¡Ha llegado el reino de Dios!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-06-12T01:20:18Z
dc.date.available2024-06-12T01:20:18Z
dc.date.issued2024-06-11
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Hoy la Iglesia hace memoria litúrgica de san Bernabé apóstol, y aunque no fue directamente del grupo de los 12, nos dice los textos escriturísticos, que este hombre natural de Chipre y levita, vendió un campo y sus bienes, y el dinero lo dio a los apóstoles, y luego se adhirió como uno de los 70 discípulos luego de Pentecostés, aunque la tradición lo ha considerado como uno de los grandes, uno de los apóstoles junto a san Pablo. De hecho, la primera lectura tomada precisamente del libro de los Actos o Hechos de los Apóstoles, nos presenta a Bernabé, como un hombre bueno, lleno de Espíritu Santo y de fe. Y nos habla como el grupo de los cercanos inspirados por el Espíritu Santo, sienten que él, el Espíritu de Dios les habla y les dice: “Apártenme a Bernabé y a Saulo, para la obra a que los he llamado”. Y continuará el texto de Hechos de los Apóstoles diciendo: “Que después de ayunar y orar, dos prácticas muy comunes entre los cristianos de la Iglesia naciente, imponen las manos consagrando a Pablo y Bernabé y hacen envío misionero de ellos”. Por eso el evangelio de hoy, tomado del capítulo 10 de san Mateo, es el segundo de los llamados cinco discursos que trae este evangelista atribuidos a Jesús. Este segundo discurso, llamado el Discurso Misionero o de envío de los discípulos, muestra más allá del envío general, a proclamar la proximidad del Reino de los cielos, acciones puntuales por parte de los evangelizadores hace 2000 años y hoy también. La primera de ellas, los evangelizadores, entiéndase los apóstoles modernos y los de siempre, son enviados con autoridad, con poder a curar enfermos, limpiar leprosos. Cuánto hoy podríamos nosotros si tenemos una fe profunda, clamar al Espíritu de Dios para que podamos por la imposición de manos, sanar enfermos y mínimamente, mínimamente, orar, orar por ellos. Pero también nos habla de resucitar muertos y sin entenderlo en la literalidad de su expresión, nos habla de levantar al caído. Hoy, en una sociedad de depresivos, de bajos de ánimo, de personas que han perdido el gusto y el sentido por sus vidas, como el evangelizador, por el anuncio de la Palabra de Jesús y de la vida nueva que sólo Cristo puede darnos, puede ser capaz de resucitar esa alma muerta que se encuentra tirada por el mundo, aunque tenga un cuerpo vigoroso, su alma espiritual está enferma o agónica. En una tercera acción encontramos, que Jesús envía a los suyos para que expulsen demonios, para que liberen del mal. Más allá del reconocimiento de que el maligno ha actuado siempre en la historia humana, el evangelizador tú y yo, estamos llamados por el poder de la oración de fe, a liberar a muchas personas de las ataduras, de las esclavitudes, de las adicciones que hoy roban libertad, quitan alegría a sus vidas. En un cuarto momento señalará Jesús hablando de sus discípulos y de nosotros también: “Gratis hemos recibido el don de Dios, debemos darlo gratis”. Es de alguna manera una advertencia para no negociar con la fe, para no traficar con ella. De hecho, uno de los grandes escándalos en el mundo moderno, es cuando las ovejas, el rebaño, el pueblo fiel de Dios, ve en un pastor de almas más el interés económico, que el interés por salvar su alma, por fortalecer la oveja débil, por sanar el cordero herido. Que nunca olvidemos que los dones, la autoridad para perdonar pecados en nombre de Cristo, para consagrar la Eucaristía, esto no es motivo de lucro económico, sino por el contrario, el premio, la recompensa la tendremos en la vida eterna, y que, si gratis hemos recibido este don, démoslo en gratuidad, que Dios no nos faltará con el pan de cada día. En un quinto momento o instrucción que Jesús hace a sus discípulos, los envía ligeros de equipaje. No llevar en el bolsillo oro, plata, no llevar alforja para el camino, dos túnicas, ni sandalias, ni bastón de repuesto; porque dirá Jesús: “Que el obrero que trabaja en el reino de los cielos merece su salario y no le faltará, como lo decimos en la plegaria del Padre nuestro, el pan de cada día, el sustento material”. En un sexto y penúltimo momento o instrucción de Jesús a los suyos, nos invita a ir itinerantes de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, de villorrio en villorrio, de ciudad en ciudad y ser alojados allí, donde las familias de buena voluntad nos acojan. Y en un séptimo momento y final, Jesús envía a los suyos, y en el siglo 21 nos envía a todos como mensajeros de paz. En efecto, dirá Jesús al entrar en una casa: “Salúdenla con la paz, si la casa se lo merece, su paz llegará a ella; si no lo merece, la paz volverá a ustedes”. En un mundo de polarizaciones, de confrontaciones, de insultos en Twitter, (ahora X), en redes sociales en general, en un mundo de rivalidades entre gobernantes, entre sociedades; cuánto bien en el anuncio del Reino de los Cielos, podemos hacer como mensajeros de paz, no sólo con nuestras palabras, sino y, sobre todo, con nuestro testimonio de vida. Curar enfermos, levantar al caído, liberar demonios, conciencia de la gratuidad de los dones que hemos recibido, ir ligeros de equipaje, entrar itinerantes en un pueblo y en otro, y ser mensajeros de paz. Son las siete condiciones que Jesús plantea a los discípulos hace 2000 años y a los discípulos de siempre, para el anuncio de una vida nueva, de unas relaciones distintas, de una forma diferente y revolucionaria de vivir. Si escucháramos a Jesús, si escucháramos a sus enviados, con seguridad que tendríamos una sociedad y un mundo mejor. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 10, 7-13 Lectura del día de hoy Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles 11, 21b-26; 13, 1-3 En aquellos días, gran número creyó y se convirtió al Señor. Llegó noticia a la Iglesia de Jerusalén, y enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor. Más tarde, salió para Tarso, en busca de Saulo; lo encontró y se lo llevó a Antioquía. Durante un año fueron huéspedes de aquella Iglesia e instruyeron a muchos. Fue en Antioquía donde por primera vez llamaron a los discípulos cristianos. En la Iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo. Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: ─«Apártenme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado». Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron. Palabra de Dios». Te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (98) 97, 1. 2-3ab. 3c-4. 5-6 R/. El Señor revela a las naciones su justicia Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas: su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. R/. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. R/. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera; griten, vitoreen, toquen. R/. Tañan la cítara para el Señor, suenen los instrumentos: con clarines y al son de trompetas, aclamen al Rey y Señor. R/. Vayan y hagan discípulos de todos los pueblos ─dice el Señor─; yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Evangelio del día de hoy Lectura del santo Evangelio según San Mateo 10, 7-13 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: ─«Vayan y proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis. No lleven en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. Cuando entren en un pueblo o aldea, averigüen quién hay allí de confianza y quédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar a una casa saluden; si la casa se lo merece, la paz que le desean vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a ustedes». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectCumplir con mi misión
dc.subjectLevantar al caído
dc.subjectMisioneros
dc.subjectOrar con autoridad
dc.subjectReino de Dios
dc.subjectSalud de los enfermos
dc.subjectSer itinerantes proclamando la buena noticia
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Ha llegado el reino de Dios!
dc.title.alternativeMisión de Jesús en tu vida

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