¡La vida es un carnaval!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 3, 13- 19 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del primer libro de Samuel 24, 3-21 En aquellos días, Saúl, con tres mil soldados de todo Israel, marchó en busca de David y su gente hacia las Peñas de los Rebecos; llegó a unos apriscos de ovejas junto al camino, donde había una cueva, y entró a hacer sus necesidades. David y los suyos estaban en lo más hondo de la cueva, y le dijeron a David sus hombres: -Este es el día del que te dijo el Señor: «Yo te entrego tu enemigo». Haz con él lo que quieras. Pero él les respondió: -¡Dios me libre de hacer eso a mi Señor, el ungido del Señor, extender la mano contra él! Y les prohibió enérgicamente echarse contra Saúl, pero él se levantó sin meter ruido y le cortó a Saúl el borde del manto, aunque más tarde le remordió la conciencia por haberle cortado a Saúl el borde del manto. Cuando Saúl salió de la cueva y siguió su camino, David se levantó, salió de la cueva detrás de Saúl y le gritó: -¡Majestad! Saúl se volvió a ver, y David se postró rostro en tierra rindiéndole vasallaje. Le dijo: -¿Por qué haces caso a lo que dice la gente, que David anda buscando tu ruina? Mira, lo estás viendo hoy con tus propios ojos: el Señor te había puesto en mi poder dentro de la cueva; me dijeron que te matara, pero te respeté y dije que no extendería la mano contra mi señor, porque eres el Ungido del Señor. Padre mío, mira en mi mano el borde de tu manto; si te corté el borde del manto y no te maté, ya ves que mis manos no están manchadas de maldad, ni de traición, ni de ofensa contra ti, mientras que tú me acechas para matarme. Que el Señor sea nuestro juez. Y que él me vengue de ti; que mi mano no se alzará contra ti. Como dice el viejo refrán: «La maldad sale de los malos ... », mi mano no se alzará contra ti. ¿Tras de quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién vas persiguiendo? ¡A un perro muerto, a una pulga! El Señor sea juez y sentencie nuestro pleito, vea y defienda mi causa, librándome de tu mano. Cuando David terminó de decir esto a Saúl, Saúl exclamó: -Pero, ¿es ésta tu voz, David, hijo mío? Luego levantó la voz, llorando, mientras decía a David: -¡Tú eres inocente, y no yo! Porque tú me has pagado con bienes, y yo te he pagado con males; y hoy me has hecho el favor más grande, pues el Señor me entregó a ti y tú no me mataste. Porque si uno encuentra a su enemigo, ¿lo deja marchar por las buenas? ¡El Señor te pague lo que hoy has hecho conmigo! Ahora, mira, sé que tú serás rey y que el reino de Israel se consolidará en tu mano. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 57(56), 2.3-4.6.11 (R.2a) Misericordia, Dios mío, misericordia. Misericordia, Dios mío, misericordia, que mi alma se refugia en ti; me refugio a la sombra de tus alas, mientras pasa la calamidad. Misericordia, Dios mío, misericordia. Invoco al Dios Altísimo, al Dios que hace tanto por mí. Desde el cielo me enviará la salvación, confundirá a los que ansían matarme, enviará su gracia y su lealtad. Misericordia, Dios mío, misericordia. Elévate sobre el cielo, Dios mío, y llene la tierra tu gloria. Por tu bondad que es más grande que los cielos, por tu fidelidad que alcanza a las nubes. Misericordia, Dios mío, misericordia. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 3, 13-19 : Llamó a los que quiso y los hizo sus compañeros. En aquel tiempo, Jesús, mientras subía a la montaña, fue llamando a los que él quiso, y se fueron con él. A doce los hizo sus compañeros, para enviarlos a predicar, con poder para expulsar demonios. Así constituyó el grupo de los Doce: Simón, a quien dio el sobrenombre de Pedro, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, a quienes dio el sobrenombre de Boanerges -Los Truenos-, Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Celotes y Judas Iscariote, que lo entregó. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡La vida es un carnaval! La primera lectura tomada del capítulo 24 del primer Libro de Samuel, que nos habla de las dinastías y las monarquías y en general de la realeza en el pueblo de Dios. Nos señala “como Saúl, movido por unos celos rabiosos contra David, (cuando, como hemos leído en pasajes precedentes), el pueblo espontáneamente decía, Saúl, el rey ha matado a 1000 enemigos, David ha acabado con 10.000”. Esto hace que los celos rabiosos que enceguecen al rey Saúl le lleven a perseguir encarnizadamente con un ejército de 3000 hombres al joven David. Reconocemos que los celos no se dan solamente entre semejantes, entre colegas, entre hermanos, entre pares; sino también de un superior jerárquico con un inferior, como el caso del rey, que era superior, contra un inferior, David, que era sólo un simple servidor del rey. Este es el gran retrato de la condición humana, como lo hemos dicho en reflexiones anteriores, y se da en el mundo de la política, en el mundo de la empresa privada, en el mundo del ejército y las fuerzas armadas, aún en el mismo mundo de la Iglesia. Pero pasa en esta primera lectura algo impensable que nos hace imaginar que la vida es un carnaval, una escena inimaginable. El rey Saúl, en su persecución contra David, entra a lo profundo de una cueva para defecar, para hacer sus necesidades fisiológicas y allí, semidesnudo y vulnerable, no sabe que David y el grupo de fieles amigos que le acompañan armados y atrincherados, coinciden en lo profundo de la cueva. Allí están juntos, perseguidor y perseguidos, y empieza una batalla entre el espíritu humano y el Espíritu de Dios. Los amigos de David lo incitan a matar al rey bajo el argumento de que el rey Saúl se ha vuelto su enemigo, de que Dios lo ha puesto a tiro de sus manos. Pero David incitado, motivado por el Espíritu Santo, iluminado por el Espíritu de Dios, afirmará: “No alargaré mi mano contra el ungido del Señor, nunca tocaré al rey que ha sido designado por Dios”. Y simplemente se consoló con cortar un borde del manto del rey, mientras hacía sus necesidades fisiológicas. Y luego encontramos que, en un acto de humildad, de sinceridad y de bondad, en el discurso de David, le habla al rey y le dice: “Que él es un pobre hombre, es un sencillo perro mudo que nunca va a atentar contra el rey, que lo ha tenido a distancia de la espada para matarlo”. Y le muestra cuando ya ha salido de la cueva que pudo hacerlo, pero que él jamás atentará contra la vida del rey Saúl y que no se reconoce como enemigo del rey. Esto quebranta a Saúl, baja sus prevenciones interiores y le dice: “David, hijo mío, el Señor me había puesto en tus manos, y tú has decidido no matarme. Por eso el Señor Dios te recompense por el favor que hoy me has hecho, y te profetizo que habrás de reinar, y serás un gran rey, un rey sabio en Israel”. Con razón el salmo precioso de este día nos invita a recordar ¡Que sólo clamando la misericordia de Dios podemos esperar la protección divina! Y así acabó la mala leche, los celos rabiosos del rey Saúl contra el joven David. Pero pasemos al evangelio de Marcos en el capítulo 3, cuando nos muestra con un claro tinte vocacional, como Jesús llamó a los que Él quiso, a los discípulos más cercanos, a los que les descubre los mensajes más valiosos de su corazón. Reconocemos en este llamamiento de Jesús que la iniciativa divina parte de Él, que busca los discípulos, que los llama por su nombre, que lo hace de una manera discrecional, llamando a los que Él quiere y los llama para hacerlos sus amigos, para compartir su vida y su misión. Llama a los 12 para que estuvieran con Él. Hoy, dos mil años después, Él sigue llamando personas como el grupo de los 12 para seguir siendo anunciadores, evangelizadores con las palabras, con la vida, con la cruz que cargan, con la entrega diaria de la vida nueva del Señor. Hace dos mil años los llamó para predicar y anunciar el Reino y les da autoridad para expulsar demonios, y sintamos que hoy también, 21 siglos después nos sigue llamando a nosotros para estar con Él, formándonos profundamente en el ser y para enviarnos a una misión, el hacer. Es un llamado personal, es un llamado individual. Nos llama por nuestro nombre. Es un llamado inmerecido, no porque seamos mejores, no porque seamos los más pecadores, sino a través de todo lo que somos, nuestras luces y sombras, nuestras virtudes y vicios, nuestras cualidades y defectos. Así nos llama Jesús. Nadie es merecedor realmente y nadie se sienta con más autoridad moral, con más autoridad intelectual para decir yo sí que merezco ser llamado por Jesús. Su mensaje es totalmente gratuito. No depende de méritos, de títulos o de una trayectoria personal, académica, laboral, profesional. A veces llama lo pequeño del mundo, muchas veces lo hace así para escandalizar a los poderosos y sabelotodos de esta tierra. Es un llamado para que seamos sus amigos. Es un llamado para un encuentro de intimidad para compartir la vida con Jesús. Un llamado donde nos envía a predicar y a liberar del mal. Terminaré la reflexión del evangelio pensando en cuáles deben ser las actitudes del evangelizador de hoy cuando somos llamados por Cristo. Y pensaría de manera conclusiva en palabras claves, si tú y yo nos hemos sentido inmerecidamente llamados por Jesús a anunciar su Reino. Primero, agradezcamos. Tengamos una actitud de gratitud por tantas bendiciones recibidas, en tu oración diaria dile, gracias, Señor, por el bautismo que me hizo tu hijo. Gracias por la fe que ilumina mi camino en la vida. Gracias por el amor que me das para compartir con los demás en una sociedad donde hay tanto desamor. Gracias por la familia que me has regalado como coequipera en el viaje de la vida. Gracias por tantos dones y aun por las cruces que presentas en mi vida. Pero, además, el evangelizador de hoy debe tener un corazón humilde, porque somos llamados no por nuestro mérito, no porque seamos mejores; sino que todo es gracia, gratuidad, don, regalo de Dios. Pero además de la gratitud y la humildad, nosotros evangelizadores y llamados por Cristo en el siglo XXI estamos llamados a la fidelidad en el llamado recibido, fidelidad y obediencia a los preceptos y mandatos de Dios. No hay mejor manera de agradecer el llamado que Jesús nos ha hecho que ser fieles en esta vocación, en esta misión que se nos ha dado. Pero también se nos invita en una cuarta actitud a la generosidad y a la alegría, en la entrega diaria de la vida. Cuando eres un creyente y anuncias a Jesús, no trabajas para un banco, para hacerlos más ricos. No trabajas para un político, para hacerlo más poderoso. No trabajas para una multinacional tecnológica para que tenga más seguidores, para que tenga más matriculados, más inscritos en sus plataformas digitales. Nosotros sentimos una alegría y una generosidad en la entrega, que es distinta. Y es que trabajamos para el más grande de todos, trabajamos para el Señor Dios. Concluyo diciendo que además de la gratitud, de la humildad, de la fidelidad, de la generosidad y la alegría en la entrega diaria, se nos invita como llamados por Cristo, a la perseverancia hasta el final de la vida, más allá de momentos de cansancio, de situaciones de desánimo, de circunstancias rutinarias tenemos o estamos llamados a perseverar porque un creyente en Cristo no puede decir me cansé, me desencanté, me desanimé. ¡Sólo en Cristo, y en nada más que en Cristo, encontramos palabras de vida eterna! Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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