¡Cree en Dios, más allá de la prueba!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 15, 21-28
Lectura del día de hoy
Jr 31, 1-7: Con amor eterno te amé.
En aquel tiempo -oráculo del Señor-, seré el Dios de todas las tribus de Israel, y ellas serán mi pueblo.
Así dice el Señor: -Halló gracia en el desierto el pueblo escapado de la espada; camina Israel a su descanso, el Señor se le apareció de lejos.
Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia.
Todavía te construiré, y serás reconstruida, Doncella de Israel; todavía te adornarás y saldrás con panderos a bailar en corros; todavía plantarás viñas en los montes de Samaría, y los que plantan cosecharán.
«Es de día» gritarán los centinelas en la montaña de Efraín:
Levantaos y marchemos a Sión, al Señor nuestro Dios.
Porque así dice el Señor: -Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el amor de los pueblos; proclamad, alabad y decid:
El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel.
Salmo del día de hoy
Lectura sálmica: Jr 31,10.11-12ab.13: El Señor nos guardará como un pastor a su rebaño.
Escuchad, pueblos, la palabra del Señor,
anunciadla en las islas remotas:
«El que dispersó a Israel lo reunirá,
lo guardará como pastor a su rebaño.»
Porque el Señor redimió a Jacob,
lo rescató de una mano más fuerte.
Vendrán con aclamaciones a la altura de Sión,
afluirán hacia los bienes del Señor.
Entonces se alegrará la doncella en la danza,
gozarán los jóvenes y los viejos;
convertiré su tristeza en gozo,
los alegraré y aliviaré sus penas.
Evangelio del día de hoy
Mt 15, 21-28:
En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle:
-Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.
Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle:
-Atiéndela, que viene detrás gritando.
El les contestó:
-Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió de rodillas:
-Señor, socórreme.
Él le contestó:
-No está bien echar a los perros el pan de los hijos.
Pero ella repuso:
-Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.
Jesús le respondió:
-Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
En aquel momento quedó curada su hija.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Resulta verdaderamente impresionante, el evangelio que nos propone hoy san Mateo en el capítulo 15, cuando nos habla de ese combate de la fe, combate de la oración y de la confianza en Jesús, que libra una mujer cananea, extranjera, si se quiere pagana, frente a Jesús, cuando ella le sale al paso gritándole por su hija, pidiendo intercesión por ella, porque tiene una enfermedad grave y no sabe cómo sanarla.
La primera palabra que dirige esta mujer a Jesús es: “Señor, ten compasión de mí”. En el fondo es la gran expresión que en los distintos evangelios nos muestran, que, a través de la misericordia, de la compasión, encontramos la llave, la gran llave para abrir el corazón de Dios. Así aconteció con numerosos enfermos: ciegos, leprosos, paralíticos, sordomudos, que en el fondo encontraban en clamar, en suplicar a Dios en Jesucristo su compasión, para alcanzar la sanación de sus dolencias, para lograr la curación de sus dolores. Pero no resultó tan fácil en esta mujer cananea, porque ante la palabra que ella proclama frente a Jesús: “Ten compasión de mí, Señor, descendiente del rey David”, encontramos actitudes que nos resultan sorprendentes y que a veces en la vida personal, en la vida de fe y de oración a Dios, pueden darse.
La primera, en ese combate de la fe encontramos a veces el silencio de Dios. De hecho, cuando la mujer clama a Jesús por su hija, nos dice el evangelista san Mateo, que Él no respondió nada. Cuántas veces en tu vida y en la mía, pareciera que el silencio de Dios fuera indiferencia de Dios, que se desentendiera de nuestros asuntos, que no escuchara nuestras súplicas, y es posible que caigamos en desánimos, en desesperanzas y aún en crisis de fe. Pero esto que acontece hoy a nuestra vida, el silencio de Dios, también aconteció a la mujer cananea con el silencio de Jesús; sin embargo, ella y los discípulos que le acompañaban no se desaniman y ellos interceden por la mujer, los discípulos diciéndole a Jesús: “Atiéndela, que viene detrás de nosotros gritando”.
Hoy pide la intercesión de terceros, la intercesión de otros; haz como el Papa Francisco que siempre pide la intercesión del pueblo fiel de Dios, cuando dice: “Recen por mí, oren por mí, no se olviden de tenerme en cuenta en sus plegarias”. El Papa Francisco que para nada es un tonto, pide al pueblo de Dios oración, porque reconoce el poder de la misma y sabe que en la plegaria del pueblo de Dios, él podrá encontrar luz, fortaleza, discernimiento y paz, en su tarea como jefe de la Iglesia Universal. Hoy clama, pide oración de terceros, como los discípulos intercedieron por la mujer cananea diciéndole a Jesús: “Atiéndela, Señor, que viene detrás de ti, gritando”; sin embargo, Jesús, da una respuesta destemplada y lejos de ayudarla dice: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”, (esto es, al pueblo judío). Esto pudo haber desconcertado al más fervoroso seguidor de Jesús, pero esta mujer extranjera no se desanimó, por el contrario, en una actitud de profunda humildad y confianza, se adelanta al paso, se adelanta al caminar de Jesús y sus discípulos, se le atraviesa, se le pone de frente en el camino, se postra ante Jesús, (como quien dice, no te dejo avanzar hasta que no resuelvas el tema de salud de mi hija), y enseguida clama a Él para que su hija pueda sanar. Ante la súplica de la mujer, cuando Jesús le dice: “No está bien echar el pan de los amos a los perros” (como se les llamaba a los paganos en la época, una expresión que nos suena supremamente fuerte y destemplada), la mujer, con profunda humildad le dice a Jesús: “También los perritos pueden comer de las migajas de pan, que caen de la mesa de los amos”. Aunque no soy judía, aunque soy extranjera, aunque soy una mujer de Canaán, cananea, también soy un sencillo perrito que puede recoger las migajas de bendiciones que tú das a los hombres, las migajas de salvación que puedes entregar a los no judíos. Es en este momento, cuando ese combate de la fe logra su victoria, cuando la mujer por su humildad, por su confianza y sobre todo por su perseverancia, alcanza lo impensable de Jesús, y Él, el Hijo de Dios se quebranta en su alma y literalmente exclama con admiración de esta mujer cananea: “Qué grande es tu fe, que se cumpla lo que deseas”. Nos dice el evangelista san Mateo, que en aquel momento quedó curada, quedó sanada la hija de la mujer cananea.
Este combate de la oración y de la fe, es modélico, es paradigmático, es ejemplarizante, para que tú y yo, frente al silencio de Dios, frente a respuestas a veces destempladas o adversidades, lejos de desanimarnos, por el contrario, perseveremos y clamemos al Señor con toda la fuerza de nuestro corazón: ¡Jesús, ten compasión de mí, Señor!, y Él, que mira lo profundo de tu corazón, no te abandona y tendrá compasión de tu vida.
Que el Señor que es rico en misericordia, bendiga tu día, bendiga tu familia y tu trabajo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.