mi alma goza con tu salvación, y cantaré al Señor por el bien que has hecho en mi vida”. Pero pasemos al evangelio de Lucas, capítulo 13, cuando un espontáneo le pregunta a Jesús ¿serán pocos los que se salven? Y Jesús, sin darle una respuesta directa y sin determinar el número de los que alcancen la salvación, simplemente reorienta la pregunta a lo esencial. Y dirá Jesús: “Esfuércense, (y es un mensaje para todas las generaciones), en entrar por la puerta estrecha”, que, según los padres de la Iglesia, es “la puerta de la humildad”. Y, según otras interpretaciones es “la puerta de la cruz”. Y sin humildad y sin cruz no podemos salvarnos. Y Jesús, retomando la idea del evangelio de hoy, dirá: “Esfuércense en entrar por la puerta estrecha a través de la cruz y de la humildad. Pues les digo que muchos intentarán entrar a la salvación y no podrán”. Y dirán: “Señor, ábrenos”. Pero Él les dirá: “No sé quiénes son. Y al final será el llanto y el rechinar de dientes cuando vean a los grandes patriarcas salvados Abraham, Isaac, Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios y los demás arrojados fuera”. Y concluirá Jesús diciendo: “Hay últimos que serán primeros y primeros, o que se creen primeros, y serán los últimos y los arrojados afuera del recinto del Reino de los cielos”. Claramente es un lenguaje simbólico, pero en el fondo nos está invitando a que por esa puerta estrecha del amor que cuesta amar, de la humildad que cuesta ser humildes, de la cruz que nos cuesta cargar la cruz de cada día, encontremos el camino más cierto para acceder al Reino de los Cielos, a la vida nueva que el Señor nos ha prometido. La puerta estrecha de morir a nosotros mismos. Tal vez no nos salvarán meramente o simplemente las oraciones, los rezos, las limosnas, las plegarias que hicimos, las imágenes religiosas en nuestra casa, no nos salvarán, si por el camino de la humildad no humillamos nuestro corazón, si por el camino de la cruz no aprendimos a entender la vida como amor y servicio a los demás. Nuestro mundo predica un evangelio contrario al evangelio de la cruz, al evangelio del amor, al evangelio de la entrega de la vida, al evangelio de los humildes. Nuestro mundo nos habla de poderes militares, de fuerza política, de arrogancia personal, de orgullo, de vanidad y ostentación frente a los demás. Y es el camino exactamente contrario para quedar fuera de la salvación y del Reino de los cielos. Señor, con el salmo de hoy te decimos: “Confío en tu misericordia, danos en vida la luz y la sabiduría para buscar lo único que no podemos perder en la vida”. Podemos fracasar en el matrimonio, podemos fracasar en montar una empresa, podemos fracasar económicamente, podemos fracasar políticamente si fuiste candidato a elecciones políticas. Pero en lo que no puedes fracasar es en perder tu alma, perder la salvación, no entrar al Reino de los cielos. Y si piensas que has ganado mucho con lo que has recibido en este mundo, recuerda la expresión lapidaria de Jesús. ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero que pasa y termina con la muerte, si pierde, si pierde su alma? Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 13, 22-30 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Romanos 8, 26-30 Hermanos: El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que conoce profundamente los corazones, sabe lo que el Espíritu quiere decir, porque el Espíritu ruega conforme a la voluntad de Dios, por los que le pertenecen. Ya sabemos que todo contribuye para bien de los que aman a Dios, de aquellos que han sido llamados por él según su designio salvador. En efecto, a quienes conoce de antemano, los predestina para que reproduzcan en sí mismos la imagen de su propio Hijo, a fin de que él sea el primogénito entre muchos hermanos. A quienes predestina, los llama; a quienes llama, los justifica; y a quienes justifica, los glorifica. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 13(12), 4-5.6 (R. 6a) Confío, Señor, en tu bondad. Atiende y respóndeme, Señor, Dios mío; Sigue dando luz a mis ojos y líbrame del sueño de la muerte, para que no digan mis adversarios que me han vencido ni se alegren de mi derrota. Confío, Señor, en tu bondad. Pues yo confío en tu lealtad, mi corazón se alegra con tu salvación y cantaré al Señor por el bien que me ha hecho. Confío, Señor, en tu bondad. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 22-30 En aquel tiempo, Jesús iba enseñando por ciudades y pueblos, mientras se encaminaba a Jerusalén. Alguien le preguntó: “Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?” Jesús le respondió: “Esfuércense en entrar por la puerta, que es angosta, pues yo les aseguro que muchos tratarán de entrar y no podrán. Cuando el dueño de la casa se levante de la mesa y cierre la puerta, ustedes se quedarán afuera y se pondrán a tocar la puerta, diciendo: ‘Señor, ábrenos’. Pero él les responderá: ‘No sé quiénes son ustedes’. Entonces le dirán con insistencia: ‘Hemos comido y bebido contigo y tú has enseñado en nuestras plazas’. Pero él replicará: ‘Yo les aseguro que no sé quiénes son ustedes. Apártense de mí, todos ustedes los que hacen el mal’. Entonces llorarán ustedes y se desesperarán, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes se vean echados fuera. Vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios. Pues los que ahora son los últimos, serán los primeros; y los que ahora son los primeros, serán los últimos”. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1117
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dc.subjectAñorar la vida eterna
dc.subjectPuerta de la cruz
dc.subjectPuerta de la humildad
dc.subjectPuerta estrecha
dc.subjectSalvación
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¿Serán pocos los que se salven?
dc.title.alternativeVida eterna

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