¡Dichoso el que se apiada y presta!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Juan 12, 24-26 Lectura del día de hoy De la segunda carta del Apóstol San Pablo 2Co 9,6-10: Al que da de buena gana, lo ama Dios. Hermanos: El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará. Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios. Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas. Como dice la Escritura: «Reparte limosna a los pobres, su justicia es constante, sin falta.» El que proporciona semilla para sembrar y pan para comer os proporcionará y aumentará la semilla, y multiplicará la cosecha de vuestra justicia. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (112) 111,1 -2.5-6.7-8.9: Dichoso el que se apiada y presta. Dichoso quien teme al Señor y ama de corazón sus mandatos. Su linaje será poderoso en la tierra, la descendencia del justo será bendita. Dichoso el que se apiada y presta. Dichoso el que se apiada y presta, y administra rectamente sus asuntos. El justo jamás vacilará, su recuerdo será perpetuo. Dichoso el que se apiada y presta. No temerá las malas noticias, su corazón está firme en el Señor. Su corazón está seguro, sin temor, hasta que vea derrotados a sus enemigos. Dichoso el que se apiada y presta. Reparte limosna a los pobres; su caridad es constante, sin falta, y alzará la frente con dignidad. Dichoso el que se apiada y presta. Evangelio del día de hoy Del Santo Evangelio, según San Juan, Jn 12, 24-26: A quien me sirva, el Padre lo premiará. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Os aseguro que, si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios, nos presenta tres bellas enseñanzas. La primera de ellas, la ley universal de la retribución. En efecto, afirmará: “El que en la vida siembra tacañamente, tacañamente cosechará”, y en sentido contrario dirá: “El que en la vida siembre generosamente, generosamente cosechará”. A veces nos preguntamos, ¿por qué la vida nos ha tratado de tal o cual manera?, pero no hacemos una lectura sabia y sincera, de nuestra historia, y tal vez la manera en que sembramos con tacañería, con limitaciones, con cálculos humanos, no nos ha permitido una cosecha generosa. Créeme la verdad que te enuncio, porque mucho no hemos asumido y entendido en la vida, ella nos devuelve lo que nosotros le hemos dado. Por eso la justicia de Dios no es solamente en la vida eterna, sino en esta vida terrenal, y preocúpate de obrar el bien, de ser recta persona con una conciencia limpia, y tendrás bendiciones abundantes del Señor. Y he aquí que hay una segunda enseñanza de esa primera lectura cuando dice: “Cada uno sea generoso y dé a los demás como haya decidido su conciencia, no lo haga con disgusto, con dolor, con rabia, ni por compromiso; porque aquel que da de buena gana, aquel que es generoso por amor y por un buen corazón, Dios lo ama. Qué expresión tan bella y tan afortunada, cuando puedes decir en tu vida, Dios no me ama lo suficiente, ¿cuál es el camino para que Dios me ame?, encuentras aquí una bella receta o sabiduría de vida: “Da generosamente, no por compromiso, sé una persona solidaria, no con disgusto, comparte con los demás por un buen corazón y la vida te lo devolverá”. Y es aquí donde encontramos la tercera enseñanza en esta primera lectura de Pablo a los corintios, cuando afirmará: “Dios tiene poder para colmar al hombre de toda clase de favores, de modo que teniendo siempre lo suficiente, les sobre para obras buenas”. Créeme que la generosidad que tú tengas con los demás, Dios te la devolverá multiplicada, como dice otro pasaje evangélico: “Quien renuncie o relativice los amores de familia y el apego a los bienes materiales, recibirá cien veces más el céntuplo, (aclara), eso sí, con persecuciones, recibirá cien veces más en esta vida y además, la vida eterna”. Por eso el bello salmo responsorial de hoy, nos invita a repetir como asamblea celebrante: “Dichoso el que se apiada, el que es misericordioso y presta”. Nunca te arrepientas de haber sido un buen ser humano con otros, aunque de momento te paguen con ingratitud, hazlo por amor a Dios, y créeme que Dios paga mejor, mucho mejor de lo que pagan los hombres. Pero pasemos al evangelio de hoy, y en una línea de evangelios precedentes, nos presenta hoy el evangelio de Juan, una declaración solemne de Jesús, que, sirviéndose de una imagen cotidiana de su tiempo, los cultivos de trigo, afirmará al ver la planta ya madura: “Si el grano de trigo no cae en tierra y muere cuando ya ha cumplido su ciclo, queda infecundo; pero, por el contrario, si muere, da mucho fruto”. Esta expresión preciosa que todos hemos escuchado, atiende fundamentalmente a esa dinámica pascual, detallada tan explícitamente por el evangelista san Juan, de muerte, vida, hay que morir a nosotros mismos, para vivir la plenitud de la vida con Dios. Esto no lo entiende fácilmente un hombre, una mujer desde la pura racionalidad humana o desde las lógicas del mundo, pero es sabiduría pura y dura del evangelio, que mientras más pronto la aprendamos, mejor viviremos, aunque muchas personas nos puedan juzgar de locos. Entregar la vida, morir cada día en el servicio, en la donación, en el sacrificio por los demás para dar frutos, en nuevas plantas, en una nueva forma de vida. Ratificando esta expresión encontramos un segundo momento del evangelio de hoy, cuando afirmará san Juan poniendo en labios de Jesús la expresión: “El que se ama a sí mismo, se pierde, y sólo aquel que se relativiza a sí mismo en este mundo, se guarda para la vida eterna”. Un poco lo que hemos visto en otros evangelios, en la versión de san Mateo: “Guardar la vida es perderla y entregar la vida, gastarla, donarla, en servicio amoroso por los demás, es alcanzar el sentido más alto de la existencia y trasegar en ese laberinto maravilloso de la vida divina, del corazón mismo de Dios”. Concluirá el evangelio afirmando, una expresión lapidaria que nos pone a todos a pensar: “El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor, y a quien me sirva, el Padre lo premiará”. Todos, en el fondo, en mayor o menor medida, esperamos el premio de Dios, y el camino es claro, servir donándonos, aunque ello implique cruz, para recibir la gloria de Dios, no de los hombres, y se hace esa precisión, porque muchas veces hacemos acciones nobles, buscando el aplauso humano, el reconocimiento de los demás, que es una verdadera necedad, una auténtica tontería. Los aplausos humanos van y vienen y no dejan de ser reconocimientos de hombres y mujeres de barro como tú, lo único importante es lo que hacemos para la mayor gloria y honra de Dios, y hagamos todo como nos dirá las lecturas bíblicas del Miércoles de Ceniza: “Haz todo, no para ser honrado por los hombres que ya han recibido su recompensa, háganlo todo para ser honrados por Dios”, y esto se hace con rectitud de intención y en lo secreto del corazón. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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