¡Diez reglas de oro del Matrimonio!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 10, 2-16 Lecturas de Hoy Primera Lectura: Gn 2, 18-24 En aquel día, dijo el Señor Dios: “No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle a alguien como él, para que lo ayude”. Entonces el Señor Dios formó de la tierra todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y los llevó ante Adán para que les pusiera nombre y así todo ser viviente tuviera el nombre puesto por Adán. Así, pues, Adán les puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no hubo ningún ser semejante a Adán para ayudarlo. Entonces el Señor Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, y mientras dormía, le sacó una costilla y cerró la carne sobre el lugar vacío. Y de la costilla que le había sacado al hombre, Dios formó una mujer. Se la llevó al hombre y éste exclamó: “Ésta sí es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada mujer, porque ha sido formada del hombre”. Por eso el hombre abandonará a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer y serán los dos una sola cosa. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy Salmo 126/127, 1-2. 3. 4-5. 6 Dichoso el que teme al Señor. Dichoso el que teme al Señor y sigue sus caminos: comerá del fruto de su trabajo, será dichoso, le irá bien. Dichoso el que teme al Señor. Su mujer, como vid fecunda, en medio de su casa; sus hijos, como renuevos de olivo, alrededor de tu mesa. Dichoso el que teme al Señor. Esta es la bendición del hombre que teme al Señor: “Que el Señor te bendiga desde Sión, que veas la prosperidad de Jerusalén todos los días de tu vida”. Dichoso el que teme al Señor. Que veas a los hijos de tus hijos. ¡Paz a Israel! Dichoso el que teme al Señor. Segunda Lectura Heb 2, 8-11 Hermanos: Es verdad que ahora todavía no vemos el universo entero sometido al hombre; pero sí vemos ya al que por un momento Dios hizo inferior a los ángeles, a Jesús, que por haber sufrido la muerte, está coronado de gloria y honor. Así, por la gracia de Dios, la muerte que él sufrió redunda en bien de todos. En efecto, el creador y Señor de todas las cosas quiere que todos sus hijos tengan parte en su gloria. Por eso convenía que Dios consumara en la perfección, mediante el sufrimiento, a Jesucristo, autor y guía de nuestra salvación. El santificador y los santificados tienen la misma condición humana. Por eso no se avergüenza de llamar hermanos a los hombres. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy Mc 10, 2-16 En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?” Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”. Después de esto, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo. Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”. Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El matrimonio como institución es tan antigua como el hombre, anterior a las religiones, a las legislaciones, a las culturas, el matrimonio hace parte de la ley natural, inscrita desde siempre en el corazón humano, que lleva a que el hombre y la mujer de manera espontánea, busquen entrar en unidad de carne, en atención a la mutua donación y a la procreación de los hijos. Este estado ideal de vida, fundamento de la familia y de la sociedad, hoy tiene grandes exigencias, la cultura moderna cuestiona lo que por siglos y podríamos decir por miles de años, ha sido visto con tanta naturalidad. ¿Pero qué hacer para superar las dificultades, los problemas que la vida moderna presenta en la relación de pareja? Presentemos algunas líneas o reglas, que pueden ayudarnos en nuestro diario vivir matrimonial. La primera, el matrimonio sacramento, es la bendición de Dios entendida, como la gracia divina que te capacita para vivir los grandes valores de la convivencia de una manera más plena y de una manera más profunda, la fidelidad, la donación, el perdón, la entrega recíproca, la capacidad de servicio del uno al otro. Cuando hay conciencia del sacramento, cuando hay conciencia de la vida divina dentro de cada uno de nosotros, se permite que la vida de pareja sea más llevadera. Segunda regla, el amor al otro es más importante que el amor al dinero. Lo decimos muy a propósito de que no pocas parejas hoy se acercan al sacerdote y dicen: “Queremos casarnos”, y a la pregunta del sacerdote, ¿se sienten preparados?, ellos responden: “Sí, los dos trabajamos, cada uno tiene su carro y estamos pagando el apartamento o la casa entre los dos”. Se habla de bienes económicos, pero a veces no se habla del amor humano, como que si la sociedad conyugal fuera una sociedad comercial o sociedad de bienes y no una sociedad de vida y de amor. Por eso hoy tomemos conciencia, los bienes se necesitan, pero si no hay amor, no hay donación en la relación conyugal, ella sencillamente fracasa. En una tercera regla de oro, reconozcamos la importancia de la comunicación existencial, antes que funcional. Vivimos en un mundo sobreinformado, con personas poco formadas. Sabemos del clima, sabemos de política, sabemos de farándula, de moda, de fútbol, sabemos del cambio climático, pero a veces poco sabemos de nuestra pareja, de sus tristezas, las preocupaciones de su hoy, las angustias que le acompañan, los sueños y esperanzas que tiene, porque nuestra comunicación se ha vuelto funcional, atender a los requerimientos del banco, el crédito hipotecario, pagar los servicios públicos, ir a la reunión de la niña, de la hija en el colegio y demás. Pero esa comunicación existencial se ha perdido, olvidando que la comunicación más efectiva es la comunicación afectiva y que debemos de vez en cuando escucharnos con el corazón y con más frecuencia apagar el televisor, el teléfono móvil o celular, el computador, para sentarnos a conversar con tranquilidad en el plano de la pareja. En una cuarta regla descubramos, que hay que tener diplomacia vaticana con la familia política, esto es, con la familia de tu cónyuge. Nunca le hables mal a tu pareja de sus padres, de sus hermanos, no hables mal, en definitiva, de tus suegros y de tus cuñados, porque olvidas que tu pareja está en el sánduche entre tu persona y el amor a su primera familia. Aprende también a no tener demasiado cerca a la familia política, porque probablemente se meterán en tu vida matrimonial y habrá dificultades. Aprende también a no comparar tus padres, tus hermanos, con los padres y hermanos de tu pareja. Cuídate también en las reuniones sociales, de cumpleaños, de día de madres, de diciembre, de año nuevo, cuídate, porque a veces el licor y la confianza llevan a conflictos innecesarios en las relaciones de familia. En una quinta regla, no involucres en tus discusiones conyugales a tus hijos, los vas a hacer sufrir. No recientas a tus hijos contra tu pareja, no te victimices, no lleves chismes al trabajo sobre tu pareja, no manipules a tus hijos, a tus seres queridos, esto es mezquino y simplemente ahondará las diferencias de papá y mamá cuando se involucran hijos y sobre todo, son menores de edad que no tienen capacidad de discernimiento sobre los problemas de los papás. En una sexta reflexión encontramos, que hay que reconocer que no te casaste con un ángel, vive con realismo sobre las cualidades y defectos de tu pareja. Reconoce los momentos feos, pero también los momentos lindos que has vivido, y frente a los disgustos que tengas con tu pareja, claro, habla, pero hazlo con claridad y caridad, que es una expresión de madurez. No hables con rabia y recuerda que siempre tiene que estar de por medio la posibilidad del perdón a los conflictos conyugales. En una séptima reflexión sobre la vida matrimonial descubre, que en la cama no se hace el amor, en la cama se celebra el amor. La novedad del amor se construye todos los días cuando hay respeto, cuando hay diálogo, cuando hay donación de nosotros mismos. No pretendas arreglar tu vida conyugal simplemente con la vida de intimidad, yendo a un motel, buscando películas, utensilios en tiendas de adultos y demás. No busques la fiebre en las sábanas, sino en el enfermo, no hay nada más afrodisíaco que el amor como preparación para tu vida de intimidad. En una octava regla reconoce, que enamorarse es fácil, amar cada día es difícil. Nunca olvides lo que cito con frecuencia, la ley universal del desgaste, todo al principio es novedad, luego todo se va volviendo rutina, depende de ti. Un fin de semana sin los hijos, un retiro espiritual, una salida en medio, en mitad de la semana puede ayudar a cambiar las rutinas diarias, a romper esa monotonía del trabajo, de las tensiones económicas, de las luchas en la educación de los hijos. En una novena regla, descubre que lo contrario del amor no es el desamor, sino el egoísmo. El egoísta nunca se sacrifica por nadie, el egoísta no tiene tiempo nada más que para sí mismo, el egoísta es un eterno inmaduro que nunca será feliz, ni tendrá capacidad de hacer feliz a nadie. Por eso, antes de pensar en que la pareja te haga feliz a ti, piensa si tú, con tu donación y tu entrega, tu servicio, tu acompañamiento y tu tiempo, has hecho feliz a tu pareja. En una décima y última regla, recuerda que el fuego no se combate con fuego. Todos somos orgullosos así no lo admitamos, el orgulloso solo ve su verdad, el orgulloso se molesta con todo y paga a veces de una mala manera. Si tu pareja te ofendió, ten la humildad y la apertura para perdonar. Si tu pareja te faltó en una relación de adulterio, no le pagues con la misma moneda, no serás mejor que tu cónyuge. Diez palabras, diez reglas de oro, diez reflexiones, diez caminos para mejorar la vida de pareja y cumplir ese ideal de Jesús, que hombre y mujer sean una sola carne y que el proyecto de Dios siempre se cumpla según su mandato: “Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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