¡No te desanimes para hacer el bien!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 4, 38-44 Lectura del día de hoy De la carta del apóstol san Pablo a los colosenses 1,1-8: Pablo, apóstol de Cristo Jesús por designio de Dios, y el hermano Timoteo al pueblo santo que vive en Colosas, de hermanos fieles a Cristo. Os deseamos la gracia y la paz de Dios nuestro Padre. En nuestras oraciones damos siempre gracias por vosotros a Dios Padre de nuestro Señor Jesucristo, desde que nos enteramos de vuestra fe en Cristo Jesús y del amor que tenéis a todo el pueblo santo. Os anima a esto la esperanza de lo que Dios os tiene reservado en los cielos, que ya conocisteis cuando llegó hasta vosotros por primera vez la buena noticia, el mensaje de la verdad. Esta se sigue propagando y dando fruto en el mundo entero, como ha ocurrido entre vosotros desde el día en que lo escuchasteis y comprendisteis de verdad lo generoso que es Dios. Fue Epafra quien os lo enseñó, nuestro querido compañero de servicio, auxiliar fiel que Cristo nos ha dado. Él ahora nos ha hecho ver el profundo amor que sentís por nosotros. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 51,10.11: Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás. Pero yo, como verde olivo, en la casa de Dios, confío en la misericordia de Dios, por siempre jamás. Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás. Te daré siempre gracias porque has actuado; proclamaré delante de tus fieles: «Tu nombre es bueno». Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás. Evangelio del día de hoy Del Santo Evangelio según san Lucas 4,38-44: En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella. Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose enseguida, se puso a servirles. Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera, se los llevaban; y Él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando. De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban: -Tú eres el Hijo de Dios. Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que Él era el Mesías. Al hacerse de día, salió a un lugar solitario. La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. Pero él les dijo: -También a los otros pueblos tengo que anunciarles el Reino de Dios, para eso me han enviado. Y predicaba en las sinagogas de Judea. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Miércoles 6 de septiembre. El evangelio de san Lucas tomado hoy del capítulo 4, versículos 38 y siguientes, nos presenta lo que podríamos llamar, un día típico en la vida y en el ministerio público de Jesús. Nos habla de que sale de la sinagoga donde enseña, se dirige a la casa de la suegra de Simón Pedro (su apóstol), y la cura más allá de la fiebre que padecía, y luego ella, después de sanada, se pone al servicio de Jesús y los que estaban en casa. Descubramos palabras y si se quieren verbos claves en la vida del Hijo de Dios, y aprendamos que 2000 años después, nosotros cristianos, hombres y mujeres creyentes, también podemos evidenciar en nuestro mundo, en nuestra sociedad, y practicar estos verbos como lo hizo Jesús testimoniando, la llegada del reino de los cielos a la humanidad. El primer verbo, Jesús cura, curar. Cree en el poder sanador más allá de tus manos, por la oración de intercesión que haces por los tuyos. La única oración ineficaz es aquella que no se hace; por eso, confíate al Señor cuando ores por un enfermo, y esa oración de intercesión si la quieres acompañar con imposición de manos y crees que puedes comunicar la fuerza del Espíritu Santo como bautizado o consagrado, lo alcanzarás. Pero hay un segundo verbo ya no es sólo curar, es exorcizar. Jesús libera del mal a muchos que gritaban y que se sentían esclavizados por demonios y por expresiones del mal en sus propias vidas. Hoy decimos de manera coloquial de una persona cuando se levanta en la mañana malhumorada o contesta de manera agresiva y violenta, decimos que “amaneció con el diablo adentro”. No es simplemente una expresión coloquial, en el fondo reconocemos la acción del mal que llena de soberbia, de amargura, de odio, de resentimiento, de envidia, de tantas pasiones oscuras y negativas en la vida, llenan el alma humana. Exorcicemos y clamemos al Señor para que nuestra palabra también actúe de manera fuerte, sobre personas que sentimos que el mal trabaja en sus almas. Un tercer verbo es orar. Jesús va a lugares desiertos, se aparta de la multitud y entra en intimidad, en amistad profunda, en amor de comunión con el Padre de los cielos. Ese es el secreto para su fortaleza espiritual, esa es la clave para el temple de su carácter y para no dejarse abrumar por el mal que ha encontrado en su vida. Hoy cuando sientes que la vida te pesa, ora, cuando haya días difíciles, ora, cuando sientas que tus relaciones de familia no funcionan, ora, cuando te sientas desbordado por el desánimo, la enfermedad, la desesperanza, la depresión, ora. Jesús lo hacía cada día, normalmente en la noche, en espacios de soledad, de intimidad, y casi siempre a cielo abierto, en descampado (e imaginamos ese cielo, ese firmamento de la Judea hace 2000 años), un verdadero salpullido de estrellas, un firmamento increíble, maravilloso, y si se quiere mágico. Pero además de curar uno, exorcizar dos, orar tres. Jesús comparte el verbo compartir con la gente que le buscaba ansiosamente para escuchar su Palabra, para que sean atendidas sus necesidades y para ser curados de sus dolencias. Jesús es solamente un solitario para entrar en intimidad de amor con el Padre de los cielos, pero su vida fue siempre un compartir con todos, sin distinguir clases sociales y, por el contrario, atendiendo de manera privilegiada a los sufrientes, a los excluidos, a los llamados pequeños de la sociedad. Finalmente, podríamos hablar de un quinto verbo en la vida de Jesús y es anunciar el Reino, y hoy se nos pide a nosotros también anunciar. La vida puede ser distinta, cuando se está con Dios hay un gozo indescriptible, cuando se está con Dios hay una paz interior profunda, cuando se vive en Dios hay una fortaleza que no es de nosotros, sino que nos viene de lo alto. Por eso hay que anunciar la vida nueva, la vida de justicia, la vida de paz, la vida de alegría, la vida de fortaleza, la vida de esperanza, la vida de amor que sólo nos viene de abrir el corazón al Espíritu de Cristo Resucitado. Cinco verbos: curar uno, exorcizar dos, orar tres, compartir la vida cuatro, anunciar el reino cinco; y nunca lo olvides, que nada ni nadie retenga el don recibido de Dios y que debes de compartir con los demás para hacer el bien. Que no te angustie el mal del mundo, que te angustie cuando los buenos de esta tierra se desanimen y dejen de hacer el bien. Tú, en tu libertad preocúpate, no dejes de ser luz, no dejes de ser testimonio de esperanza para aquellos que comparten la vida contigo. Que el Señor te bendiga en abundancia, en tu familia, en tu trabajo, en las personas con las que hoy vas a compartir, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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