¡Fuego!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-23T18:15:34Z | |
| dc.date.available | 2025-10-23T18:15:34Z | |
| dc.date.issued | 2025-10-23 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Fuego! En la línea de lecturas precedentes escuchamos en la primera lectura la Carta de Pablo a los Romanos en el capítulo 6, cuando exhorta a esta comunidad en la capital del imperio y les dice: “Lo mismo que antes ustedes ofrecieron los miembros de su cuerpo y su inteligencia, su voluntad, a la impureza y a la maldad, y eran esclavos de vicios y ataduras, y obraban el mal. Ahora, renueven sus vidas y ofrezcan su cuerpo, su memoria, su inteligencia, su voluntad a la justicia, para que sean santos. Es que recuerden que cuando eran esclavos del pecado ofrecían, o mejor, producían resultados que llevaban a la muerte, situaciones que los avergüenzan y los mortifican ahora”. ¿Quién de nosotros, en una reflexión sincera de su historia personal, no ha mirado que, en años de juventud, quizás con liviandad, con ligereza, con precipitud, obró de acuerdo a su voluntad humana caprichosa, pero no según la voluntad de Dios que busca lo mejor para nosotros? Cuánta gente hoy se arrepiente y pienso en el caso de una chica webcam, que por cinco años prostituyó su cuerpo en redes sociales y luego me dice “me siento avergonzada, me siento humillada, me siento muy mal conmigo misma, porque muchas de esas imágenes en los años en que trabajaba como webcam, prostituyéndome digitalmente, quedaron rodando en el ciberespacio. Y ahora que he construido un proyecto de familia y que espero una hija que viene en camino, me sentiría muy avergonzada de que ella dentro de unos años, en el futuro, viera estas imágenes de su madre, me sentiría muy mal”. Hoy te pregunto, sin ser el caso propio de la chica webcam de la que te estoy hablando, ¿de cuántas situaciones en la vida nos hemos arrepentido y avergonzado?, porque en el fondo, enceguecidos por el pecado, maltratamos personas, maltratamos el cuerpo, ofendimos a Dios, olvidamos que nuestro cuerpo era templo del Espíritu Santo, casa de Dios. Y hoy sentimos pesar y dolor por esta realidad. Pero Pablo, en un mensaje de pura esperanza, nos invita “a sentirnos liberados del pecado y sirviendo a Dios demos frutos de santidad que nos van a llevar a la vida eterna”. Y lanza una frase lapidaria que hoy te pido que grabes a fuego en tu corazón y que nunca olvides. Cuando Pablo en esta primera lectura afirmará: “Que el salario, la recompensa, la paga del pecado, es la muerte”, créeme que es verdad. Cuando después de vivir de manera desordenada, instintiva y de espaldas a Dios, sientes vacío en tu corazón, tristeza en tu alma, ruptura con los demás y ruptura contigo mismo. Estos son claros signos o señales de la muerte espiritual. Hoy millones de personas experimentan ese vacío y buscan llenarlo en falsas compensaciones: en licor, drogas extremas como el fentanilo. Porque es tan grande el vacío de su corazón que no encuentran nada en esta tierra que pueda llenarlos de manera verdadera y plena. Es una realidad en nuestro mundo: “Pero el vacío de nuestro corazón tiene exactamente el tamaño del vacío de Dios que hay en nosotros”. Tu tristeza, tu dolor, en el fondo es ausencia de Dios, ausencia de la vida nueva que Él nos da. No busques ni en la riqueza, ni en la fama, ni en el placer, ni en el aparecer, ni en el conocimiento, ni en ningún ídolo de este mundo. No busques en ningún falso dios de esta tierra darle sentido y plenitud a tu vida, sino solo en Dios. Con razón el salmo primero, salmo litúrgico del día de hoy, nos dice: “Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor, que no sigue el consejo del malvado, ni entra por el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión con los malvados; sino que su gozo y su alegría es la ley del Señor. Ley que medita día y noche”. Y luego hace una promesa: “El hombre justo será como un árbol plantado al borde del río, da fruto a su tiempo, no se marchitan sus hojas. Y toda empresa que emprende tiene buen final”. Pero también nos advierte: “No así el malvado, no así, será paja que arrebata el viento, porque Dios protege el camino del hombre justo. Pero el camino del malvado, del impío, siempre, siempre acaba mal”. Qué impresionante reflexión sapiencial la de este salmo primero. Y ahora pasemos para entender un complejo evangelio de Lucas, capítulo 12, cuando Jesús dice: “He venido a prender fuego a la tierra, y cuánto deseo que ya estuviera ardiendo”. El fuego que Jesús viene a traer es el fuego purificador, la vida nueva que se obtiene por su entrega en la cruz, su Crucifixión, su Muerte y su Resurrección, y que nosotros hacemos actuar en el bautismo. Por eso con razón dice “con un bautismo tengo que ser bautizado y que angustia sufro hasta que se cumpla”. El bautismo en la Iglesia primitiva lo entendían “como el fuego nuevo que Jesús viene a dar a todo hombre, a toda mujer, para purificarlo de su pecado y para hacerlo una persona distinta desde lo más profundo de su ser”. Pero este fuego no todo el mundo lo entiende, de alguna manera este fuego tiene que quemar la soberbia, la altivez de muchos corazones. Tiene que acrisolarnos y purificarnos por dentro. Y se habla de este fuego de alguna manera, “como el fuego que Dios, en su misión purificadora, viene a traer a la tierra al final de la historia, separando el trigo de la paja. Como Jesús vendrá al final a separar los buenos de los malos en ese juicio y separación escatológica al final de los tiempos”. Ese fuego purificador es una fuerza que destruye el dolor del viejo mundo, del viejo hombre, y suscita una nueva realidad, pero no desde afuera, sino desde adentro. Pero esto nos llevará a que unos aceptarán a Jesús en su corazón y otros lo rechazarán en un ámbito tan querido como la propia familia. Unos acogerán la vida nueva de Jesús y otros la rechazarán. Es ahí donde dice Jesús: “De ahora en adelante estarán divididos cinco personas en una casa. Tres contra dos. Dos contra tres. El padre contra el hijo, el hijo contra el padre. La madre contra la hija, la hija contra la madre”. Nadie puede permanecer indiferente ante la vida nueva de Jesús alcanzada por su Pascua, entiéndase por su Pasión, Muerte y Resurrección, que es el fuego que recibimos en el Bautismo que nos hace criaturas nuevas. Hoy Jesús nos dice: “No quiero tibios, no quiero mediocres”. De hecho, recordando un conocido texto del Apocalipsis que afirma: “Porque no eres ni frío, ni caliente, sino tibio; por eso mi boca quiere vomitarte”, la tibieza no le sirve a Jesús. Cuando se trata de renovar nuestra vida, es una decisión radical, ¿lo aceptamos, lo recibimos como nuestro Salvador y Redentor en el corazón y empieza un cambio ontológico profundo y definitivo en nuestra vida? O somos cristianos mediocres, de partida bautismal en una parroquia, cristianos culturales, tal vez de nombre o de tradición, pero no por convicción. Por eso no puede haber la falsa paz de los sepulcros, sino que Jesús viene a confrontar nuestra vida y a que nos definamos. O “apóstoles de Cristo o apóstatas contra Cristo”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 12, 49-53 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Rm 6, 19-23: Ahora, emancipados del pecado, habéis sido hechos esclavos de Dios. Hermanos: Uso un, lenguaje corriente, adaptándome a vuestra debilidad, propia de hombres; quiero decir esto: si antes cedisteis vuestro cuerpo como esclavo a la impureza y la maldad, para que realizase el mal, ponedlo ahora al servicio del Dios libertador, para que os santifiquéis. Cuando erais esclavos del pecado, no pertenecíais al Dios libertador. ¿Qué frutos dabais entonces? Los que ahora consideráis un fracaso, porque acababan en la muerte. Ahora, en cambio, emancipados del pecado y hechos esclavos de Dios, producís frutos que llevan a la santidad y acaban en vida eterna. Porque el pecado paga con muerte, mientras Dios regala vida eterna por medio de Cristo Jesús, Señor nuestro. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 1, 1-2.3.4.6 Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos; ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos, sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón, y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. No así los impíos, no así: serán paja que arrebata el viento, porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 49-53: No he venido a traer paz, sino división. En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1111 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/1n2P7aHjrmljW7IlHD4dxzHhvz9TM-laZ/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Amor de Dios | |
| dc.subject | Conversión | |
| dc.subject | Fuego de Dios | |
| dc.subject | Fuego purificador | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Vida Nueva | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
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| dc.title.alternative | Fuego de Dios |
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