¿Ante quién, debes ser importante?
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 9, 30-37
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Si 2,1-13: Prepárate para las pruebas.
Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente, no te asustes en el momento de la prueba; pégate a él, no lo abandones, y al final serás enaltecido. Acepta cuanto te suceda, aguanta enfermedad y pobreza, porque el oro se acrisola en el fuego, y el hombre que Dios ama, en el horno de la pobreza. Confía en Dios, que él te ayudará; espera en él, y te allanará el camino.
Los que teméis al Señor, esperad en su misericordia, y no os apartéis, para no caer; los que teméis al Señor, confiad en él, que no retendrá vuestro salario hasta mañana; los que teméis al Señor, esperad bienes, gozo perpetuo y salvación; los que teméis al Señor, amadlo, y él iluminará vuestros corazones.
Fijaos en las generaciones pretéritas: ¿quién confió en el Señor y quedó defraudado?; ¿quién esperó en él y quedó abandonado?; ¿quién gritó a él y no fue escuchado? Porque el Señor es clemente y misericordioso, perdona el pecado y salva del peligro.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo del día de Hoy:
Salmo 37(36), 3-4.18-19.27-28.39-40:
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Confía en el Señor y haz el bien,
habita tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón.
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
El Señor vela por los días de los buenos,
y su herencia durará siempre;
no se agostarán en tiempo de sequía,
en tiempo de hambre se saciarán.
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Apártate del mal y haz el bien,
y siempre tendrás una casa;
porque el Señor ama la justicia
y no abandona a sus fieles.
Los inicuos son exterminados,
la estirpe de los malvados se extinguirá.
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
El Señor es quien salva a los justos,
él es su alcázar en el peligro;
el Señor los protege y los libra,
los libra de los malvados
y los salva porque se acogen a él.
Encomienda tu camino al Señor, y él actuará.
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 9, 30-37:
El Hijo del Hombre va a ser entregado. Quien quiere ser el primero, que sea el último de todos.
En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía:
-«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará.»
Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle. Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
-«¿De qué discutíais por el camino?»
Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
-«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos.»
Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
-«El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado.»
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El maravilloso libro del Eclesiástico, cuya lectura meditada no dudo en recomendar, nos presenta en el capítulo 2 maravillosas lecciones de vida, sobre todo en aquellos tiempos de turbación, de prueba y de sufrimiento personal y prolongado. Empieza el libro del Eclesiástico diciéndonos: “Si te acercas a servir a Dios, prepárate para la prueba y permanece firme en ser recto y justo en el temor, en el respeto a Dios”. Continua su reflexión indicándonos: “Que no podremos ser verdaderos servidores de Dios si no enderezamos el corazón, si no nos mantenemos firmes en nuestros propósitos y si no sabemos controlar las angustias en tiempos de adversidad”. Es que ahí es cuando se conoce el temple y la grandeza humana y espiritual de un hombre, precisamente en los tiempos de dificultad. Avanzará el texto del Eclesiástico diciéndonos: “Aférrate a Dios y no te separes de Él en tiempos de prueba, para que al final seas enaltecido y todo lo que te sobrevenga en medio de la prueba, acéptalo y sé paciente en aquellas horas de adversidad y de humillación, porque el fuego se prueba sólo en el oro, se purifica, se acrisola; el fuego prueba al oro y lo acrisola a altas temperaturas y los que agradan a Dios sólo son purificados en el horno y en el fuego de las humillaciones”. Pero no nos deja simplemente en una frase tan diciente como dolorosa, sino que nos invita a seguir confiando en Dios, que Él nos ayudará, enderezará nuestros caminos por más que parezcan un túnel sin boca de salida y que aprendamos a esperar en Él. Hermoso este texto.
Continúa diciendo: “Los que respetan y temen la ley de Dios, aguarden en su misericordia, no se desvíen de sus mandatos, no sea que caigan, confíen en Él y no se retrasará su recompensa, la salvación eterna que todos anhelamos, amén de los bienes y las bendiciones en esta tierra”. Y concluirá este capítulo 2 del libro del Eclesiástico, preguntando el autor del mismo ¿quién confió en el Señor y quedó defraudado?, o ¿quién perseveró en sus leyes respetándolas y fue abandonado?, o ¿quién invocó a Dios y fue desatendido? Y afirmará tajantemente: “Dios es compasivo y misericordioso con el atribulado, perdona los pecados del que se arrepiente, salva al hombre en tiempos de desgracia, humillación y tribulación, y protege la vida de aquellos que lo buscan sinceramente”. Si tú has vivido pruebas y te has confiado a Dios totalmente, entenderás el poder, la potencia y la verdad profunda de este capítulo 2 del libro del Eclesiástico, maravillosas lecciones que nos enseñan que el hombre descubre en la prueba de su vida la mano exigente de Dios, que le permite sufrir, pero también la mano misericordiosa y fuerte de Dios que le sostiene, que le fortalece. Y este descubrimiento en tiempos de sufrimiento lleva al hombre a la confianza y a entender que el destino común es unirnos a la experiencia de la Pasión de Jesús para alcanzar gloriosamente la resurrección.
Pero pasemos al evangelio de hoy de Marcos, capítulo 9, cuando Jesús habla y anuncia el sufrimiento, la Pasión que vendrá en el próximo futuro sobre su vida, hace tres anuncios sobre su propia Pasión y Muerte, y luego pregunta a sus discípulos ¿sobre qué discutían en el camino antes de llegar a Cafarnaúm? Ellos, en discusiones muy humanas, los discípulos de Jesús se preguntaban ¿quién sería el más importante cuando Jesús fuera reconocido como Rey, como Mesías, como el más grande de todos?, ¿qué puesto ocuparían ellos? Y Jesús, de manera sabia y tajante les dirá: “Que ser importante no es ocupar puestos de honor, sino ser los primeros en servir con la humildad de un niño que se siente pequeño. Si no hay servicio humilde en la vida, servicio abnegado, servicio discreto por los demás, no podemos ser importantes”. Pero concluirá algo que me parece a mí todavía de mayor calado para esta reflexión, y es que: “La gran importancia nuestra no es frente a los hombres, sino que la gran importancia nuestra es frente a Dios”. Los hombres y mujeres de todas las generaciones vamos y venimos, tenemos aciertos y equivocaciones, tenemos miradas a veces objetivas y muchas veces subjetivas y por tanto injustas. Recuerda una frase que me ha gustado repetir: “Tú no vales lo que valgas ante la mirada de los hombres, seres falibles, finitos, enfermizos, equívocos, cambiantes, volátiles y al final mortales. Tú vales lo que vales ante Dios, el que es eternamente, el que es para siempre”. No le des, pues, tanta importancia a ser importante frente a los demás, a buscar reconocimientos humanos, muy a propósito de que vivimos en los tiempos de las redes digitales, buscamos afanosa y casi que, de manera esclavizante, el like, el me gusta la suscripción, no te hagas esclavo de nadie, ese no es el camino, no te importe tanto los respetos humanos que no dejan de ser discutibles y relativos. Que te importe lo que Dios piensa de ti y que seas solo importante para Él.
Pero concluiré diciendo, que más allá de la afirmación de Jesús cuando habla de tener corazón de niños y simple para acogerlo a Él y de ser servidores, los primeros en servir para ser importantes ante Dios, me pregunto hoy en el siglo XXI, ¿cuál es el gran servicio a la humanidad?, ¿cuál será el gran servicio que tú puedes prestar a tus hijos, a tus sobrinos, a tus nietos, a tus amigos, a tus cercanos, a los necesitados? Alguien podría decir, el mayor servicio es dar dinero, educación a mis hijos, gusto y lujos a la familia, viajes y comida abundante, vivienda bonita. Y yo te diré, todo eso es un servicio importante, pero no me equivoco en lo que te voy a decir y escúchalo con atención: el mayor, el más grande servicio que hoy precisamente hoy puedes dar a la humanidad, es dar a Dios, entregar a Dios, infundir a Dios, presentar a Dios, sembrar a Dios en el alma de una sociedad secularizada, laicizada, una sociedad que, merced a la tecnología y el materialismo y el bienestar, hoy se descubre incapaz y torpe para entender de valores trascendentes, de un ser supremo, de una realidad que nos supera, que es sólo benévola, bella, bondadosa, buena, amorosa. Si hoy algo puedes hacer por un ser querido, por cualquiera, es sembrarle a Dios, porque darle dinero, invertir en educación, darle salud a alguien es muy importante; pero más importante y dejarás a una persona preparada para toda la vida y todo el viaje y la aventura de su existencia, la dejarás preparados para siempre si tú mueres, si infundes el amor de Dios, la vida de Dios, la semilla divina en esta persona. Lo más grande que yo he recibido de mis padres, él en el cielo, mi madre en la tierra es la fe religiosa que han infundido en mí desde pequeño, más allá del amor de familia, más allá de la educación, más allá de sus consejos, siento que esta fe religiosa ha sido el gran equipaje, permítanme la expresión, la más potente arma para el viaje de mi vida, que me ha sostenido de manera definitiva en todas las pruebas sorteadas.
Hoy piénsalo, reflexiónalo, lo más grande por tu hijo, por tu esposa, tu esposo, por tus padres, no es darles cosas del mundo, lujos o gustos del mundo, dale a Dios a esos que amas, infúndeles a Dios y créeme, les habrás dado todo, todo para sus vidas.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.