¡Corazón de niños!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-08-15T02:41:44Z | |
| dc.date.available | 2024-08-15T02:41:44Z | |
| dc.date.issued | 2024-08-13 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES A la pregunta que le formulan los discípulos a Jesús, ¿quién es el más importante en el Reino de los cielos?, Jesús da una respuesta proverbial y si se quiere, desconcertante. Coloca en medio de los discípulos a un niño, con lo que Él significa y les contesta: “Les aseguro que, si no vuelven a ser niños de corazón, no entrarán en el reino de los cielos, por eso es necesario que se hagan pequeños como un niño, y ese será el más grande en el reino de los cielos”, he invita a acoger a los niños en el nombre de Jesús. Pero ¿qué significa este evangelio traído a la cultura del siglo XXI?, ¿ser niños siendo nosotros adultos? No se trata ciertamente de volver al vientre materno, se trata simplemente de tener un corazón como el de los niños, para poder entender los secretos y la sabiduría de Dios. Nos preguntamos ¿cuáles son las características de los niños de todas las épocas?, y podríamos enunciarlas a partir de estos detalles puntuales. El primero, el corazón de un niño es por excelencia un corazón sencillo y simple, que es capaz de disfrutar con las pequeñas acciones de la vida diaria, somos nosotros, los adultos, los que nos volvemos complicados, difíciles, exigentes para disfrutar con lo pequeño, con lo simple que Dios regala a nuestra cotidianidad. Pero en una segunda característica, encontramos que un niño es por excelencia un ser confiado totalmente a lo que sus padres, sus maestros, los adultos, le enseñen; hay que aprender a tener la confianza de los niños en Papá Dios, abandonarnos como un niño duerme plácida y gozosamente en los brazos maternales, en el regazo materno. La confianza, hoy es una virtud que desafortunadamente se ha perdido, pero Dios nos invita por la fe, por la confianza en Él, a permitirle que haga grandes obras en nuestra vida. En una tercera característica, encontramos que un niño es por excelencia, limpio de corazón, sin malicia, sin cálculos humanos, esto muy a propósito de que nuestra sociedad se volvió muy conveniente, muy utilitarista, muy calculadora, el buscar relaciones en la medida en que nos puedan las otras personas, brindar algún lucro, alguna utilidad a nuestra vida concreta. Ser limpios de corazón, es atender a la bienaventuranza de san Mateo cuando dice: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Pero en una cuarta característica, encontramos que un niño es por excelencia un ser alegre, con un gozo interior, no es una persona tristonga como nos volvemos los adultos, una persona que ocupa su mente en turbaciones, ansiedades, angustias, problemas, incertidumbres de la vida económica, de la vida familiar, de la vida personal, de la propia salud. Que no nos dejemos robar la alegría por las penas y preocupaciones del diario vivir y que, por el contrario, tengamos alma gozosa, alma alegre como la de los niños. En una quinta característica, encontramos que un niño es un ser de paz, en sus 3, 4, 5 años, es por excelencia un alma pacífica, un océano sereno y más allá de la actividad febril propia de un infante, en su alma no hay amarguras, en su alma no hay rencores, en su alma no hay resentimientos frente a nadie. De hecho, pelea con un amiguito, un hermanito y un par de horas después, o unos minutos más tarde, está jugando tranquila y desprevenidamente con su hermano, con su amigo. Cuánto tenemos que aprender los adultos de la paz de los niños, que no conocen de resentimientos y rencores. En una sexta característica, descubrimos que un niño es aquel que acoge en su corazón, a las personas que llegan a su vida, que acoge también el don de Dios, cuando le contamos la historia sagrada, cuando le hablamos en la Eucaristía de los evangelios, cuando le enseñamos a rezar y a orar confiadamente a Papá Dios. Hoy, aprendamos de los niños a acoger el amor divino en nuestro corazón y a no ser tan recelosos, a colocar tantas puertas, de alguna manera compuertas que nos cierran al don y a la bondad de Dios. Terminamos con una séptima y última característica, reconociendo que los niños son seres humildes y mansos, que con docilidad se dejan conducir por sus padres, en la tierna edad de sus vidas 3, 4, 5 años, así también el buen Dios, quiere que nosotros seamos mansos de corazón y nos dejemos conducir por el Espíritu Santo, el gran maestro interior, que nos lleva a la verdad plena, la verdad de Dios en nuestra vida. Que el Señor, nos dé corazón de niños para ser importantes en el Reino de los cielos y que recibamos con estos sentimientos la bendición divina, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Mateo 18, 1-5.10.12-14 Lectura del día de hoy Lectura de la profecía de Ezequiel 2,8-3, 4 Así dice el Señor: «Tú, hijo de Adán, oye lo que te digo: ¡No seas rebelde, como la casa rebelde! Abre la boca y come lo que te doy.» Vi entonces una mano extendida hacia mí, con un documento enrollado. Lo desenrolló ante mí: estaba escrito en el anverso y en el reverso; tenía escritas elegías, lamentos y ayes. Y me dijo: «Hijo de Adán, come lo que tienes ahí, cómete este volumen y vete a hablar a la casa de Israel.» Abrí la boca y me dio a comer el volumen, diciéndome: «Hijo de Adán, alimenta tu vientre y sacia tus entrañas con este volumen que te doy.» Lo comí, y me supo en la boca dulce como la miel. Y me dijo: «Hijo de Adán, anda, vete a la casa de Israel y diles mis palabras.» «Palabra de Dios. Te alabamos Señor» Salmo del día de hoy Salmo 118 (119), 14. 24. 72. 103. 111. 131 R/. ¡Qué dulce al paladar tu promesa, Señor! Mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas. /R. Tus preceptos son mi delicia, tus decretos son mis consejeros. /R. Más estimo yo los preceptos de tu boca que miles de monedas de oro y plata. /R. ¡Qué dulce al paladar tu promesa: más que miel en la boca! /R. Tus preceptos son mi herencia perpetua, la alegría de mi corazón. /R. Abro la boca y respiro, ansiando tus mandamientos. /R. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según San Mateo 18, 1-5. 10. 12-14 En aquel momento, se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Quién es el más importante en el reino de los cielos?» Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: «Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús | |
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| dc.subject | Confiar en Dios padre | |
| dc.subject | Corazón de niño | |
| dc.subject | Corazón sencillo | |
| dc.subject | Corazón simple | |
| dc.subject | Limpios de corazón | |
| dc.subject | Reino de los cielos | |
| dc.subject | Pureza | |
| dc.subject | Rectitud | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
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