¡Levántate!
Loading...
Date
Authors
Journal Title
Journal ISSN
Volume Title
Publisher
Abstract
REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 7, 11-17
Lectura del día de hoy
1Co 12, 12-14.27-31a:
Hermanos:
Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.
Todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo.
Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. El cuerpo tiene muchos miembros, no uno solo. Vosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro. Y Dios os ha distribuido en la Iglesia: en el primer puesto los apóstoles, en el segundo los profetas, en el tercero los maestros, después vienen los milagros, luego el don de curar, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas, el don de interpretarlas.
¿Acaso son todos apóstoles?, ¿o todos son profetas? ¿o todos maestros?, ¿o hacen todos milagros?, ¿tienen todos don para curar?, ¿hablan todos en lenguas o todos las interpretan? Ambicionad los carismas mejores.
Salmo del día de hoy
Salmo (100) 99, 2.3.4.5:
Somos su pueblo y ovejas de su rebaño.
Aclama al Señor, tierra entera,
servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores.
Sabed que el Señor es Dios:
que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad por sus puertas con acción de gracias,
por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre.
«El Señor es bueno,
su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades».
Evangelio del día de hoy
Lc 7, 11-17:
En aquel tiempo, iba Jesús camino de una ciudad llamada Naín, e iban con él sus discípulos y mucho gentío.
Cuando estaba cerca de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda – y un gentío considerable de la ciudad la acompañaba.
Al verla el Señor, le dio lástima y le dijo:
-No llores.
Se acercó al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
-¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y Jesús se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos, daban gloria a Dios, diciendo:
-Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo.
La noticia del hecho se divulgó por toda la comarca y por Judea entera.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura tomada de Pablo a los corintios, nos presenta una analogía, un símil, una comparación entre el misterio de la Iglesia y el cuerpo humano. Y afirmará san Pablo: “Que el cuerpo, así como tiene muchos miembros y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, forman un solo cuerpo, así también es el misterio del cuerpo místico de Cristo, que está formado por muchos miembros y todos sienten el dolor, y podríamos decir también la salud de cualquiera de sus miembros”. Pero a renglón seguido afirmará: “Que este cuerpo místico, conformado por millones de personas, en él hay una jerarquización de carismas, de talentos, de funciones, de misiones por realizar”. Y les da el primerísimo lugar a aquellos que son apóstoles, el segundo término a los profetas, el tercero a los maestros, el cuarto a aquellos que hacen milagros, el quinto a los que realizan curaciones, el sexto lugar lo da a aquellos que ejercen funciones de gobierno y al final coloca la diversidad de lenguas.
Hoy reconoce en tu vida cuáles son los carismas, los dones, los talentos, las cualidades que Dios ha otorgado a tu vida, y como te he dicho en otras ocasiones, estos carismas no son simplemente como bolas en árbol navideño de adorno. No, estos carismas son para edificar tu vida, pero sobre todo para edificar la vida de la comunidad: tu comunidad conyugal o matrimonial, tu pareja, la comunidad familiar, tus seres queridos, la comunidad cristiana en la parroquia, en el movimiento apostólico. Se trata que desde tu don de escucha, el talento de la paciencia, del consejo, la prudencia, el buscar la unidad y la integración entre todos, tú reconozcas que ese don, esa cualidad o talento, Dios te la ha dado en función de construir un mejor matrimonio, una mejor familia, una mejor comunidad cristiana.
Es que no somos todos superdotados en talentos, Dios distribuye de una manera justa que no alcanzamos a entender plenamente y quizás lo que a ti te falta en tolerancia, en comprensión, lo tiene tu pareja, tu hermano, alguien en la comunidad parroquial y esa persona con su ejemplo y con el ejercicio de su carisma, te edifica, te ilumina el camino, suaviza tu temperamento, te enriquece humana y espiritualmente. Es la razón de ser de la comunidad, por eso no está bien que estemos solos, porque nos perdemos de la riqueza de carismas, talentos y dones que otros tienen y que a nosotros directamente nos enriquecen y benefician.
Pero pasemos a meditar el evangelio de hoy, tomado del capítulo 7 de san Lucas, donde encontramos uno de los tres episodios en que Jesús resucita, rehabilita a un fallecido, a un muerto. No hablamos de Lázaro, hermano de Marta y María en Betania, no hablamos de la hija de Jairo el jefe de la sinagoga, sino que hablamos de una pobre mujer viuda que a su único hijo lo llevaba a enterrar en el pequeño pueblecito de Naín. Nos dice que Jesús se compadece, experimenta un movimiento en su corazón, en su vientre y siente compasión por esta mujer y la primera palabra que salen de los labios del Hijo de Dios es: “No llores”. Cuando nos acercamos al sufrimiento de otro y le decimos, no llores, no te preocupes, en el fondo es porque padecemos con el otro, sentimos el dolor del otro, nos hacemos solidarios con su sufrimiento, no somos indiferentes o egoístas y por eso de ahí la palabra compasión, compadecer, esto es, padecer, sentir el dolor del otro.
Pero Jesús no se queda solo en la palabra, el decirle no llores al decírselo a la mujer viuda, enseguida se acerca al grupo de personas que acompañaban en el cofre funerario o ataúd al joven, al chico que había fallecido, el hijo único de esta mujer viuda. Y nos dice que en un gesto corporal y venciendo las leyes de ritualidad judía que no permitían que se tocara el cadáver o el cajón donde estaba un difunto, so pena de quedar, de incurrir en impureza ritual y religiosa, Jesús se acerca y toca el ataúd, se acerca y al muchacho enseguida le dice una palabra llena de fuerza: “Levántate”. El paralítico recordamos en un pasaje evangélico anterior, también es exhortado con esta palabra, levántate. El tullido de su brazo paralizado también es exhortado por la misma palabra, levántate, en la hija de Jairo también se utiliza la misma expresión, y ahora con el hijo de la viuda de Naín, es una expresión profundamente sanadora, liberadora, resucitadora. De hecho, en los evangelios en el antiguo testamento, aparece 114 veces la palabra ¡Levántate!, que en distintos contextos nos habla desde superar estados emocionales, de depresión, de dejar atrás la vieja vida y empezar el camino nuevo de seguimiento de Jesús, hasta recuperarnos de una dolencia y hasta el colmo de recuperar la propia vida. Y aunque estas resurrecciones son imperfectas, porque tanto Lázaro como la hija de Jairo y el hijo de la viuda de Naín vuelven a morir, y solo en Jesucristo la resurrección es perfecta y Él no volverá a morir después de su Resurrección, es un anticipo de la obra portentosa y maravillosa que por la fe Jesús puede realizar en nuestra vida.
Jesús restaura no solamente al joven fallecido, sino también que restaura a su madre, le devuelve la esperanza, el entusiasmo por la vida, las ganas de vivir, los sueños que se habían destruido, la fuerza interior que había desaparecido, las ganas de salir adelante, todo es restaurado con esta palabra potente de Jesús: ¡Levántate!
Hoy, cuando tú escuchas esta expresión tan profundamente pascual y resucitadora, siente que el Señor te dice, la vida no es para los caídos a ejemplo del ciego de nacimiento al borde de un camino sentado, tendremos que escuchar esa expresión: “Levántate que el Maestro te llama”. Y hoy en tu vida, en la condición existencial y concreta, en el día y la hora en que escuchas este evangelio, siente que el Señor te habla con fuerza a tu corazón y te dice: ¡Levántate, no te quiero desanimada, no te quiero caído, no te quiero en la depresión, el abatimiento, no te quiero disminuido por las pruebas de la vida, el peso de la existencia, no te quiero muerto en vida!, que es uno de los grandes distintivos de nuestra generación, donde teniéndolo todo desde el punto de vista de comodidad, bienestar y tecnología, parece que nos falta todo desde el punto de vista afectivo, espiritual y existencial.
Hoy no te quedes en el hijo fallecido de la viuda de Naín, tú eres ese hijo, esa hija, y hoy el Señor te dice: ¡Ánimo, ponte en pie, levántate, vence los miedos, hoy puede ser el inicio de una nueva vida, de una nueva etapa, de un nuevo comienzo en tu existencia, basta con que me dejes entrar en tu vida y haré un milagro en tu existencia y serás una persona nueva, distinta, restaurada! Levántate, levántate. No coloques tu apoyo en los hombres, no pongas tu seguridad en el dinero, no te confíes demasiado en tu vigor, en tus fuerzas físicas y en tu salud, coloca toda tu confianza y toda tu esperanza solo en Mí. Levántate más allá de ese divorcio, levántate más allá de esa pérdida de empleo, levántate más allá de ese diagnóstico de salud negativo, levántate más allá de la traición o la ingratitud que has descubierto esta mañana o anoche mismo, levántate porque el destino del hombre, del creyente, es el de vivir erguidos, llenos de fe, de esperanza y de amor, no caídos, no derrumbados, no rotos y estallados, así nos quiere satanás, pero Dios en Jesucristo nos quiere hombres y mujeres nuevos, levantados, erguidos, caminantes y atentos a la nueva vida que sólo Jesús nos puede dar.
Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.