¡Paciencia, Paciencia, Paciencia!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Mateo 13, 24-30
Lectura del día de hoy
Lectura del libro de Jeremías 7, 1-11
Palabra del Señor que recibió Jeremías: «Ponte a la puerta del templo, y grita allí esta palabra: “¡Escucha, Judá, la palabra del Señor, los que entráis por esas puertas para adorar al Señor! Así dice el Señor de los ejércitos, Dios de Israel: Enmendad vuestra conducta y vuestras acciones, y habitaré con vosotros en este lugar. No os creáis seguros con palabras engañosas, repitiendo: `Es el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor.’ Si enmendáis vuestra conducta y vuestras acciones, si juzgáis rectamente entre un hombre y su prójimo, si no explotáis al forastero, al huérfano y a la viuda, si no derramáis sangre inocente en este lugar, si no seguís a dioses extranjeros, para vuestro mal, entonces habitaré con vosotros en este lugar, en la tierra que di a vuestros padres, desde hace tanto tiempo y para siempre. Mirad: Vosotros os fiais de palabras engañosas que no sirven de nada. ¿De modo que robáis, matáis, adulteráis, juráis en falso, quemáis incienso a Baal, seguís a dioses extranjeros y desconocidos, y después entráis a presentaros ante mí en este templo, que lleva mi nombre, y os decís: `Estamos salvos’, para seguir cometiendo esas abominaciones? ¿Creéis que es una cueva de bandidos este templo que lleva mi nombre? Atención, que yo lo he visto.”» Oráculo del Señor. «Palabra de Dios. Te alabamos Señor»
Salmo del día de hoy
Salmo (84) 83, 3. 4. 5-6a y 8a. 11
R/. ¡Qué deseables son tus moradas, Señor de los ejércitos!
Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor, mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. /R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; y la golondrina, un nido donde colocar sus polluelos: tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mío y Dios mío. /R.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre. Dichosos los que encuentran en ti su fuerza; caminan de baluarte en baluarte. /R.
Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa, y prefiero el umbral de la casa de Dios a vivir con los malvados. /R.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo Evangelio según San Mateo 13, 24-30
En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente: «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: “Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?” Él les dijo: “Un enemigo lo ha hecho.” Los criados le preguntaron: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?” Pero él les respondió: “No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: ‘Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero."
Palabra del Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura tomada del libro del profeta Jeremías, advierte al pueblo de Dios que no es solamente tener un lugar santo, el gran templo de Jerusalén, para que ellos puedan obtener la gracia, la protección y el cuidado de Dios. En efecto, dice: “Aunque estén en el templo, si no enmiendan su conducta y sus acciones, no estarán seguros en este lugar, y los invita, por el contrario, a corregir su conducta, a juzgar rectamente entre un hombre y su prójimo, a no explotar al forastero, al huérfano y a la viuda”, (imágenes de las personas desvalidas en la Biblia). “A no derramar sangre inocente en el lugar santo, a no seguir a dioses extranjeros; sólo entonces Dios habitará en este lugar santo y en la tierra que ha dado a sus antepasados”.
Pero pasemos al evangelio, donde encontramos la parábola, donde Jesús compara el reinar de Dios, la vida de Dios, el actuar de Dios con la semilla buena, el trigo, y la semilla mala, la cizaña. Reconozcamos en la parábola de hoy, siete momentos centrales.
El primero, reconocer que el Reino de los cielos, es como el hombre bueno que siembra la semilla sana y limpia en la tierra, en la finca, en su campo. Pero en un segundo momento dice: “Con astucia infinita mientras el hombre duerme, y en el silencio y la oscuridad de la noche, el enemigo, (hablando en el fondo de satanás), siembra la cizaña, la maleza, la mala semilla y se marcha”. Hasta estas dos primeras acciones se ve cómo el corazón humano, que es la cementera o el terreno, es permeado tanto por el buen obrar de Dios que se siembra en el día, como el mal obrar del maligno, que es sembrado en la noche.
Pero viene un tercer momento, y es cómo va evolucionando, cómo va madurando la semilla buena y también la mala. Empieza a verdear el trigo, se forma la espiga; pero también va creciendo paralelamente la cizaña. Esta es la condición del mundo, y podríamos decir también de la comunidad creyente de la Iglesia, donde trigo y cizaña, buena y mala semilla coexisten juntos.
Pero viene un cuarto momento, cuando los criados, los servidores del dueño de la finca, van a mirar la cosecha, constatan que, si ellos habían sembrado el trigo, la buena semilla, ¿por qué sale también la cizaña?, y el Señor les responde: “Que es un enemigo, es la referencia, satanás, quien lo ha hecho”. Pero viene quizás la parte más interesante de la parábola evangélica, cuando los criados le preguntan al dueño de la viña: ¿Quieres que vayamos a arrancar este cultivo?, en el fondo es una expresión de la impaciencia humana, que al mayor o mejor, al menor asomo de mal, de mala semilla, quiere acabar con la vida. Y la respuesta impresionante del dueño de la viña, del dueño del cultivo, que es Dios, no se deja esperar: “No van a arrancar nada (le dice a sus siervos), no sea que al recoger y arrancar la cizaña puedan arrancar también el trigo bueno”. Es que la cizaña, aunque es pequeña en principio, al ir creciendo se va entrecruzando en sus raíces con la buena semilla y se hace literalmente imposible arrancar del mundo, arrancar de la tierra, arrancar del corazón humano, (entiéndase esto bien), arrancar la mala semilla sin causar daño a la buena semilla de vida eterna que ha germinado en el mundo y entiéndase en el corazón humano. Por eso la respuesta sabia del dueño del cultivo que es Dios: “No van a arrancar la cizaña, déjenlos crecer juntos, déjenlos crecer juntos hasta la hora de la cosecha”.
Hoy a veces nos impresionamos porque Dios permite el mal en el mundo: ¿Dios por qué no acaba con aquellos odiadores llenos de calumnia, de envidia, de odio, de maldad?, ¿por qué no acaba con los malos de esta tierra?, nos hemos preguntado muchas veces, y Él dice: “En el corazón humano están entrelazadas las buenas conductas y también las intenciones dañadas y dañinas, y sólo al final de la vida, en la parusía, llamada parusía, en el juicio final, en la venida segunda y definitiva de Jesús, se hará la separación del trigo y la cizaña”. Y es lo que nos trae precisamente la séptima idea del evangelio de hoy, “Cuando lleguen los segadores, los cosecheros, arranquen primero la cizaña, la aten en grupos de gavillas y la lleven al fuego, y, por el contrario, tomen el trigo, lo almacenen y lo guarden en el granero de su Señor, en el reino de los cielos”.
De esto concluyamos, que el mal necesita ser afrontado, apropiado y transformado por un amor paciente, paciente, paciente; la paciencia que muchas veces no tenemos, esperando la conversión, la renovación, el cambio de vida de una persona. Hoy reconocemos que el bien en el mundo y en el corazón personal, crece fatigosamente, luchando frente a la adversidad y el dolor, la agonía y la muerte que se filtran también en ese corazón por la mala semilla, por la cizaña.
Es que nadie es completamente limpio, nadie es completamente traslúcido, y tenemos que reconocer, que el bien se abre paso en el mundo, batallando, luchando, contendiendo contra el mal, es parte de los designios misteriosos de Dios en la historia, y muy lejos repetimos cuando el hombre con impaciencia dice, que se acaben los malvados, que los maten a todos, que una bomba los destruya, el Señor dice: “También caerán muchos buenos, caerán también muchos justos, por eso esperemos sólo hasta el final de la vida, el momento de la cosecha, y entonces el mal será arrancado y quemado en el fuego eterno, y el bien será tomado, almacenado en las bodegas del cielo de la vida eterna con Dios”.
Señor, dame paciencia con las equivocaciones de los demás, esperando su conversión, y, sobre todo, dame paciencia, mucha paciencia con mis propias incoherencias, esperando también mi propia conversión personal. Que no me escandalice, que no me desesperance, que no me desanime por el mal que encuentro en mi vida, que, si el Señor tiene paciencia conmigo, yo que soy una criatura, ¿por qué no voy a tener esta paciencia?
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.