¡Estamos enfermos!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-04-23T15:52:21Z
dc.date.available2024-04-23T15:52:21Z
dc.date.issued2023-07-07
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Leemos precisamente el texto del llamamiento de Jesús a Leví o a Mateo, que sentado al mostrador de los impuestos, es convocado por Jesús con una sencilla expresión: “Sígueme”, la respuesta del evangelista en ese momento un pecador no puede ser más rápida, acogiendo a Jesús en su casa, invitándolo a una comida, y alrededor de otros pecadores y publicanos de alguna manera reconocemos como Jesús no estigmatiza, ni pone rótulos a las personas. Igual está con el puro como con el impuro, con el santo como con el pecador, con el justo como con el injusto; son los hombres los que colocan rótulos, condenas y censuras a la conducta de Jesús. De hecho encontramos como los fariseos que se sentían de mejor condición religiosa, humana y espiritual que los demás de su tiempo, censuran y dicen a los discípulos de Jesús: “¿Cómo es que su Maestro se sienta a la mesa?”, (y sentarse a la mesa era compartir la vida); ¿cómo comparte la vida con publicanos y pecadores? Que no nos escandalicemos, porque vemos a un buen ser humano que busca acercar el pecador a Dios, que no nos las demos de puritanos, de ser personas de mejores familias, y condenemos a otro ser humano porque simplemente tiene amistad o comparte la vida con un pecador reconocido. ¿Quién nos ha nombrado jueces de los demás? cuando juzgamos caemos exactamente en la misma conducta de los fariseos de hace 20 siglos. Pero quizás lo más interesante de este evangelio, es la respuesta que da Jesús a aquellos que criticaban su actitud de comer con gente indeseable y sospechosa; Jesús no puede ser más luminoso en esta doble respuesta cuando afirma: “No tiene necesidad de médico los sanos, sino los enfermos”. Enfermos somos todos queridos amigos, enfermos físicamente porque nadie se sustrae al misterio de la enfermedad en su vida, y somos enfermos síquicos y enfermos espirituales por el pecado del que nadie tampoco se puede sustraer. Quizás una de las más grandes o la mayor enfermedad del hombre de nuestro tiempo, es que él no se siente enfermo; de la misma manera que la mayor ceguera de un ciego es no sentirse tal, no sentirse ciego. Hoy el ser humano no se siente enfermo en el alma, por eso no busca de Dios, cree que su vida es perfecta, que no hay nada más que pueda aspirar en el mundo, y va descubriendo un secreto desencanto en su corazón, porque nada de esta tierra es capaz de llenarle. Pero la segunda expresión de Jesús es igualmente afortunada y dirigida a los fariseos: “Aprendan que quiero misericordia en las relaciones humanas y no meros sacrificios rituales de animales, que no he venido a llamar al hombre justo, sino al pecador”. Y es verdad, el gran amor de Jesús, más allá de su madre, más allá de los discípulos, más allá de los más cercanos, fuimos nosotros, los pecadores, los pobres de corazón, los enfermos del alma por el pecado. Hoy te damos gracias Señor, por ratificar ese amor privilegiado a quienes somos pecadores, y hoy pedimos tu gracia, tu sabiduría y tu bendición que recibimos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 9, 9-13 Lectura del día de hoy Del libro del Genesis 23,1-4.19; 24,1-8.62-67: Sara vivió ciento veintisiete años. Murió Sara en Quiryat Arbá – que es Hebrón – en el país de Canaán, y Abraham hizo duelo por Sara y la lloró. Luego se levantó Abraham de delante de la muerta, y habló a los hijos de Het en estos términos: Yo soy un simple forastero que reside entre vosotros. Dadme una propiedad sepulcral entre vosotros, para retirar y sepultar a mi muerta.» Después Abraham sepultó a su mujer Sara en la cueva del campo de la Makpelá frente a Mambré (es Hebrón), en Canaán. Abraham era ya un viejo entrado en años, y Yahveh había bendecido a Abraham en todo. Abraham dijo al siervo más viejo de su casa y mayordomo de todas sus cosas: «Ea, pon tu mano debajo de mi muslo, que voy a juramentarte por Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo de entre las hijas de los cananeos con los que vivo; sino que irás a mi tierra y a mi patria a tomar mujer para mi hijo Isaac.» Díjole el siervo: «Tal vez no quiera la mujer seguirme a este país. ¿Debo en tal caso volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde saliste?» Díjole Abraham: «Guárdate de llevar allá a mi hijo. Yahveh, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que me tomó de mi casa paterna y de mi patria, y que me habló y me juró, diciendo: «A tu descendencia daré esta tierra», él enviará su Ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quisiere seguirte, no responderás de este juramento que te tomo. En todo caso, no lleves allá a mi hijo.» Entretanto, Isaac había venido del pozo de Lajay Roí, pues habitaba en el país del Négueb. Una tarde había salido Isaac de paseo por el campo, cuando he aquí que al alzar la vista, vio que venían unos camellos. Rebeca a su vez alzó sus ojos y viendo a Isaac, se apeó del camello, y dijo al siervo: «¿Quién es aquel hombre que camina por el campo a nuestro encuentro?» Dijo el siervo: «Es mi señor.» Entonces ella tomó el velo y se cubrió. El siervo contó a Isaac todo lo que había hecho, e Isaac introdujo a Rebeca en la tienda, tomó a Rebeca, que pasó a ser su mujer, y él la amó. Así se consoló Isaac por la pérdida de su madre. Salmo del día de hoy Salmo 105: R. (1a) Yo amo, Señor, tus mandamientos. Demos gracias al Señor, porque es bueno, porque es eterna su misericordia. ¿Quién podrá contar las hazañas del Señor y alabarlo como él merece? R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Dichosos los que cumplen la ley y obran siempre conforme a la justicia. Por el amor que tienes a tu pueblo acuérdate de nosotros, Señor, y sálvanos. R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Sálvanos, Señor, para que veamos la dicha de tus escogidos y nos alegremos y nos gloriemos junto con el pueblo que te pertenece. R. Yo amo, Señor, tus mandamientos. Evangelio del día de hoy Lectura del evangelio según san Mateo 9, 9-13: En aquel tiempo, vio Jesús a un hombre llamado Mateo sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: -Sígueme. El se levantó y lo siguió. Y estando en la mesa en casa de Mateo, muchos publicanos y pecadores, que habían acudido, se sentaron con Jesús y sus discípulos. Los fariseos, al verlo, preguntaron a los discípulos: -¿Cómo es que vuestro maestro come con publicanos y pecadores? Jesús lo oyó y dijo: -No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos. Andad, aprended lo que significa «misericordia quiero y no sacrificios»: que no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAmor a Dios
dc.subjectBuscar a Dios
dc.subjectConducta de los fariseos
dc.subjectCuración del alma
dc.subjectEnfermos en el alma
dc.subjectJesús no estigmatiza
dc.subjectJesús no pone rótulos a las personas
dc.subjectJuzgar
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Estamos enfermos!
dc.title.alternative¡No tienen necesidad de médico los sanos, sino los enfermos!
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