¡Agradecido por una vida nueva!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-10-23T15:38:51Z
dc.date.available2025-10-23T15:38:51Z
dc.date.issued2025-10-12
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Agradecido por una vida nueva! La segunda lectura que la liturgia de este día nos propone, tomada de la segunda Carta del apóstol san Pablo a Timoteo en el capítulo 2, nos muestra toda la pasión, todo el fuego que ardía en el alma de Pablo, el apóstol de los gentiles. En efecto, hablará: “Del anuncio del evangelio por el que padece hasta llevar cadenas como un malhechor”, (probablemente estaba encarcelado y encadenado). Pero a renglón seguido dirá: “Si el evangelizador está encarcelado, la Palabra de Dios no lo está ni puede permanecer encadenada”. Y afirmará de sí mismo el apóstol Pablo en la Carta a Timoteo: “Por eso soporto estos sufrimientos por los elegidos de Dios, entiéndase los destinatarios del mensaje de salvación, para que ellos también alcancen la gloria eterna en Cristo Jesús”. Y dirá: “Que es palabra digna de crédito la afirmación y la certeza del misterio y la dinámica de la Pascua, si morimos con Cristo a nuestro pecado, viviremos con Él a una vida nueva”. Los prefacios y las plegarias eucarísticas nos hablan siempre “de que en la cruz Cristo crucificó para siempre nuestro pecado que nos llevaba a la muerte eterna y por su Resurrección nos ha dado la vida eterna”. Pero continuará el apóstol Pablo afirmando: “Si perseveramos creyendo, confiando, poniendo nuestra fe y nuestra esperanza en Cristo, también sabemos que reinaremos con Él. Y por el contrario, si lo negamos a Cristo, también Él nos negará en la vida futura. Y si le somos infieles, Él siempre permanecerá fiel, porque no puede desmentirse, negarse a sí mismo”. Impresionante expresión que nos habla, que, aunque el hombre sea infiel, sea ingrato Dios siempre permanece grato, fiel y leal a las promesas de salvación que ha formulado a la humanidad entera, en primerísimo lugar, al pueblo de Israel. Pero pasemos a la primera lectura, que está muy conectada con el evangelio de hoy, cuando un importante y reconocido general del ejército de Siria, vecino de Judea, Naamán, se ha bañado siete veces en las aguas del río Jordán, según la instrucción precisa del profeta Eliseo, hombre de Dios, que le había dicho “que la única manera de sanar de la dolorosa y humillante lepra que padecía en la piel de su cuerpo era bañarse en las aguas del río Jordán”. Nos dice este segundo Libro de los Reyes que tenemos como primera lectura litúrgica “que la carne del general sirio Naamán se volvió como piel de niño pequeño, una piel tersa, suave, y quedó completamente sanado de su lepra”. Él muy agradecido con su comitiva, regresó a donde estaba el hombre de Dios, el profeta Eliseo, y en un acto de admiración y gratitud le dirá: “Ahora reconozco que no hay en toda la tierra otro dios como el Dios de Eliseo, el Dios de Israel. Y por eso quiero darte un regalo, un presente de parte mía, que soy tu siervo”. Pero Eliseo, que sabía que la obra no era suya sino de Dios, le responde: “Qué viva el Señor a quien sirvo, que no he de aceptar regalos ni presentes de nadie”. Y aunque Naamán, agradecido, insistió, el profeta Eliseo rechazó el regalo porque sabía que lo que había recibido gratis debía darlo gratis y que la obra y el milagro eran de Dios y no de un simple hombre, por más que fuera un reconocido profeta, como era el caso de Eliseo. Pero esta primera lectura nos prepara de manera perfecta para entender el evangelio de Lucas en el capítulo 17, cuando Jesús caminando itinerante, pasaba entre Samaría y Galilea y entrando allí en una ciudad, 10 leprosos se paran a lo lejos y le gritan: ¡Jesús rabino, Jesús Maestro, ten compasión de nosotros! La súplica de cualquier necesitado, la plegaria de cualquier enfermo, de alguna manera la invocación a Dios de un grupo de hombres que se siente con una vida precaria y necesitados de la bendición divina. La respuesta de Jesús no se hace esperar y les dice al grupo de los 10 leprosos: “Vayan a presentarse a los sacerdotes y en el camino quedan curados”. La presentación a los sacerdotes era simplemente el cumplimiento de una ley judía según la cual sólo una autoridad religiosa, los sacerdotes podían certificar la sanación de un leproso y, por tanto, la posibilidad de ser reinsertado en el seno de su familia, en el seno de la sinagoga, la comunidad creyente y en el seno de la sociedad. Tres reinserciones, rehabilitaciones que debía cumplir un leproso. Puesto que, en principio, cuando se descubre la lepra, es excluido de su familia, excluido de la sinagoga, excluido del pueblo, de la sociedad, es marginado y mirado como un maldito de Dios, un hombre que está pagando por sus culpas. Esta certificación del sacerdote era simplemente el cumplimiento del milagro: la curación se había dado. Pero a renglón seguido nos dice el evangelista Lucas: “Que en el grupo de 10 había un extranjero, un no judío, concretamente un samaritano que regresa agradecido con Jesús y mirándolo a Él, lo alaba a grandes gritos y en un gesto de profunda humildad se postra rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias”. Jesús, tan sellado, tan prudente, tan discreto, sintió el dolor por la ingratitud de los otros, que al parecer se sintieron sanados, pero no transformados en su vida profunda y pregunta ¿acaso no han sido sanados 10 leprosos?, ¿dónde están los otros nueve? ¿No ha regresado sino éste, que era un extranjero para agradecer y dar gloria a Dios? Y le dice al final: “Levántate, tu fe te ha salvado”. Hubo un paso significativo en la vida del leproso samaritano sanado, que no tuvieron los nueve leprosos judíos también sanados. Y es que, en este último, el samaritano, además de la curación de la lepra, las llagas, heridas en su piel se da la salvación de su alma. De hecho, Jesús le dice: “Incorpórate, levántate”, una palabra que aparece 116 veces en la Sagrada Escritura en distintos contextos y que nos habla de liberación, salvación, resurrección, tomar ánimo, volver a levantarnos más allá de caídas y sufrimientos. La salvación sólo llegó al leproso samaritano, pero no alcanzó a los nueve leprosos judíos que sólo buscaban de manera utilitarista la curación de su salud. Hoy te pregunto ¿pides a Jesús solamente por tu economía, por tu empleo, por tu matrimonio, por tu salud física, por tu salud emocional? O ¿pides a Dios, clamas a Jesús por la vida nueva que solamente Él nos puede dar y que es el regalo más portentoso, más grande, más prodigioso que nos puede dar por encima de dinero, de empleo, de salud, de atender una necesidad puntual y temporal de nuestra vida? Aprendamos a ser inteligentes como el leproso samaritano, que además de estar profundamente agradecido con Jesús y glorificando a Dios, entendió que lo más grande en su vida no era sanar de unas heridas en su piel, sino que lo más grande en su vida era sanar de las heridas en su alma. Y, sobre todo, no perder la salvación definitiva de su vida. Hoy no te equivoques cuando vayas a la Eucaristía, cuando ores al Señor en el silencio de tu habitación, cuando leas la Palabra clamando a Dios discernimiento y luz para tu vida, acuérdate. Lo más grande que puedes pedir a Dios no es nada de esta tierra que pasa, no es nada de este mundo que es temporal y efímero. Lo más grande que puedes pedir es la salvación eterna de tu alma y que Jesús te pueda decir como al leproso samaritano ¡Levántate, vete, el poder de tu fe te ha dado la salvación! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 17, 11-19 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: 2 Romanos 5, 14-17: En aquellos días, Naamán el sirio bajó y se bañó siete veces en el Jordán, como se lo había mandado Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia de la lepra, como la de un niño. Volvió con su comitiva al hombre de Dios y se le presentó diciendo: -Ahora reconozco que no hay dios en toda la tierra más que el de Israel. Y tú acepta un presente de tu servidor. Contestó Eliseo: -Juro por Dios, a quien sirvo, que no aceptaré nada. Y aunque le insistía, lo rehusó. Naamán dijo: -Entonces, que entreguen a tu servidor una carga de tierra, que pueda llevar un par de mulas; porque en adelante tu servidor no ofrecerá holocaustos ni sacrificios de comunión a otro dios que no sea el Señor. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 97, 1.2-3ab.3cd-4 El Señor revela a las naciones su salvación. Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas; su diestra le ha dado la victoria, su santo brazo. El Señor revela a las naciones su salvación. El Señor da a conocer su victoria, revela a las naciones su justicia: se acordó de su misericordia y su fidelidad en favor de la casa de Israel. El Señor revela a las naciones su salvación. Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios. Aclama al Señor, tierra entera, gritad, vitoread, tocad. El Señor revela a las naciones su salvación. Segunda Lectura: 2 Timoteo 2, 8-13: Querido hermano: Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos, nacido del linaje de David. Este ha sido mi Evangelio, por el que sufro hasta llevar cadenas, como un malhechor. Pero la palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna. Es doctrina segura: si morimos con él, viviremos con él. Si perseveramos, reinaremos con él. Si lo negamos, también él nos negará. Si somos infieles, él permanece fiel, porque no puede negarse a sí mismo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 17, 11-19: En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: Jesús, maestro, ten compasión de nosotros. Al verlos, les dijo: - Id a presentaros a los sacerdotes. Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios? Y le dijo: - Levántate, vete: tu fe te ha salvado. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAlma
dc.subjectAmor
dc.subjectCorazón
dc.subjectExistencia
dc.subjectGran regalo
dc.subjectPrimer lugar
dc.subjectSalvación
dc.subjectSanación
dc.subjectSan Lucas
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dc.subjectEvangelio
dc.title¡Agradecido por una vida nueva!
dc.title.alternativeGratitud

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