¡Entra a la profundo de tu ser!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 18, 1-8 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: del libro de la Sabiduría 18, 14-16; 19,6-9 Un silencio sereno lo envolvía todo, y, al mediar la noche su carrera, tu palabra todopoderosa se abalanzó, como paladín inexorable, desde el trono real de los cielos al país condenado; llevaba la espada afilada de tu orden terminante; se detuvo y lo llenó todo de muerte; pisaba la tierra y tocaba el cielo. Porque la creación entera, cumpliendo tus órdenes, cambió radicalmente de naturaleza, para guardar incólumes a tus hijos. Se vio la nube dando sombra al campamento, la tierra firme emergiendo donde había antes agua, el mar Rojo convertido en camino practicable y el violento oleaje hecho una vega verde; por allí pasaron, en formación compacta, los que iban protegidos por tu mano, presenciando prodigios asombrosos. Retozaban como potros y triscaban como corderos, alabándote a ti, Señor, su libertador. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 105(104), 2-3.36-37.42-43 (R. 5a) Recordad las maravillas que hizo el Señor. Cantadle al son de instrumentos, hablad de sus maravillas; gloriaos de su nombre santo, que se alegren los que buscan al Señor. Recordad las maravillas que hizo el Señor. Hirió de muerte a los primogénitos del país, primicias de su virilidad. Sacó a su pueblo cargado de oro y plata, y entre sus tribus nadie tropezaba. Recordad las maravillas que hizo el Señor. Porque se acordaba de la palabra sagrada que había dado a su siervo Abrahán: sacó a su pueblo con alegría, a sus escogidos con gritos de triunfo. Recordad las maravillas que hizo el Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 1-8 En aquel tiempo, Jesús, para explicar a los discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: -Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios, ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: «Hazme justicia frente a mi adversario»; por algún tiempo se negó, pero después se dijo: «Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esa viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara». Y el Señor respondió: -Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?, ¿o les dará largas? Os digo, que les hará justicia sin tardar. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra? Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Entra a lo profundo de tu Ser! La primera lectura tomada del Libro de la Sabiduría en el capítulo 18 y 19, nos recuerda dos hechos fundamentales en la historia del pueblo de Dios. La primera noche pascual en Egipto y el paso por el Mar Rojo. Y nos muestra también la imagen exagerada, hiperbólica del guerrero cósmico, que en el fondo simboliza una realidad que trasciende toda palabra humana y es el poder de Dios. Y expresa magníficamente la realidad consoladora de la providencia de Dios sobre el hombre justo, especialmente en momentos de angustia. De una manera casi poética empieza la lectura del Libro de la Sabiduría en el día de hoy, diciendo: “Cuando un silencio apacible lo envolvía todo y la noche llegaba a la mitad de su carrera, tu Palabra omnipotente se lanzó desde el cielo, desde el trono real, cual guerrero implacable sobre una tierra condenada al exterminio”. En el fondo va mostrando cómo la creación entera es materia moldeable en las manos del artista divino y que todo en el mundo está subordinado a los designios de la voluntad de Dios para cuidar y salvaguardar a sus elegidos. Por eso, en esa misma línea encontramos el precioso salmo de este día que nos invita a recordar “las maravillas que hizo el Señor a lo largo de la historia y también en el espacio del cosmos y del mundo, tal cual como hoy lo conocemos”. Pero pasemos al evangelio de hoy de san Lucas, en una conocida parábola evangélica sobre la oración perseverante que nos habla de un juez que por su identidad y misión está llamado a realizar justicia. Pero lo muestran como un juez malvado, inicuo, que no tiene temor de Dios, ni tampoco le interesa hacerle justicia a nadie, aun cuando es su tarea y misión natural. Y nos presenta la imagen de una mujer viuda, signo por excelencia de la indefensión, la impotencia de los sufrientes de Israel, del pueblo de Dios que clama insistentemente al juez que le haga justicia, que le falle en un proceso probablemente judicial, contra una contraparte, un adversario. El juez para sí mismo se dice “aunque no tengo temor de Dios, ni me interesa hacerle justicia a nadie sólo por la intensidad, por la inoportunidad, por el cansancio que me genera la insistencia de esta mujer, le haré justicia”. Y Jesús concluirá diciendo: “Si esto lo hace un hombre imperfecto, humano, falible; qué no hará Dios el juez bondadoso, cuando tú y yo clamamos a Él con perseverancia, día y noche”. Toda esta imagen parabólica nos invita a la oración perseverante. Pero hoy nos preguntamos ¿cómo orar con perseverancia cuando quiero ir a la Eucaristía, pero me encuentro la Misa en redes sociales y me parece más cómodo, me parece más fácil, aunque no pueda comulgar el Pan de Vida, ni abrazar a mi hermano en la asamblea litúrgica, verla por redes sociales? ¿Cómo orar cuando pongo el rosario en mi teléfono celular y me aparece una publicidad, me aparece otro video con un mensaje sugestivo, atrapante, que me subyuga y me meto a él y pierdo mi tiempo miserablemente? ¿Cuántas personas oigo con más frecuencia de la que quisiera, que me dicen “padre, he perdido una tarde, una mañana, un día entero mirando videos graciosos o supuestamente interesantes o chismes de la vida de los demás en TikTok, en Instagram, cadenas que me mandan de comentarios en el WhatsApp”? Y cómo nuestra vida perdió identidad, perdió relación de intensidad en el matrimonio, con los hijos. Porque nos sentamos a la mesa como verdaderos extraños, sin mirarnos a la cara, atentos solamente a comentar vidas ajenas, guerras ajenas, campañas electorales ajenas, chismes de las famosas y los famosos que son ajenos a nosotros y nos olvidamos de vivir la propia vida. Y van pasando los días, las semanas, los meses de manera miserable perdónenme la expresión, porque viviendo la vida ajena se nos olvida vivir la vida propia. Hoy te invito al silenciamiento tecnológico a tener la capacidad de cortar, por más que te parezca interesante un video, una noticia que te la colocan los portales amarillistas en rojo y amarillo, muy vivos, con títulos muy sugestivos. Lo hay también en la Iglesia unos comerciantes de la fe que han hecho de todo lo católico escándalo que en lo más mínimo les interesa formar o informar a la comunidad creyente, sino solo monetizar a través de carátulas pequeñas que aparecen en tu teléfono celular, en títulos de colores amarillos y rojos muy llamativos. Desconfía, normalmente son embaucadores y comerciantes de la fe que te atrapan y hacen que pierdas el tiempo valioso de tu vida en lo que no es valioso para ti. Silenciémonos tecnológicamente y aprendamos a adentrarnos dentro de nosotros mismos, que es sobre todo una acción del maestro interior, del Espíritu de Dios. Aprende a reconocer que tú no solo eres cuerpo, no solo eres biología, no solo eres materia, no solo eres carbono. Eres también una realidad trascendente, espiritual, que se sale de las coordenadas y de las ofertas comerciales que te aparecen como propaganda cada que abres un video o en el intermedio de cualquier vídeo en redes. Aprende a trascender y a volar. La palabra trascender viene del griego “transcendere”, que significa atravesar subiendo. Conoce lo profundo de tu ser, no te quedes ahogado en el mundo exterior como tantas veces te lo he repetido. Y después de silenciarte y entrar dentro de ti por la acción del Espíritu Divino, empieza a orar en ese Espíritu al Padre de los Cielos por la mediación de Jesucristo. Ora a tu Padre en el silencio de tu habitación, que es el corazón humano. Háblale de tus sueños. Cuéntale de tus miedos. Preséntate con tus heridas. Muéstrate como eres. Pídele identidad, que la identidad del hombre no está en el hacer, sino en el ser. Que nuestra identidad no está en el aparecer ante los demás, sino en el ser interior, el amor divino que le da razón, fuerza y sentido a la vida. Y te invito a hacer ese hábito de oración cada día, haciendo un lugar en tu apartamento, en tu casa, una habitación, recordando la famosa película cristiana Cuarto de Guerra. Ten un lugar de oración, tu Cristo, tu imagen preferida de la Virgen, tu Biblia, tu libro de oraciones, tu santo Rosario, una veladora eléctrica, una sillita carmelitana de oración, un reclinatorio o una silla cómoda y háblale al Señor. No dejes que la exterioridad, la frivolidad del mundo te absorba la vida, te robe tu razón de ser. Pero además de buscar un lugar, busca el tiempo adecuado. La primera hora de la mañana, antes que la ciudad bulliciosa y acelerada encienda su ritmo de cada día. Puede ser en el balcón de tu apartamento. Puede ser en ese cuarto pequeño, pero en silencio en la primera hora, quizás antes del amanecer ora a Dios, escucha amorosamente cómo Él te habla, siéntelo vivo. Reconoce como te da paz, alegría interior, sabiduría para tomar decisiones, fortaleza y consuelo cuando te sientes débil y desconsolado. Cómo te llenas de amor, cuando tu corazón se experimenta árido y estéril. Y busca las circunstancias, puede ser una música suave, puede ser un profundo silencio, una iluminación particular, pero teniendo el lugar, el tiempo y las circunstancias, te invito a que perseveres en tu oración de cada día. Así como nos hacemos chequeos médicos frecuentes, así como nos alimentamos cada día para darle vigor y fuerza al organismo. Aprende a orar cada día con método, con hábito, para sentir la fuerza de Dios que mora en ti, que te habita interiormente y que te dice ¡Yo le doy sentido y plenitud a tu vida! Señor, danos la gracia de perseverar en la vida de oración. Danos la gracias, Señor, de encontrarnos contigo y trascender este mundo de estímulos, imágenes, ruido, prisas, ideologías, publicidad que nos atacan y nos envenenan el alma. Danos, Señor, ser monjes en la ciudad, personas de una profunda espiritualidad más allá del atafago, los compromisos diarios, las prisas de la cotidianidad. Que el Señor te bendiga en abundancia y nos dé el don de la oración perseverante, y te bendigo. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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