¡Darlo todo!

dc.date.accessioned2025-11-25T20:26:03Z
dc.date.available2025-11-25T20:26:03Z
dc.date.issued2025-11-24
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Darlo Todo! Comenzamos la lectura del Libro de Daniel que nos habla de un marco histórico en donde el profeta desarrolla su actividad en un ambiente pagano en medio del exilio babilónico. Y nos presenta este libro una tesis central “que podemos vivir nuestra fe religiosa en el Dios en el que creemos más allá del mundo y las costumbres en las que vivimos, y permanecer fieles, incluyendo las diversidades que podamos encontrar en la cultura dominante”. Es el caso del rey Nabucodonosor, rey de Babilonia, que asedia la ciudad de Jerusalén, destruye la ciudad, se toma los elementos más importantes del templo religioso de Israel, el templo de Jerusalén, y toma cautivos especialmente a los más jóvenes, para que sirvan en su reino. Da la orden a Aspenaz, jefe de eunucos, para que eduque algunos de esos jóvenes judíos perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en inteligencia, en sabiduría y cultos, para que sirvan en el palacio real, incluyendo el aprendizaje de la lengua y la literatura propia de los caldeos. Sin embargo, el profeta Daniel se hizo el propósito personal de no contaminarse con las comidas, con los vinos, los manjares de los caldeos. Y por el contrario, ganándose al capitán de los eunucos, le pidió comer, según la costumbre de los judíos, agua y legumbres. El jefe de los eunucos, sin embargo, ve en Daniel a un hombre bueno, y aunque siente temor por desobedecer las órdenes del rey, sigue el consejo de Daniel, quien le ha asegurado que después de diez días de una dieta más al estilo judío, mire quiénes están más fornidos y más saludables, si los que siguen la comida y la dieta de los caldeos, o aquellos que consumen en fidelidad a la ley de Dios, las legumbres y el agua. Pasan los días, el jefe de los eunucos que manejaban los criados o servidores en el palacio real comprueba después de diez días que tienen mejor aspecto y estaban más robustos aquellos jóvenes que, siguiendo la ley de su Dios, comen de la mesa real. Nos dirá este comienzo del Libro de Daniel “que Dios le concedió a él y a sus amigos inteligencia, comprensión, sabiduría; además del don de interpretar los sueños”. Y nos dirá también “que Daniel se ganará la confianza del rey Nabucodonosor para interpretar dichos sueños y que será más sabio que los magos y adivinos del reino de Babilonia”. Con razón el salmo responsorial de hoy canta: “La gloria y la alabanza a Dios por los siglos”. Canta a “la bendición de su nombre, la gloria en su santo templo, porque Él es el que gobierna el mundo, el Dios verdadero”. Pero pasemos al evangelio de hoy un texto inmortal y eterno donde reconocemos la agudeza psicológica de Jesús quien observaba los comportamientos de los hombres y mujeres de su tiempo. En efecto, nos dirá Lucas “que, alzando los ojos en el templo de Jerusalén y allí donde se encontraba el arca o la alcancía, donde se depositaban las ofrendas para el sustento del culto diario en el gran templo religioso de Israel, observó que algunos hombres adinerados echaban buenos donativos en el llamado tesoro o alcancía del templo. Pero vio de repente que una pobre mujer viuda (signo de la indefensión, de la limitación y la desprotección en el pueblo judío, porque no tenía hombre que la protegiera), se acercó al tesoro, la alcancía del templo y echó dos sencillas monedas”. Jesús dirá a los suyos de manera autoritativa: “En verdad, en verdad les digo que esa mujer viuda y pobre ha echado más que todos los demás, porque éstos han dado donativos al templo de lo que les sobra; pero ella ha dado de lo que tenía para vivir. Ha dado lo único que tenía para sacar adelante su existencia y aun al precio de pasar necesidades”. Esta escena que por simple no deja de ser profunda, nos deja tres grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, la viuda del evangelio, que seguramente está en el cielo, no da de lo que le sobra, sino que da de todo lo que tiene para vivir. Y esta actitud de generosidad, de desprendimiento, es alabada por Jesús y propuesta como un modelo de verdadera caridad para todos nosotros los creyentes. Hoy preguntémonos con sinceridad en nuestro corazón, si cuando hacemos la caridad, cuando entregamos limosna a alguien, cuando damos del diezmo que nos pide la Iglesia y en general, cuando ayudamos a otros ¿primero en nuestro corazón, no hacemos una operación aritmética pensando esto que me sobra, puedo compartirlo con los demás? Pero Jesús nos habla de una actitud más profunda “no dar simplemente de lo que me sobra, de lo que no necesito, no voy a utilizar; sino dar de aquello que voy a necesitar hacia el futuro o que en este momento es importante en mi vida”. Qué difícil es compartir de los bienes que tenemos en nuestra vida cuando pensamos que los necesitamos para nuestra congrua existencia. En el fondo damos con cálculo humano, sabiendo que aquello que entregamos tal vez nos sobra, tal vez nunca lo vamos a necesitar. Y el Señor nos pide una caridad mucho más cualificada, mucho más alta, que no es fácil de alcanzar. Pero hay una segunda enseñanza y es la actitud de esta mujer que al entregar todo lo que tenía para vivir, esas dos moneditas, pone su vida en manos de Dios sin preocuparse ansiosamente por el futuro. Hoy entendamos que tú y yo no podemos dar de aquello que creemos necesitar, si primero no hay un acto de profunda confianza en Dios, de que Él, que cuida los pájaros del cielo y las flores de los campos, también va a cuidar de nosotros. A veces nuestra fe limitada nos impide reconocer la acción de Dios poderosa y prodigiosa que cuando damos un dólar, por un lado, por otro lado, nos llegan 2 dólares. Y creo que quien ha sido generoso en la vida ha sentido precisamente la misericordia de Dios cuando ha sido misericordioso con los demás. El hueco, permíteme la expresión que abres, por un lado, se tapa doblemente por el otro, porque, como nos dicen los textos evangélicos: “Dios en su amor infinito por el hombre no se deja ganar en generosidad frente a la generosidad humana”. No se trata pues, de un acto suicida, un acto irracional de dar de lo que tenemos pensando que mañana vamos a aguantar hambre, a tener necesidad; sino que se trata de un acto de madurez en la fe, de confianza irrestricta en Dios, sabiendo que, aunque parezca que esto que damos hoy lo necesitaremos mañana, Dios no lo sabrá compensar y recompensar abundantemente de maneras y en circunstancias insospechadas. Esta viuda pobre simboliza al pueblo de Dios que lo ha dado todo y que busca sólo su apoyo en Dios, en su Palabra, en su gracia. La vida me ha enseñado que a veces los pobres, teniendo poco dinero, poco para dar, a veces son más generosos que muchas personas que aparentemente tienen más capacidad económica y patrimonial. Quizás su desprendimiento y su confianza en Dios son mayores que las de otros grupos poblacionales que se sienten más asegurados en sus bienes terrenales. Pero habría una tercera enseñanza para nuestra vida. Y es que Jesús no alaba la cantidad, sino la cualidad de la ofrenda dada por la viuda pobre que procede dicha ofrenda de un corazón generoso que sabe entregarlo todo. Hoy pienso en la vida de los santos. Pienso en el patrono de todos los sacerdotes del mundo, el santo Cura de Ars cuando le preguntaban ¿cuál era el secreto para mantenerse alegre en la vida? Y respondía de manera simple: “Mi secreto es darlo todo sin guardarme nada”. Hoy, pensando en esa afirmación de los santos que entendieron el amor y la bendición de Dios en sus vidas, aprendamos a vivir no tan calculadamente, desde lo humano, desde lo material, desde las lógicas del mundo. Aprendamos a vivir con más fe sabiendo, que Dios nos recompensará abundantemente de lo que demos con gran generosidad. Viene a mi memoria aquel texto evangélico que afirma: “Quien deje padre, madre, hijos, hermanos y hermanas, esposa o esposo y bienes materiales por Mí, recibirá 100 veces más centuplicado en esta vida terrenal y además recibirá la vida eterna con Dios”. ¿Le crees al Señor?, ¿crees en sus promesas?, ¿crees que está contigo? Es la hora de probarlo, no con palabras, sino con hechos. Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 21, 1-4 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la profecía de Daniel 1, 1-6.8-20 El año tercero del reinado de Joaquín, rey de Judá, llegó a Jerusalén Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la asedió. El Señor entregó en su poder a Joaquín y todo el ajuar que quedaba en el templo; se los llevó a Senaar, y el ajuar del templo lo metió en el tesoro del templo de su dios. El rey ordenó a Aspenaz, jefe de eunucos, seleccionar algunos israelitas de sangre real y de la nobleza, jóvenes, perfectamente sanos, de buen tipo, bien formados en la sabiduría, cultos e inteligentes, y aptos para servir en el palacio; y ordenó que les enseñasen la lengua y literatura caldeas. Cada día el rey les pasaba una ración de comida y vino de la mesa real. Su educación duraría tres años, al cabo de los cuales pasarían a servir al rey. Entre ellos había unos judíos: Daniel, Ananías, Misael y Azarías. Daniel hizo el propósito de no contaminarse con los manjares y el vino de la mesa real, y pidió al jefe de eunucos que le dispensase de aquella contaminación. El jefe de eunucos, movido por Dios, se compadeció de Daniel y le dijo: -Tengo miedo al rey mi señor, que os ha asignado la ración de comida y bebida; si os ve más flacos que vuestros compañeros, me juego la cabeza. Daniel dijo al guardia que el jefe de eunucos había puesto para cuidarle a él y a Ananías, Misael y Azarías: -Haz una prueba diez días con nosotros: que nos den legumbres para comer y agua para beber. Compara después nuestro aspecto con el de los jóvenes que comen de la mesa real, y trátanos según el resultado. Él aceptó la propuesta e hizo la prueba durante diez días. Al acabar, tenían mejor aspecto y estaban más gordos que los jóvenes que comían de la mesa real. Así que les retiró la ración de comida y de vino, y les dio legumbres. Dios les concedió a los cuatro un conocimiento profundo de todos los libros de la sabiduría. Daniel sabía, además, interpretar visiones y sueños. Al cumplirse el plazo señalado por el rey, el jefe de eunucos se los presentó a Nabucodonosor. Después de hablar con ellos, el rey no encontró ninguno como Daniel, Ananías, Misael y Azarías, y los tomó a su servicio. Y en todas las cuestiones y problemas que el rey les proponía, lo hacían diez veces mejor que todos los magos y adivinos de todo el reino. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo Dn 3, 52.53.54.55.56 A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres, A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito tu nombre santo y glorioso. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres en el templo de tu santa gloria. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres sobre el trono de tu reino. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres tú, que, sentado sobre querubines, sondeas los abismos. A ti gloria y alabanza por los siglos. Bendito eres en la bóveda del cielo. A ti gloria y alabanza por los siglos. Evangelio de Hoy: Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 1-4: En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: -Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús
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dc.subjectAmor
dc.subjectBondad
dc.subjectDar lo mejor
dc.subjectGenerisidad
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dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Darlo todo!
dc.title.alternativeServicio

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