¡Levántate!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 7, 11-17
Lectura del día de hoy
Lectura de la carta a los Hebreos (7, 25–8,6):
Jesús puede salvar definitivamente a los que por medio de él se acercan a Dios, porque vive siempre para interceder en su favor. Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores y encumbrado sobre el cielo. Él no necesita ofrecer sacrificios cada día –como los sumos sacerdotes, que ofrecían primero por los propios pecados, después por los del pueblo–, porque lo hizo de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. En efecto, la ley hace a los hombres sumos sacerdotes llenos de debilidades. En cambio, las palabras del juramento, posterior a la ley, consagran al Hijo, perfecto para siempre. Esto es lo principal de toda la exposición: Tenemos un sumo sacerdote tal, que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos y es ministro del santuario y de la tienda verdadera, construida por el Señor y no por hombre. En efecto, todo sumo sacerdote está puesto para ofrecer dones y sacrificios; de ahí la necesidad de que también éste tenga algo que ofrecer. Ahora bien, si estuviera en la tierra, no sería siquiera sacerdote, habiendo otros que ofrecen los dones según la Ley. Estos sacerdotes están al servicio de un esbozo y sombra de las cosas celestes, según el oráculo que recibió Moisés cuando iba a construir la tienda: «Mira –le dijo Dios–, te ajustarás al modelo que te fue mostrado en la montaña.» Mas ahora a él le ha correspondido un ministerio tanto más excelente, cuanto mejor es la alianza de la que es mediador, una alianza basada en promesas mejores.
Palabra de Dios
Salmo del día de hoy
Salmo 40/ 39, 7-8a.8b-9.10.17
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, y, en cambio, me abriste el oído; no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.
«Como está escrito en mi libro, para hacer tu voluntad.» Dios mío, lo quiero, y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación ante la gran asamblea; no he cerrado los labios: Señor, tú lo sabes. R/.
Alégrense y gocen contigo todos los que te buscan; digan siempre: «Grande es el Señor» los que desean tu salvación. R/.
Evangelio del día de hoy
Lectura del santo evangelio según san Marcos (3, 7-12):
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del lago, y lo siguió una muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, de Jerusalén y de Idumea, de la Transjordania, de las cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una lancha, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Cuando lo veían, hasta los espíritus inmundos se postraban ante él, gritando: «Tú eres el Hijo de Dios.»
Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
El cuadro que nos presenta hoy el evangelista Lucas, no puede ser más descriptivo. Una mujer viuda, con lo que significaba la viudez en tiempos de Israel, indefensión, desprotección, y una mujer que acababa de perder a su hijo único quedaba sola y abandonada en la vida. Va en el cortejo fúnebre, en el pequeño poblado de Naín, una procesión de muerte, una imagen de lo que es la vida de todo ser humano, y el término de esta vida, la muerte; pero también otra procesión, llegando allí Jesús con sus discípulos y algunos simpatizantes, una procesión, una marcha, un caminar en vida, en levantar, en resucitar, en redimir al hombre. Nos dice claramente que aquí se encuentran las dos realidades, el misterio y la realidad de la muerte del hombre y también la vida nueva, la resurrección que sólo se nos da en Jesús, y el punto de encuentro es la actitud existencial de Jesús. Nos dice el evangelista san Lucas, que el Señor sintió compasión, que se conmovió en su interior, se movieron sus entrañas, sintió lástima, y le dice a la mujer: “No llores, las lágrimas pueden ser de alegría, pero normalmente salen por el dolor del corazón”.
Hoy es una invitación que Jesús hace a cualquiera que se encuentre muerto en vida, que se siente abatido en su corazón; hoy el Señor perentoriamente te dice, no llores, no sufras, no sigas en esa actitud frente a la compasión que nosotros consintamos en el Señor, por nuestra situación económica, moral, afectiva, de salud, de una depresión interna, de cualquier situación particular; hoy el Señor clama a tu vida, no llores, no sufras.
Se acerca Jesús al mismo fallecido (al chico), cuando no se podía tocar a un muerto porque era causal de impureza ritual, Jesús vence esas leyes humanas ridículas que habían construido las escuelas rabínicas de su tiempo, y simplemente al muchacho le dice: “Levántate” después de tocarlo.
Hoy el Señor se acerca a nuestra humanidad, a nuestra carne agobiada, y nos dice: ¡Levántate! (114 veces aparece en la Biblia especialmente en el Nuevo Testamento la palabra levántate) y siempre es expresión de resurrección, iluminación, liberación, sanación, salvación.
Hoy el Señor nos dice, no te quiero muerto en vida, no te quiero derrotado, no te quiero abatido por las dificultades; te quiero un hombre libre, te quiere un hombre levantado, te quiere un hombre o una mujer cumpliendo el proyecto de mi Padre Dios en tu vida, que los miedos, las angustias no te apabullen, que puedas salir adelante.
Ante la palabra autoritativa de Jesús, nos dice el evangelista Lucas que el chico muerto se incorporó y empezó a hablar, Jesús restituye el chico a su madre, sana esa familia, mitiga ese dolor, conjura ese sufrimiento,
todos sobrecogidos simplemente y es la tercera enseñanza, alaban a Dios diciendo: “Un gran profeta ha surgido entre nosotros, Dios ha visitado a su pueblo”. ¿Cuántas veces en tu vida has dicho, veo la mano de Dios que me acompaña, me sostiene, me bendice, me guía?
Señor, que no tenga miedos que me paralizan, que las adversidades no me apabullen ni me escandalicen, que el sufrimiento no me aplaste, no me aplaste en mis proyectos, y en mis sueños de vida.