¡El pecado contra el Espíritu Santo!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 12, 8-12 Lectura del día de hoy Carta de San Pablo a los Efesios 1,15-23. Hermanos: Me he enterado de su fe en el Señor Jesús y del amor que demuestran a todos los hermanos, por lo cual no dejo de dar gracias por ustedes, ni de recordarlos en mis oraciones, y le pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que les conceda espíritu de sabiduría y de revelación para conocerlo. Le pido que les ilumine la mente para que comprendan cuál es la esperanza que les da su llamamiento, cuán gloriosa y rica es la herencia que Dios da a los que son suyos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para con nosotros, los que confiamos en él, por la eficacia de su fuerza poderosa. Con esta fuerza resucitó a Cristo de entre los muertos y lo hizo sentar a su derecha en el cielo, por encima de todos los ángeles, principados, potestades, virtudes y dominaciones, y por encima de cualquier persona, no sólo del mundo actual, sino también del futuro. Todo lo puso bajo sus pies y a él mismo lo constituyó cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo, y la plenitud del que lo consuma todo en todo. Salmo del día de hoy Salmo 8, 2-3a. 4-5. 6-7 R. (7) ¡Que admirable, Señor, es tu poder! ¡Qué admirable es, Señor y Dios nuestro, tu poder en toda la tierra! Tu grandeza sobrepasa los cielos y hasta los niños de pecho te dan alabanza perfecta. R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos, la luna y las estrellas que has creado, me pregunto: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes; ese pobre ser humano, para que de él te preocupes? R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Sin embargo, lo hiciste un poquito inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos y todo lo sometiste bajo sus pies. R. ¡Qué admirable, Señor, es tu poder! Evangelio del día de hoy Evangelio según San Lucas 12, 8-12. En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo les aseguro que a todo aquel que me reconozca abiertamente ante los hombres, lo reconocerá abiertamente el Hijo del hombre ante los ángeles de Dios; pero a aquel que me niegue ante los hombres, yo lo negaré ante los ángeles de Dios. A todo aquel que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero a aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará. Cuando los lleven a las sinagogas y ante los jueces y autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir, porque el Espíritu Santo les enseñará en aquel momento lo que convenga decir». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura tomada de la carta del apóstol san Pablo a la comunidad de Éfeso, nos habla de cómo el apóstol no deja de dar gracias a Dios por esa querida comunidad de Éfeso, los recuerda siempre en sus oraciones, los recuerda en Jesucristo y en el Padre de la gloria, porque los ha llenado de sabiduría y de revelación, espíritu de revelación, para conocer mejor a Jesús, para iluminar su corazón y para que comprendan la esperanza inmortal a la que han sido llamados, la riqueza de la gloria que se da en herencia a los cristianos y la extraordinaria grandeza del poder de Dios en favor de todos los creyentes, poder que se ha manifestado en Cristo, quien ha sido resucitado por el Padre de los cielos, y sentado a la derecha del mismo. Pero hablemos del evangelio de hoy, que nos presenta tres enseñanzas centrales. La primera nos muestra cómo en el mundo, en nuestra familia, con nuestros amigos, debemos tener el coraje, la autenticidad y la libertad, para declarar nuestra fe a favor de Cristo, lo mismo hará Cristo ante los ángeles de Dios el día de nuestro juicio, el día de nuestra muerte. En efecto afirmará: “Todo aquel que se declare por mí ante los hombres, también el Hijo del Hombre se declarará por él ante los ángeles de Dios”. Pero a renglón seguido nos hace una advertencia: “Si uno de ustedes se avergüenza por cobardía, por comodidad y me niega ante los hombres, (nos advierte Jesús), también será negado su nombre ante los ángeles de Dios”. Hoy lo digo muy a propósito de cierta corriente pseudointelectual, semimoderna, que parece que les da a los hombres un aire de progresía, si se quiere de intelectualidad, hablar mal de la Iglesia, renegar de la fe cristiana, ocultar sus convicciones religiosas en el mundo del trabajo, de los amigos, porque nos parece que no está de moda. Hoy recuerda esta advertencia de Jesús: “Si eres capaz de hablar de su nombre ante los hombres, Él lo hará por ti en el cielo, y si lo niegas, repito, por cobardía o comodidad o conveniencia ante los hombres, Él te negará en el cielo ante los ángeles de Dios”. Pero viene una segunda enseñanza que es profundamente cuestionadora, sobre la que muchos católicos se interrogan. Afirmará en efecto Jesús: “Que todos los pecados podrán ser perdonados, pero aquel que blasfeme contra el Espíritu Santo no se le perdonará”. Ahora la pregunta del millón es ¿cuál es el gran pecado contra el Espíritu Santo?, y la respuesta es simple y de manera pedagógica te la expreso. Cuando tú atribuyes una acción buena de Dios al poder del mal, en el fondo estás desconociendo la acción del Espíritu divino en tu vida, en la vida de otros, en la vida de la humanidad, y por tanto, es una cerrazón máxima del corazón, que aun viendo los milagros de Dios, las curaciones de Dios, los exorcismos de Dios en la persona de Jesucristo, diremos nosotros como los contemporáneos de Jesús, no lo hace con el dedo o por el poder de Dios, sino con el poder de Beelzebú, el príncipe de los demonios. En definitiva, el pecado contra el Espíritu Santo, es la máxima expresión de ceguera espiritual, es la máxima expresión de cerrazón del corazón, de incapacidad de reconocer un Dios que nos trasciende, un Dios que es bondad y que ha colocado hombres y mujeres en esta tierra, para que expandan su reino de amor, de justicia y de paz. Es que es tal la ceguera, la dureza de corazón, la rebeldía y la soberbia de no pocos hombres y mujeres de nuestro tiempo, que como he dicho en otras ocasiones, aunque vieran milagros cada día en la Iglesia, en sus ministros, no creerían y por el contrario, atribuían el milagro, la acción portentosa, la sanación, la liberación, no al poder de Dios, sino a poderes terrenales oscuros y malignos. Qué lo cura, dirían las abuelas: “Palo porque boga, palo porque no boga”, o dirían los abuelos: “Con cara gano yo tirando la moneda, con cara gano yo, pero con sello pierde usted”. Hoy oremos, por esa generación de personas prevenidas, llenas de prejuicios, incapaces de reconocer profetas en su familia, entre los suyos y por el contrario, mirarlo todo con sospecha, con suspicacia y denigrar, porque su orgullo no les permite dar el brazo a torcer y reconocer que hay un Dios bueno que los trasciende y que más allá de los errores que nadie los desconoce que ha habido en la Iglesia, en ella hay un propósito, un proyecto de Dios, para la santificación de toda la humanidad. En una tercera enseñanza, Jesús invita a sus discípulos a la confianza, a la fortaleza, a la parresía, a la libertad interior, y afirmará: “Que cuando sean los discípulos de Él conducidos a las sinagogas ante magistrados y autoridades que los van a juzgar y a condenar, no nos preocupemos de cómo nos vamos a defender, qué argumentos o razones vamos a presentar, porque será Él el que nos defenderá, el Espíritu Santo nos enseñará en aquel justo momento lo que tenemos que decir, lo que tenemos que hablar”. Hoy se nos invita a partir de esta tercera enseñanza, a vencer tantos falsos respetos humanos. A veces caemos en un inmovilismo, caemos en un miedo que nos paraliza, porque frente a los respetos de hombres y de su autoridad que no deja de ser meramente humana y sólo delegada por Dios, nosotros callamos. En efecto, callamos ante tiranías conocidas aquí y allá, callamos ante injusticias claras y palmarias, manifiestas, callamos ante situaciones que no hablan de la caridad, la compasión, el perdón y el amor, y en ese sentido nos volvemos cómplices de realidades dolorosas. Siempre viene a mi memoria la situación de países cercanos a nuestra nación, Colombia, donde se viven dolorosas dictaduras, regímenes de terror, y muchos callan por miedo a enfrentar esos poderes que no dejan de ser cobardes, apoyados en las armas, apoyados en el dinero, y olvidan esos “poderosos”, que cometen injusticias y abominaciones, que ellos, especialmente ellos, tendrán que comparecer ante el juicio de Dios. Señor, que el Espíritu Santo nos asista para hablar cuando debemos hablar, que no callemos cuando debemos declarar y que tengamos la certeza, que, si nosotros no manifestamos ante los hombres por la causa del evangelio, Jesús se manifestará ante el Padre Dios por nuestra propia vida, abogará por ella en el Reino de los Cielos. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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