¡Envidia!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-02-25T15:28:12Z | |
| dc.date.available | 2025-02-25T15:28:12Z | |
| dc.date.issued | 2025-02-17 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Continuamos con estas preciosas lecturas que nos trae el libro del Génesis y como hemos señalado en otro momento, nos hablan de una manera teológica profunda sobre los grandes relatos fundacionales sobre el origen del mal, sobre el origen del pecado. Hoy, de manera particular encontramos un sentimiento universal que nos cuesta mucho aceptar y sobre todo superar en nuestra vida, se trata de la envidia. A partir de la confrontación entre dos hermanos, Caín y Abel, Abel pastor de ovejas, Caín trabajaba en el campo y ambos ofrecían los dones de sus frutos y las primicias de la grasa de sus ovejas a Dios, pero la ofrenda sacrificial religiosa era agradable a Dios sobre todo por parte de Abel, lo que llenó de turbación, de celos y de envidia a su hermano Caín, lo lleva a cometer el primer homicidio que narra la historia bíblica, contenido precisamente en el primer libro de la Sagrada Escritura, el Génesis, Caín asesina a su hermano Abel por envidia. Esto nos muestra, primero, que la historia de las envidias entre los hombres es tan antigua como el mundo, tan vieja como el origen mismo del hombre. También nos señala que la envidia se da entre pares, entre semejantes, entre cercanos: colegas de profesión con colegas de profesión, hermanos de sangre con hermanos de sangre, amigos cercanos con amigos cercanos. Normalmente no emulamos, no competimos, no rivalizamos, no experimentamos celos o envidia con extraños, sino que lo hacemos con aquellas personas cercanas que podemos admirar en un principio y luego emular, competir hasta terminar envidiándolas y queriéndolas suprimir, sacar del camino de nuestra vida. Un viejo adagio afirma: “Que la envidia es mejor despertarla que sentirla”. En lo personal te digo, que la envidia es un sentimiento tan mezquino que no es bueno ni despertarla en los demás, ni mucho menos sentirla en nosotros. Un autor espiritual afirmaba: “Que la envidia se podía definir como la alegría que siento en mi corazón por el mal, el sufrimiento y el fracaso del otro, el envidiado”. O también define la envidia: “Como la tristeza, la amargura y el dolor interior por el éxito, el reconocimiento, los triunfos, las bondades y carismas que tienen los otros.” Bajo cualquier perspectiva, la envidia no deja de ser un sentimiento muy mezquino y muy ruin, y como nos cuesta trabajo aceptarlo en nuestra vida por el viejo camino psicológico de la racionalización, darnos “razones lógicas” para decir no es envidia, sino que la otra persona no ha conseguido las cosas bien: lava dinero de narcotráfico, no es envidia, es que esa otra mujer vende su cuerpo a los hombres, no es envidia, es que a esa persona la quiere todo el mundo porque es pantallera, no es envidia, es que ese ser humano ha alcanzado todo en la vida por intrigas humanas. Cuando tenemos esa dificultad para reconocer méritos, talentos, capacidades en los otros, vivimos con mucho sufrimiento. Pero quizás lo más grave de la envidia es que por ella, como en el caso del relato bíblico que hoy nos presenta la primera lectura, queremos suprimir, queremos aniquilar, queremos matar psicológicamente, emocionalmente y a veces queremos matar materialmente a la persona que en secreto envidiamos. Esto nos aleja totalmente de Dios y nos llama al reclamo que el buen Dios hace a Caín ¿dónde está tu hermano Abel? Caín con hipocresía y malicia dice: “No sé, ¿acaso soy el guardián de mi hermano? Pero Dios que conoce todo le vuelve a preguntar ¿qué has hecho?, “la sangre que has derramado de tu hermano está gritando desde la tierra”, y Dios pronuncia sentencia sobre el asesino y envidioso Caín: “Andarás errante y perdido por el mundo, aunque trabajes la tierra no te volverá a dar fecundidad, estarás por esta tierra y aunque no dejaré que te acaben, tu culpa será grande para soportarla”. Hoy pidamos al Señor de manera particular, sanar de cualquier sentimiento de envidia, tener la grandeza humana, la nobleza interior para reconocer talentos, cualidades, triunfos, carismas en otras personas. No te sientas que Dios ha sido injusto contigo, lo que Dios ha dado a otras personas y que a ti te lo ha negado te lo compensa dándote otros talentos o te lo compensa quizá dándote cruces, pruebas y cargas más ligeras en tu vida. No te desanime tampoco cuando seas una persona envidiada, todo el que tenga talentos en la vida, todo el que tenga carismas en la vida, todo el que tenga liderazgo en la vida, probablemente será envidiado y será tal por los colegas, por los más cercanos, por aquellos que quizás quisieran tener los carismas, las cualidades, los triunfos económicos, humanos, sociales, deportivos, artísticos, culturales que tú tienes. Quizás no son tan malos, no han entendido que Dios para ellos tiene un proyecto de vida y que no tiene por qué asemejarse a lo que tú tienes hoy como un don de Dios. Señor, libérame de las envidias, permíteme salir siempre adelante frente a la tentación de las rivalidades, las competencias; dame, buen Dios, ser sobre todo un hombre libre, libre frente a mí mismo. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 8, 11-13 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro del Génesis 4, 1-15.25: El hombre se llegó a Eva; ella concibió, dio a luz a Caín, y dijo: «He adquirido un hombre con la ayuda del Señor.» Después dio a luz a Abel, el hermano. Abel era pastor de ovejas, mientras que Caín trabajaba en el campo. Pasado un tiempo, Caín ofreció al Señor dones de los frutos del campo, y Abel ofreció las primicias y la grasa de sus ovejas. El Señor se fijó en Abel y en su ofrenda, y no se fijó en Caín ni en su ofrenda, por lo cual Caín se enfureció y andaba abatido. El Señor dijo a Caín: «¿Por qué te enfureces y andas abatido? Cierto, si obraras bien, estarías animado; pero, si no obras bien, el pecado acecha a la puerta; y, aunque viene por ti, tú puedes dominarlo.» Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos al campo.» Y, cuando estaban en el campo, Caín atacó a su hermano Abel y lo mató. El Señor dijo a Caín: «¿Dónde está Abel, tu hermano?» Respondió Caín: «No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano?» El Señor le replicó: «¿Qué has hecho? La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. Por eso te maldice esa tierra que ha abierto sus fauces para recibir de tus manos la sangre de tu hermano. Aunque trabajes la tierra, no volverá a darte su fecundidad. Andarás errante y perdido por el mundo.» Caín contestó al Señor: «Mi culpa es demasiado grande para soportarla. Hoy me destierras de aquí; tendré que ocultarme de ti, andando errante y perdido por el mundo; el que tropiece conmigo me matará.» El Señor le dijo: «El que mate a Caín lo pagará siete veces.» Y el Señor puso una señal a Caín para que, si alguien tropezase con él, no lo matara. Adán se llegó otra vez a su mujer, que concibió, dio a luz un hijo y lo llamó Set, pues dijo: «El Señor me ha dado un descendiente a cambio de Abel, asesinado por Caín.» Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo del día de Hoy: Salmo 50(49), 1.8.16bc-17.20-21 Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza. El Dios de los dioses, el Señor, habla: convoca la tierra de oriente a occidente. «No te reprocho tus sacrificios, pues siempre están tus holocaustos ante mí. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza «¿Por qué recitas mis preceptos, tú que detestas mi enseñanza y te echas a la espalda mis mandatos?» Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza «Te sientas a hablar contra tu hermano, deshonras al hijo de tu madre; esto haces, ¿y me voy a callar? ¿Crees que soy como tú? Te acusaré, te lo echaré en cara. Ofrece a Dios un sacrificio de alabanza Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 8, 11-13: En aquel tiempo, se presentaron los fariseos y se pusieron a discutir con Jesús; para ponerlo a prueba, le pidieron un signo del cielo. Jesús dio un profundo suspiro y dijo: -«¿Por qué esta generación reclama un signo? Os aseguro que no se le dará un signo a esta generación.» Los dejó, se embarcó de nuevo y se fue a la otra orilla. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Alejarnos de Dios | |
| dc.subject | Dolor | |
| dc.subject | Emoción negativa | |
| dc.subject | La envidia no es buena | |
| dc.subject | Limpiar el corazón de la envidia | |
| dc.subject | Reconocer las capacidades de los demás | |
| dc.subject | Reconocer los méritos | |
| dc.subject | Reconocer los talentos | |
| dc.subject | San Marcos | |
| dc.subject | Sentimiento mezquino | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Envidia! | |
| dc.title.alternative | ¿Cómo vencer la envidia? |
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