¡El poder del joven, la sabiduría del viejo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 9, 43 b-45
Lectura del día de hoy
Qo 11, 9-12.8: Disfruta mientras eres muchacho
y pásalo bien en la juventud; déjate llevar del corazón, de lo que atrae a los ojos; pero sabe que Dios te llevará a juicio para dar cuenta de todo.
Rechaza las penas del corazón, rehuye los dolores del cuerpo: niñez y juventud son vanidad.
Acuérdate de tu Hacedor durante la juventud, antes de que lleguen los días desgraciados y te alcancen los años en que dirás: «no les saco gusto»; antes de que se oscurezca la luz del sol, la luna y las estrellas, y a la lluvia siga el nublado.
Ese día temblarán los guardianes de casa y los valientes se encorvarán; las que muelen serán pocas y se pararán, los que miran por las ventanas se ofuscarán; las puertas de la calle se cerrarán y el ruido del molino se apagará; se debilitará el canto de los pájaros, las canciones se irán callando; darán miedo las alturas y rondarán los terrores cuando florezca el almendro y se arrastre la langosta y no dé gusto la alcaparra; porque el hombre marcha a la morada eterna y el cortejo fúnebre recorre las calles.
Antes de que se rompa el hilo de plata y se destroce la copa de oro, y se quiebre el cántaro en la fuente y se raje la polea del pozo, y el polvo vuelva a la tierra que fue, y el espíritu vuelva al Dios que lo dio.
Vaciedad de vaciedades, dice el Predicador, vaciedad de vaciedades y todo vaciedad.
Salmo del día de hoy
Salmo (90)89, 3-4.5-6.12-13.14.17:
Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó,
una vela nocturna.
Los siembras año por año,
como hierba que se renueva;
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.
Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos.
Por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo;
baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.
Evangelio del día de hoy
Lc 9, 43b-45:
En aquel tiempo, entre la admiración general por lo que hacía, Jesús dijo a sus discípulos:
-Meteos bien esto en la cabeza: al Hijo del Hombre lo van a entregar en manos de los hombres.
Pero ellos no entendían este lenguaje; les resultaba tan oscuro, que no captaban el sentido.
Y les daba miedo preguntarle sobre el asunto.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Continuamos con esta meditación de este precioso libro sapiencial del libro del Eclesiastés, cuya lectura meditada recomiendo ampliamente. Nos habla el capítulo 11 y 12 de este libro: “De cómo en la juventud a veces vivimos tan insensatamente”, e invita el autor sapiencial: “A que vivamos estos años de mocedad, la primavera de la vida, de una manera más sabia, no quedándonos simplemente en las vanidades y deleites que nos ofrece el mundo, sino trascendiendo la vida”. De hecho, afirmará: “Disfruta de la vida mientras eres joven y pásala bien, si quieres déjate llevar del corazón y de lo que te recrea la vista”. Pero nos hace una advertencia: “Sábete que Dios te llevará a juicio y te pedirá cuentas de todas las locuras que hiciste en los años de juventud”. A renglón seguido agregará el autor del libro del Eclesiastés: “A veces rechazamos las penas del corazón, rehuimos los dolores del cuerpo con alguna flojera y cobardía, pero acordémonos que son parte de la vida sobre todo en la vejez, y que adolescencia y juventud son efímeras, pasan rápido, más rápido de lo que nosotros pensamos”. Y continuará su reflexión el autor del libro del Eclesiastés diciéndonos: “Acuérdate de Dios en tus años de juventud, antes de que lleguen los días difíciles en que digas por tu vejez no le saco gusto a nada, antes de que digas en la recta final de tu vida se oscurece el sol, quizás porque ves muy poco, la lluvia me ha vuelto todo nublado. Ese día temblarán los guardianes de casa y los valientes el día de nuestra muerte se encorvarán, y tienes que recordar que nadie se queda en este mundo de semilla, sino que todos pasamos. Pasaron nuestros bisabuelos, abuelos, padres; pasaremos también nosotros y tus hijos por más que estén jóvenes o nietos, también pasarán”. Al final concluirá el texto precioso de hoy: “El hombre más allá de los deleites del mundo que a veces lo embriagan y seducen, va a la morada de su eternidad, y el cortejo fúnebre recorre las calles de tu pueblo”. Y concluirá bellamente con una expresión que todos hemos escuchado y que trae precisamente Eclesiastés en el capítulo 12: “Vanidad de vanidades en la vida”, dice el Qohélet, “Vanidad de vanidades, todo es vanidad”. La palabra vanidad viene de vano, y vano es aquello que no tiene peso de realidad en sí mismo; vano es aquello que es efímero y relativo, pero que nosotros a veces nos dejamos deslumbrar, fascinar, conquistar. La belleza es vanidad porque ella pasa, y si dijeras, es que no me cansaría de vivir de la belleza, te diré, que hasta la belleza cansa. El dinero y la seguridad material es vanidad y por más que sobreabundes en seguridades económicas al final sientes que la vida y la plenitud de la existencia es algo más que poseer en abundancia algunos bienes, descubrirás que lo que llamamos lujos, y placeres del mundo son vanidad, que por más que los disfrutemos momentáneamente, pasan unas horas, sólo unas horas, y sentimos un nuevo vacío, y descubrimos que nuestro corazón está hecho y fue creado para sueños, para ideales, para anhelos más profundos, el sueño, el ideal y el anhelo de Dios, la vida divina en cada uno de nosotros.
Pero hablemos brevemente del evangelio de hoy, de Lucas capítulo 9, donde Jesús admirado, aplaudido por la gente que reconocía en Él un sanador, un taumaturgo de alguna manera, un hombre liberador con prodigios grandes y asombrosos, Él, más allá del asombro y de la admiración general de la gente sencilla de Israel les dirá de manera particular a sus discípulos: “Métanse bien esto en los oídos, el Hijo del Hombre (está hablando de sí mismo), va a ser entregado en manos de los hombres”. Jesús quería preparar a los discípulos paulatinamente para el escándalo de la cruz, porque sabía de su condición humana y sabía que no estaban preparados ni ellos hace dos mil años, ni nosotros estamos preparados, ni nos educan, ni forman nuestra conciencia, no nos forman en la universidad para entender el misterio del dolor que es connatural a la condición humana, para entender el misterio de la injusticia y ¿quién no ha sido víctima de injusticias en la vida? Y entender que desde ese sufrimiento y desde esa injusticia cometida con el más grande inocente, Cristo, desde ese fracaso humano, emergió el mayor triunfo, el mayor éxito, la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte, que Cristo nos ha logrado repetimos, por su aparente y repito, aparente fracaso en la cruz. Eso el mundo hoy no lo entiende; el mundo si le hablamos de placeres, de fiesta, de juerga, de fútbol, farándula, de Facebook, si le hablamos de facilismo, frivolidad en la vida, palabras todas por la letra f, hasta entenderemos la vida de esa manera, pero nos cuesta asumir cualquier realidad de sufrimiento. Por eso hoy pedimos la eutanasia, el suicidio asistido; ante las primeras dificultades de relación, hablo de divorciarme, cuando hay un embarazo no deseado, hablo de abortar, porque el ser humano hoy no quiere saber de nada que lo talle, de sacrificios, quiere saber simplemente de placeres y olvida, olvida que tan natural como es la alegría en el corazón humano, lo es la tristeza, tan natural como es el éxito en la vida, lo es el fracaso, tan natural como es la vida, lo es la muerte. Tenemos que prepararnos para lo primero, sin olvidar lo segundo, ojalá, ya que no nos educan en las universidades para las pruebas de la vida, para ser buenas mamás, papás, esposas, esposos, que aprendamos del evangelio, a entender que seguimos a un Mesías crucificado, a un Mesías sufriente y que desde allí nos quiso salvar.
Concluirá el evangelio diciendo: “Que los discípulos no entendían el lenguaje en que les hablaba Jesús, les resultaba oscuro, no captaban su sentido, pero no quisieron preguntarle porque es que el que pregunta encuentra respuestas, el que busca, halla, y ellos prefirieron quedarse con la imagen del hombre seguido, admirado, imitado por otros, pero no querían saber de cruz, de incomprensiones, de ingratitudes, de abandono de los suyos”. Esa es la vida, decían las abuelas: “Unas son de cal, otras son de arena, pero todas buenas y malas hay que recibirlas”.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.