¡En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 3, 16-18
Primera lectura del día de hoy
Éxodo 34, 4b-6.8-9:
En aquellos días, Moisés subió de madrugada al monte Sinaí, como le había mandado el Señor, llevando en la mano las dos tablas de piedra. El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él, proclamando:
-«Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia y lealtad.»
Moisés, al momento, se inclinó y se echó por tierra. Y le dijo:
-«Si he obtenido tu favor, que mi Señor vaya con nosotros, aunque ése es un pueblo de cerviz dura; perdona nuestras culpas y pecados y tómanos como heredad tuya.»
Salmo del día de hoy
Salmo 3, 52.53.54.55.56:
A ti gloria y alabanza por los siglos.
V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
R. a ti gloria y alabanza por los siglos.
V. Bendito tu nombre santo y glorioso. R.
V. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R.
V. Bendito eres sobre el trono de tu reino. R.
V. Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los abismos. R.
V. Bendito eres en la bóveda del cielo. R.
Segunda lectura del día de hoy
2 corintios 13,11-13:
Hermanos: Alegraos, enmendaos, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos mutuamente con el beso ritual. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros.
Evangelio del día de hoy
Lectura del Evangelio de san Juan 3, 16-18:
Dios mandó su Hijo al mundo, para que el mundo se salve por él.
Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
En este domingo la Iglesia celebra la solemnidad de la Santísima Trinidad. Reconocemos que toda nuestra fe es trinitaria, somos bautizados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, somos bendecidos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Toda la Eucaristía desde que se comienza hasta que se finaliza, empezando y terminando por la Trinidad, nos muestra que nuestra fe se apoya en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Pero más allá de decir que el Padre por amor crea, que el Hijo por amor redime, y que el Espíritu Santo por amor santifica, digamos una verdad suprema, el apóstol Juan en una de sus cartas afirmará: “Que el gran misterio de Dios se sintetiza en el amor”. De hecho, en las lecturas de esta domínica, nos hablan del Dios del amor y de la paz, del Dios de la misericordia que es capaz de perdonar toda falta y toda culpa. Hoy reconozcamos siete verdades alrededor del amor de Dios.
La primera, fuiste creado para amar, el amor es la gran misión que el hombre tiene que realizar a lo largo de su vida, el amor es la única realidad que plenifica la vida; no amar en esta tierra, es el gran fracaso del proyecto humano y no tendría sentido vivir de esta manera. Recuerda que al final de la vida lo único importante que hiciste en la vida fue amar, es la única misión que no podemos abandonar, es la gran sabiduría de la vida. Se nos ha dado una madre y un padre, en ellos sentimos amor y para eso nos creó Dios, nos creó para amar y ser amados.
Una segunda verdad, nos descubrimos buscadores eternos del amor de Dios, buscamos el amor de Dios en las cosas del mundo, en ese bienestar que dan las cosas materiales de esta tierra; pero también buscamos el amor en las personas, en la satisfacción que nos da el sentirnos amados de otras personas, y finalmente buscamos eternamente el amor en el yo personal, en la auto gratificación, reconocemos que la paz que buscamos en el mundo, en último término es la paz de Dios; las alegrías que buscamos en el mundo en último término son búsqueda de las alegrías que sólo nos vienen de Dios, la seguridad y fortaleza que buscamos en el mundo, en la salud, en los bienes materiales, en el fondo, es la seguridad y fortaleza que nos viene sólo de Dios. Encontramos, que las alegrías y el amor que buscamos en el mundo, son la búsqueda de las alegrías, y el amor que sólo Dios nos da. Buscadores eternos del amor de Dios en las cosas del mundo, y a veces nos descubrimos incompletos.
Una tercera verdad, somos incapaces para el amor, es un doloroso y progresivo descubrimiento en nuestra vida; a veces sentimos este dolor en la incapacidad para amar a otra persona por nuestro egoísmo, por nuestro resentimiento, por nuestro rencor; y también experimentamos de la persona que amamos su incapacidad para que nos comprenda, su incapacidad para que nos acepte y nos perdone en nuestra realidad concreta. El pecado en último término es ese, la incapacidad para amar y por tanto negación del amor.
Una cuarta verdad sobre el misterio de la Trinidad como amor es ésta, Dios es el amor, es la gran noticia revolucionaria, es el gran descubrimiento que nos presenta san Juan en una de sus cartas: “Dios es la única fuente, el manantial del amor, donde vive Dios vive el amor, y donde vive el amor ahí vive Dios”, a veces no lo reconocemos de manera tan consciente. Esto es muy hermoso y tenemos que reconocer que Él, que Él siempre está donde hay amor en el mundo.
En una quinta verdad descubrimos, que Dios nos amó primero, su amor no se cansa de buscarnos, Él toma siempre la iniciativa, no deja de llamarnos, de buscarnos; toda la historia de salvación nos muestra simplemente que Dios nos amó primero, que es la gran verdad que nos tiene que acompañar, que esto nos tiene que hacer sentir muy emocionados. Dios fuente del amor verdadero porque crea, Jesús amor encarnado que redime, el Espíritu Santo amor en libertad que sopla donde quiere y como quiere.
En un sexto momento, pensemos que hoy en la fiesta, en la solemnidad de la Trinidad, Dios nos invita a dejarnos amar, lo irónico es que hay quien nos ame y de qué manera, el misterio de Dios Trinidad y sin embargo, no nos dejamos amar encerrados en nosotros mismos y con el pecado bajo cualquier circunstancia o rostro que tenga, nos cierra para el amor. Dios te quiere amar en rostros concretos, en manos concretas, en situaciones concretas, déjate amar que vale la pena.
Concluyamos diciendo, que el gran mandato de Dios a través de Jesucristo es, que nos amemos los unos a los otros, que sólo el amor es capaz de plenificarnos, sólo el amor libera, sana, alimenta; sólo el amor vivifica, nos hace sentir que estamos vivos verdaderamente; que nadie tiene amor más grande que aquel que da la vida por sus amigos, y Dios envió a su Hijo para dar la vida por cada uno de nosotros.
Señor, hoy en la solemnidad de la Santísima Trinidad, que entienda el misterio de tu amor divino, amor que no se apaga, amor capaz de plenificar mi vida total. Amén.
Que el Señor te bendiga, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.