¡Cuatro estaciones de la vida!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 8, 4-15
Lectura del día de hoy
De la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo
1Tm 6,13-16:
Querido hermano:
En presencia de Dios que da la vida al universo y de Cristo Jesús que dio testimonio ante Poncio Pilato: te insisto en que guardes el Mandamiento sin mancha ni reproche, hasta la venida de Nuestro Señor Jesucristo, que en tiempo oportuno mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único poseedor de la inmortalidad, que habita en una luz inaccesible a quien ningún hombre ha visto ni puede ver.
A él honor e imperio eterno.
Amén.
Palabra de Dios, te alabamos Señor.
Salmo del día de hoy
Salmo (100)
Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con vítores.
Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Sabed que el Señor es Dios: que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño.
Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre.
Entrad en la presencia del Señor con vítores.
«El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades».
Entrad en la presencia del Señor con vítores.
Evangelio del día de hoy
Del santo Evangelio según san Lucas
Lc 8,4-15:
En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.
Entonces les dijo esta parábola:
-Salió el sembrador a sembrar su semilla.
Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron.
Otro poco cayó en terreno pedregoso, y, al crecer, se secó por falta de humedad.
Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron.
El resto cayó en tierra buena, y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.
Dicho esto, exclamó:
-El que tenga oídos para oír, que oiga.
Entonces le preguntaron los discípulos:
- ¿Qué significa esa parábola?
Él les respondió:
-A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del Reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan.
El sentido de la parábola es éste:
La semilla es la Palabra de Dios.
Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven.
Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan.
Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran.
Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la Palabra, la guardan y dan fruto perseverando.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
Recuerda hoy la Iglesia al más popular estigmatizado del siglo XX, el santo italiano y místico, san Pío de Pietrelcina.
Pero hablemos de la parábola que nos presenta hoy el evangelio, más que conocida, la semilla que se echa, que se esparce en diferentes tipos de terrenos. Reconocemos tres realidades profundas que a la vez se constituyen en enseñanzas para nuestra vida.
La palabra evangélica de hoy nos presenta cuatro clases de terrenos, de sementeras, unos hablan de la esterilidad de la tierra, entiéndase esterilidad del corazón humano, y el terreno final habla de la fecundidad. Detallamos brevemente, el primer tipo de terreno es el corazón o la tierra superficial, al borde del camino cae la semilla, cuando en nuestro mundo hay tanta dispersión, vivimos en función de mil compromisos que la Palabra de Dios que escuchamos cada día, apenas alcanza a tocar la tierra, la sementera de nuestro corazón; la superficialidad de la vida, nos hace incapaces de que ella germine con profundidad en el corazón.
Pero luego nos muestra un segundo tipo de sementera, es el corazón en medio de obstáculos, de piedras, donde hay dificultades para que la semilla germine, intenta crecer, pero pronto por el sol abrasador se seca.
Un tercer tipo de sementera o de corazón humano, es la tierra en medio de la maleza, en medio de las zarzas, que hace que la semilla ciertamente crezca en principio, pero luego se ahogue por las preocupaciones del trabajo, los afanes del dinero, las búsquedas ansiosas de placeres terrenales.
Finalmente nos habla de un cuarto tipo de terreno, tierra buena, corazón abonado y fecundo, donde produce de manera sorprendente 30, 60, 100 veces más la semilla sembrada. Algún autor en teología habla de que estas cuatro clases de terrenos podríamos definirlas como cuatro estaciones de la vida; interpretándola de esta manera entendemos que cuando somos jóvenes somos muy superficiales, materialistas, con dificultad vamos a una Eucaristía, a un grupo de oración o leemos la Sagrada Biblia. La superficialidad por el materialismo, la apariencia y el consumismo de la vida nos incapacita para que la semilla de Dios germine en el corazón.
Viene esa segunda estación en la vida y es que cuando los obstáculos, ya sobre los 20, 30 años, nos empiezan a desanimar, los obstáculos de la vida nos bajonean anímicamente y no nos dejan progresar en el conocimiento de la Palabra de Dios.
En una tercera estación de la vida, se nos habla de las zarzas, de la maleza como decimos corrientemente, y entendemos esta estación como muchas realidades donde en la vida tenemos producidos de bienes, cierta arrogancia de la madurez o el éxito profesional que tengamos, ciertos reconocimientos humanos, que nos hacen incapaces para que germine fecundamente la semilla de la Palabra de Dios en el corazón.
Finalmente es en la vejez de la vida, cuando liberados de vanidades, de apariencias, ya no nos dejamos abatir por los desánimos, ni estamos tampoco enmalezados o enredados, en los pequeños bienes de esta tierra, en los éxitos personales o profesionales; cuando un corazón humilde y dispuesto, sereno en esa etapa de jubilación de la vida, aprende a recibir la semilla de la Palabra de Dios y la deja germinar. Hermosa sabiduría para nuestra vida.
Pero no podemos dejar de hablar sobre el poder de la semilla, la Palabra de Dios es poderosa, la Palabra de Dios es extraordinariamente poderosa, más allá de cualquier tipo de terreno, que es el tipo de corazón humano que tenemos, está llamada a germinar y es la gran confianza cuando anunciamos a Jesús, no sabemos de qué manera va a tocar un corazón, ciertamente no en el tiempo humano, sino en el tiempo de Dios.
Finalmente concluyamos, hablando de la paciencia, la bondad, la generosidad y la alegría de ese sembrador divino, de ese sembrador de la Palabra que es Dios. Se nos invita a no dejarnos consumir por el ansia cuando no vemos resultados inmediatos en el cambio, en la conversión de otra persona; tengamos la paciencia, la misericordia y la sabiduría del sembrador que es Dios, que siembra semilla en nosotros y espera que germine a su tiempo, y así ocurrirá cuando nosotros sembramos la semilla en el corazón de otros.
Nunca lo olvides, una persona responde al llamado de Dios, no en el tiempo de nosotros los hombres, sino en el tiempo sabio y perfecto de Dios.
Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.