¡El destino final!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-02T19:22:55Z | |
| dc.date.available | 2025-10-02T19:22:55Z | |
| dc.date.issued | 2025-09-28 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡El destino final! La primera lectura tomada del profeta Amós (el llamado profeta de la justicia social), que clama por el pobre y sus necesidades, denuncia y dice de aquellos que viven en la opulencia: “Ay de aquellas personas que se sienten seguras, se acuestan en lechos de marfil, se apoltronan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo, tartamudean como insensatos, e inventan como David instrumentos musicales. Beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites, pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José”. Y lanza una seria advertencia contra aquellos que, ensoberbecidos en su vida cómoda y rica, miran con desdén y dan la espalda al dolor de su pueblo. Y dirá: “Por eso irán al desierto y al destierro, a la cabeza de los deportados y se acabará la orgía de los disolutos”. En esa misma línea, la segunda lectura, tomada del apóstol Pablo a Timoteo, nos habla de la actitud no del hombre pagano que vive de cara al mundo, sino del hombre de Dios y le invita: “Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos”. Tanto la primera como la segunda lectura nos preparan para entender la inmensa parábola de Jesús que da a los suyos, especialmente a los fariseos, cuando habla “del hombre rico que banqueteaba espléndidamente y del pobre mendigo, sentado en el quicio de la puerta de su casa”, (y que la tradición ha llamado la parábola del rico Epulón, sin que se diga su nombre, simplemente se le coloca la nominación de Epulón, porque significa el que banquetea, el que come espléndidamente. Pero al pobre si se le da un nombre concreto, Lázaro). De esta parábola eterna, sabia y universal, aprendamos lecciones para nuestra vida. La primera, la muerte, es el destino universal que iguala al rico y al pobre. En efecto, en la parábola se detalla cómo el rico más allá de su riqueza y el pobre más allá de su sufrimiento y su penuria, al final, los dos mueren. Nadie puede sustraerse a esta realidad y nadie puede decir esta enseñanza evangélica y esta parábola magistral no me incumbe, porque yo no voy a morir. No es verdad. Todos somos mortales, todos estamos sometidos al imperio de la muerte y todos esperamos la resurrección definitiva de nuestra alma espiritual, por obra de la salvación obrada en la persona divina de Jesús. Pero hay una segunda enseñanza, y es que más allá del misterio y del tabú de la muerte, a todos nos espera un juicio, después de este acontecimiento puntual que pone término a nuestra vida. El juicio puede ser de salvación, de gozo, de alegría, como es el caso del mendigo Lázaro, o puede ser un juicio de condenación, de dolor en el fuego del averno, como es el caso del rico que la tradición ha llamado Epulón, aunque así no lo diga explícitamente la parábola. Hoy pregúntate ¿si vale la pena vivir con egoísmo?, ¿vivir esclavo del trabajo?, ¿de cuidar la riqueza y los bienes, sabiendo que pones en juego la salvación de tu alma? ¿Acaso no te das cuenta de que tu vida tiene un término, un final, y que tendremos que dar cuentas en el tribunal de Dios y que esa sentencia será de salvación, gozo con Abrahán en el seno de él, o de dolor, de condenación en el infierno, la ausencia de Dios en nuestra vida? Piénsalo. Pero luego viene una tercera enseñanza, y es que hay un cruce infranqueable, imposible de cruzar entre el mundo de los salvados y el mundo de los condenados. Y la parábola de forma alegórica, de manera metafórica, nos presenta al rico mirando a la distancia, pero sin poder franquear, al parecer, un lugar al que no puede acceder al cielo, la salvación. Mirar la alegría del pobre mendigo Lázaro y mirar su propio sufrimiento, donde la sed, el fuego, el calor, el vacío de la vida lo carcome como cuando un cadáver es carcomido por los gusanos. Viene un cuarto momento y es la súplica del rico que pide la intercesión a Lázaro para que baje al mundo de los vivos y avise a su familia, a su padre, a sus hermanos, que efectivamente, no todo acaba con la muerte, que habrá un juicio de condenación o de salvación, que habrá un juicio de alegría o de sufrimiento eternos y que él debe de alertar a los suyos para que cambien su vida, corrijan su indiferencia, ablanden su corazón endurecido y por eso pide que sea Lázaro el que vaya a avisar a su familia que deben de cambiar su vida para no perder la salvación eterna del alma y llegar a este espacio de condenación y de sufrimiento infinito. Sin embargo, el Padre de los Cielos dirá al rico de la parábola: “Tienen el mensaje y la enseñanza de la ley mosaica y el mensaje de los profetas, que los escuchen, y ellos si atienden la ley de Moisés y el mensaje profético entenderán que la vida debe ser justicia, equidad e igualdad para todos. Que escuchen ese mensaje”. Sin embargo, el pobre, desdichado, rico de la parábola que hemos llamado en la tradición Epulón, insiste desesperadamente y dirá: “No, padre Abrahán, mira la realidad de mi padre en la tierra de mis hermanos, que vaya Lázaro y les hable, los exhorte y así se arrepentirán de su vida endurecida, de su corazón indiferente frente a los demás”. Pero al final Abrahán le dirá en la imagen de “el primer salvado o el gran salvado”, le dirá: “Si no escuchan la ley dada por Moisés, ni el mensaje dado por los profetas, no se convertirán, ni aunque resucite un muerto”. Y es que esta imagen de Lázaro resucitado en la vida eterna es un anticipo, una prefiguración de la resurrección eterna obrada por Cristo y que todos esperamos alcanzar si llevamos una vida de justicia, de servicio, de donación a los demás. Y por el contrario, no nos cerramos con egoísmo y con indiferencia ante la vida, la necesidad, el dolor de los otros. Qué parábola magistral la que nos trae este capítulo 16 de san Lucas, y como nosotros tenemos que meditar en el destino final de nuestra vida para que no nos sorprenda la muerte “con los pantalones abajo, desnudos” y digamos tal vez ya es tarde porque habremos sido juzgados. Recuerda que mientras estemos en la vida, mientras estemos vivos, podremos convertir nuestro corazón. Pero una vez hayamos muerto ya nada habrá que hacer, sólo clamar la misericordia de Dios, que nos mire con compasión. Pero qué alerta, qué advertencia tan importante la que nos hace esta parábola: “En vida hermano, en vida hermana que me escuchas, cambia tu vida para que el día de la muerte no sea el llanto y el rechinar de dientes”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 16, 19-31 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Amós 6, 1a.4-7: Esto dice el Señor todopoderoso: Ay de los que se fían de Sión, confían en el monte de Samaría. Os acostáis en lechos de marfil, tumbados sobre las camas, coméis los carneros del rebaño y las terneras del establo; canturreáis al son del arpa, inventáis, como David, instrumentos musicales, bebéis vinos generosos, os ungís con los mejores perfumes, y no os doléis de los desastres de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los cautivos. Se acabó la orgía de los disolutos. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (146)145, 7.8-9a.9bc-10: Alaba, alma mía, al Señor. Él mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos. Alaba, alma mía, al Señor. El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos. Alaba, alma mía, al Señor. Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad. Alaba, alma mía, al Señor. Segunda Lectura: 1Tm 6, 11-16: Hermano, siervo de Dios: Practica la justicia, la religión, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesión ante muchos testigos. Y ahora, en presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. A él honor e imperio eterno. Amén. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 16, 19-31: En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: -Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico, pero nadie se lo daba. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico y lo enterraron. Y estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán y a Lázaro en su seno, y gritó: -Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. Pero Abrahán le contestó: -Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida y Lázaro a su vez males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros. El rico insistió: -Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento. Abrahán le dice: -Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. El rico contestó: -No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: -Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1073 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/1e7SeFk8jfa1FQKriHHFaQsbzI39fwQS0/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Condenación | |
| dc.subject | Destino universal | |
| dc.subject | Eternidad | |
| dc.subject | Juicio | |
| dc.subject | Misterio de la muerte | |
| dc.subject | Mundo de los condenados | |
| dc.subject | Mundo de los salvados | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Vida eterna | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡El destino final! | |
| dc.title.alternative | La muerte |
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