¡No te canses!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-10-23T17:07:40Z | |
| dc.date.available | 2025-10-23T17:07:40Z | |
| dc.date.issued | 2025-10-19 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡No te canses! La primera lectura tomada del Libro del Éxodo nos muestra que las guerras, enemistades y discordias del pueblo de Israel no han sido ahora del siglo XXI o de las últimas décadas, sino de toda la vida. De hecho, baste decir que la ciudad de Jerusalén, que significa “Yerushalim” Ciudad de Paz, ha sido atacada más de una veintena de veces a lo largo de más de 3000 años de historia. Esta primera lectura nos muestra una batalla del pueblo de Israel contra Amalec y sus seguidores, su pueblo, los amalecitas. Moisés entiende que esta batalla no se libra solamente con fuerzas humanas, con tropas, sino que necesita la fuerza de Dios. Y hay que clamar a Él en oración continua, confiada y perseverante. Por eso dirá Moisés a Josué: “Que mañana, mientras batallen con los amalecitas, él estará en pie en la cima de la montaña, con el bastón de Dios en la mano”. Y nos dirá este precioso texto de Éxodo 17: “Que mientras Moisés tenía en alto las manos, vencía en la batalla el ejército de Israel. Pero cuando se cansaban sus manos y las bajaba y ya no clamaba a Dios, vencía Amalec al pueblo judío”. Y nos dirá de una manera casi anecdótica y pintoresca “que como a Moisés le pesaban los brazos sus compañeros tomaron una piedra y lo sentaron sobre ella. Y luego Aarón y Hur le sostenían cada uno sus brazos, así los ponían en alto para que Moisés, cansado y viejo, alzando sus brazos a lo alto, al cielo, pudiera alcanzar la bendición y el favor de Dios”. Dice “que así cuando Aarón uno de un lado y Hur del otro, sostenían los brazos en alto de Moisés hasta el caer la tarde, la puesta del sol, Josué logró derrotar a Amalec y a su pueblo a filo de espada”. Puede tener una verdad histórica este texto, pero también una verdad metafórica o alegórica que nos indica cómo las batallas en la vida, en la vida familiar por salvar la unidad del hogar, en la vida matrimonial con el cónyuge, en la vida laboral y en general, en la vida comunitaria y aun personal. Estas batallas hay que librarlas siempre de cara a Dios. ¡Qué bueno!, como en la famosa película cristiana que tuviéramos en nuestra casa un “cuarto de guerra” donde tenemos un crucifijo, una imagen de la Virgen, la Sagrada Biblia, la camándula, una pequeña lamparita eléctrica, un libro de oraciones. Y nosotros allí, frente a ese oratorio, lo constituyamos en un verdadero “cuarto de guerra” cuando hay batallas personales, emocionales, económicas, relacionales, que hay que librar en distintas etapas de la vida, como apoyarnos en el Señor. Con razón el salmo litúrgico de este día, el 120, nos invita a clamar: “Nuestro auxilio es el nombre del Señor que hizo el cielo y la tierra”. Y dirá el salmista de manera casi poética: “Levanto mis ojos a los montes, de donde me vendrá el auxilio. El auxilio me viene sólo del Señor que hizo el cielo y la tierra”. Y continuará el salmista diciendo: “No permitirá el Señor que resbale tu pie, tu guardián no duerme, no duerme ni reposa el guardián de Israel”. Y concluirá diciendo: “El Señor te guarda de todo mal y violencia, Él guarda tu alma. El Señor guarda tus entradas y salidas ahora y por siempre”. Con razón colocaban sendas señales religiosas en sus puertas como un signo de protección frente a la maldad humana y frente a los malos de esta tierra, para ser solo acompañados y sostenidos por la fuerza de Dios. Pero hablemos brevemente de la segunda lectura del apóstol Pablo a Timoteo cuando nos dice: “Que toda Palabra, toda Escritura, es inspirada por Dios y es útil para enseñar a los demás. Para argumentar sobre el poder de Dios. Para corregir cuando estamos equivocados. Para educar en la justicia, en la rectitud en el obrar, a fin de que cada hombre sea hombre de Dios y por tanto, perfecto, y así esté preparado para toda obra buena”. Y concluirá esta segunda lectura invitándonos: “A insistir en proclamar la Palabra de Dios a tiempo y a destiempo, argumentando y exhortando con toda claridad de doctrina y con toda autoridad”. Pero pasemos al evangelio de Lucas, capítulo 18, cuando Jesús, hablando “de la necesidad de orar siempre sin desfallecer”, (como lo muestra Moisés en la primera lectura del Libro del Éxodo). Nos habla “de un juez malvado que no tenía temor de Dios ni le importaba hacer justicia a los hombres. Y ante el clamor de una pobre mujer viuda (símbolo por excelencia de la indefensión humana), le pide al juez que le haga justicia frente a su enemigo. Y aunque el juez se niega en principio, luego se dice a sí mismo, aunque no tengo temor de Dios, ni me importa para nada las causas de la justicia de los hombres, como esta viuda es tan intensa, como esta viuda me está fastidiando, me está molestando, para que no me siga importunando voy a fallar y voy a hacer justicia”. Y concluirá Jesús a partir de esta parábola evangélica sobre la perseverancia en la oración, diciendo: “Si un hombre que es falible, un juez que es injusto hace justicia a sus elegidos, porque claman a él insistentemente. Cuánto más el Padre Dios hará justicia a los suyos, a sus elegidos, cuando de día y de noche oran y piden a Dios que los cuide”. Pero al final deja planteada una tremenda inquietud Jesús afirmando: “Que cuando venga el Hijo del Hombre (esto es, la segunda venida y definitiva de Jesús), ¿todavía encontrará fe en esta tierra?” Hoy nos preguntamos, a propósito de esta acuciante pregunta, de este interrogante existencial, ¿si hoy, en nuestro siglo XXI, viniera Jesús a juzgar a vivos y muertos en la llamada Parusía o segunda venida o venida definitiva, si viniera a juzgarnos a todos, encontraría fe en nuestro corazón? O ¿vivimos al desgaire?, ¿vivimos tan dispersos, tan entretenidos en una vida tan superficial, tan de bienestar y placer, que hemos abandonado la oración, la Eucaristía, la plegaria a María en el Santo Rosario?, ¿la visita a Jesús Sacramentado? ¿Encontrará todavía Jesús fe en nuestro corazón? Cómo la batalla hoy de la Iglesia es sobre todo frente al mundo digital, que ha copado y ocupado todo nuestro tiempo y nos ha robado el tiempo para las relaciones conyugales de pareja, nos ha quitado el tiempo para las relaciones familiares que ya no nos comunicamos con los hijos, los padres, los hermanos. Nos ha quitado el tiempo para nosotros mismos, reflexionar sobre nuestra historia, sobre nuestra misión en la vida y nos ha quitado el tiempo para Dios, para orar, ir a la Eucaristía, leer la Palabra cada día. Cómo compiten estos evangelios que presentamos en redes sociales desde hace años y agradecemos su audiencia. Cómo compiten cuando me dicen muchas personas, “padre, quiero escuchar el evangelio de cada día, pero me aparecen mil propagandas y como que me entretengo, me arrastran, me seducen y dejo de escuchar la Palabra del Señor porque me coge la tarde para trabajar, para hacer una diligencia en el banco y me entretuve miserablemente mirando videos distractores en Instagram, en TikTok, en YouTube y al final quería utilizar las redes para enriquecerme espiritualmente, para alimentarme de la Palabra, y me distraje, me dispersé, me desconecté de Dios. La tecnología y tantos mensajes roban mi tiempo de cada día para estar con Dios”. Qué no decir cuando muchas personas dicen “no voy a la Misa presencial, pero tengo la misa virtual o digital”. Pero allí no puedes comulgar presencialmente el Pan de vida, allí no puedes abrazar a tu hermano, imagen de Cristo. Cómo nosotros tal vez hemos abandonado la oración porque el mundo divertido, entretenido de publicidad, de imágenes, de estímulos, de proyectos de aparente felicidad nos entretienen. Y cuando nos dimos cuenta, se nos pasaron las horas, incluso el día, sin haber hecho nada bueno para nosotros mismos, para nuestra familia y menos para alimentarnos de la vida divina que sólo Dios nos puede dar. Piénsalo, para perseverar en la oración necesitas disciplina, hábito y romper un poco con esa atadura, esclavitud moderna y sutil, engañosa por tanto, y mientras más sutil, más peligrosa. Romper con el mundo de los estímulos e imágenes y mensajes en redes sociales que nos han robado el tiempo para estar con Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 18, 1-8 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Éxodo 17, 8-13: Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel. En aquellos días, Amalec vino y atacó a los israelitas en Rafidín. Moisés dijo a Josué: «Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Mañana yo estaré en pie en la cima del monte con el bastón maravilloso en la mano. Hizo Josué lo que le decía Moisés y atacó a Amalec; Moisés, Aarón y Jur subieron a la cima del monte. Mientras Moisés tenía en alto la mano, vencía Israel; mientras la tenía bajada, vencía Amalec. Y como le pesaban las manos, sus compañeros tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentase, Aarón y Jur le sostenían los brazos, uno a cada lado. Así sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su tropa, a filo de espada. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo (121)120, 1-2.3-4.5-6.7-8: El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio?, el auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y salidas, ahora y por siempre. El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. Segunda Lectura: 2Tm 3, 14-4,2: El hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Querido hermano: Permanece en lo que has aprendido y se te ha confiado; sabiendo de quién lo aprendiste, y que de niño conoces la Sagrada Escritura: Ella puede darte la sabiduría que por la fe en Cristo Jesús conduce a la salvación. Toda Escritura inspirada por Dios es también útil para enseñar, para reprender, para corregir, para educar en la virtud: así el hombre de Dios estará perfectamente equipado para toda obra buena. Ante Dios y ante Cristo Jesús, que ha de juzgar a vivos y muertos, te conjuro por su venida en majestad: proclama la Palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda comprensión y pedagogía. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8: En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: -Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor respondió: -Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche? ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | https://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1107 | |
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| dc.subject | Auxilio del Señor | |
| dc.subject | Batallas de la vida | |
| dc.subject | Dios cuida | |
| dc.subject | Dios protege | |
| dc.subject | Dios salva | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡No te canses! | |
| dc.title.alternative | No te rindas |
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