¡Constuye tu vida sobre Roca!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2025-09-26T17:11:18Z
dc.date.available2025-09-26T17:11:18Z
dc.date.issued2025-09-13
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Construye tu vida sobre Roca! La primera lectura tomada del apóstol san Pablo a Timoteo nos muestra “como Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores”. Pablo, “con humildad, pero también con realismo, reconoce que él es el primero entre los pecadores. Pero precisamente de él, Jesús ha tenido compasión para que sea el primero en anunciar la paciencia inmensa e infinita que ha tenido Jesús con él”. Y al final de este breve diálogo en la Carta a Timoteo “reconoce a Jesús como el Rey inmortal, invisible, el único Dios, y por eso todo el honor y toda la gloria no se le puede dar a los hombres, no se le puede dar a las instituciones, no se le puede dar a las ideologías, no se le puede dar a las riquezas. Todo el honor y la gloria por los siglos de los siglos sólo se le puede dar al Rey de Reyes, Jesucristo”. Con razón el salmo litúrgico que la liturgia de este día, las lecturas de este día nos proponen, decimos: ¡Bendito sea el nombre del Señor por siempre! Pero pasemos al evangelio que tiene tres hermosas enseñanzas para nuestra vida. La primera, “un árbol se conoce por sus frutos”. Y la vida de un ser humano se conoce por su historia y por los frutos de bondad, de servicio, de amor, de entrega que ha prodigado por los demás. No te fíes de aquellas personas que hablan mucho, pero su testimonio de vida es poco y pobre. A una persona como un árbol se le conoce por su historia de generosidad, de entrega, de donación, de nobleza, de bondad frente a los suyos. ¿Qué clase de árboles somos?: ¿damos frutos dulces, jugosos, sabrosos?; o ¿hemos dado en nuestra vida frutos amargos, insípidos en las demás personas? Lo plantearé de otra manera, ¿hemos dejado huella de amor en el corazón de los demás?, o ¿cicatriz de dolor en ellos? Si tu corazón es humilde, que no orgulloso. Si tu corazón es generoso, que no egoísta. Si tu corazón es noble, que no mezquino. Si tu corazón perdona, que no guarda rencor. Con seguridad que los frutos en tu vida, en tu vida familiar, en tu vida de amigos, en tu vida comunitaria, serán frutos sabrosos. Pero hay una segunda enseñanza y nos habla “que el corazón humano no sólo se conoce por sus frutos, sino por lo que habla a través de los labios”. En efecto, en una máxima evangélica que hemos repetido a lo largo de los siglos, decimos: “De la abundancia del corazón habla la boca”. ¿Tú hablas para bien, para edificar, para estimular, para animar, para apoyar?; o ¿hablas para criticar, para juzgar, para señalar, para denostar, para murmurar sobre los demás? Tu corazón que tal vez no lo conoce sino lo profundo de tu conciencia y Dios mismo se reconoce por las palabras que salen de tu boca. También podemos colocar un segundo ejemplo. ¿De tus labios salen conversaciones frívolas, superficiales, inmaduras, materialistas? ¿Salen conversaciones que hablan de egoísmo, de utilitarismo, de cómo aprovechar convenientemente mejor a los demás? O ¿de tu corazón salen palabras para ayudar, para servir, para estimular; palabras de alabanza a Dios, de agradecimiento por tu vida y por tantas bendiciones recibidas? Descubramos un segundo parámetro para reconocer qué hay en nuestro interior, en nuestro corazón. Pero quizás la imagen más expresiva del evangelio de hoy está en este tercer momento, cuando Jesús, tal vez con algún tono de reproche, afirmará: “No todo el que me llama Señor, Señor, alcanzará el Reino de los cielos, sino hace, sino obedece, sino cumple mis palabras”. Y coloca un símil muy bello: “La vida, la familia es como una casa que puedes construir sobre roca firme o sobre arena movediza”. “La roca firme es Cristo, sus palabras, sus valores, su mensaje, sus principios, sus sentimientos”. De hecho, Pablo, en la Carta a los Filipenses afirmará: “Tengan los mismos sentimientos de Cristo Jesús”. Y también dirá en otro pasaje: “Cambia tu manera de pensar a la manera de Cristo, para cambiar tu manera de vivir”. Estas dos dimensiones, los sentimientos y los pensamientos, deben construirse sobre los sentimientos y los pensamientos de la Persona divina de Jesús, que es la imagen del hombre perfecto, del hombre maduro, del hombre pulido por el misterio del amor de Dios. Por el contrario, también nuestra vida no puede estar construida sobre roca firme, la palabra y el mensaje de Jesús, sino sobre arena movediza, los criterios del mundo. Y a veces hablamos con tanta superficialidad, nos llegan mensajes en redes, escuchamos programas de tanta vaciedad, de tanta frivolidad, que pensamos “que en la vida simplemente uno es lo que escucha, uno es con quien se relaciona”. Y en ambos casos, sobre la casa construida o sobre la vida construida sobre roca o sobre arena, nos coloca el evangelio de hoy las tormentas, los vientos huracanados, las pruebas grandes en la vida. La realidad de las tormentas es igual para ambas situaciones, una vida construida en Cristo o una vida construida sobre los valores del mundo, pero el resultado es totalmente distinto. Cuando construimos la vida en Dios a través de la Persona de Jesucristo, por más que haya pruebas, dificultades, sufrimientos, la casa de nuestra vida, la casa de nuestra familia, la casa de nuestra empresa, la casa de nuestro proyecto existencial se sostiene porque está edificado, cimentado sobre roca firme, valores perennes que se sostienen en el tiempo y perduran más allá de las pruebas. Pero cuando construyes tu vida sobre el mundo, sobre la vanidad del mundo, sobre las apariencias del mundo, sobre los placeres del mundo, sobre lo que el mundo llama riqueza. Cuando vengan pruebas, sufrimientos, exigencias, vientos huracanados, tormentas sobre tu alma, la casa de tu vida, la casa de tu matrimonio, la casa de tu familia, la casa de tu empresa, la casa de tu proyecto existencial se derrumbará ruidosamente. ¿Quizás una depresión profunda?, ¿quizás una crisis que no sabes cómo manejar?, ¿quizás una ansiedad incontrolable?, ¿quizás una ideación suicida? ¿Quizás un sinsentido doloroso de la vida?, ¿quizás un vacío profundo que no sabes cómo llenar? Hay tantas realidades que pueden derrumbar al hombre cuando no construimos la vida personal, el matrimonio, la familia, sobre valores duraderos del evangelio como el amor, la sinceridad, el perdón, la solidaridad, el respeto, la compasión y sobre todo, la confianza y la esperanza absolutas e inquebrantables en Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 43-49 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 15-17: Querido hermano: Podéis fiaros y aceptar sin reserva lo que os digo: - Que Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y por eso se compadeció de mí: para que en mí, el primero, mostrara Cristo toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, único Dios, honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 113(112), 1-2.3-4.5a y 6-7 Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. Alabad, siervos del Señor, alabad el nombre del Señor. Bendito sea el nombre del Señor por siempre. Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. De la salida del sol hasta el ocaso, alabado sea el nombre del Señor. El Señor se eleva sobre todos los pueblos, su gloria sobre el cielo. Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. ¿Quién como el Señor, Dios nuestro, que se abaja para mirar, al cielo y a la tierra? Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre. Bendito sea el nombre del Señor ahora y por siempre. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 43-49: En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: –No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto: porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis «Señor, Señor», ¿y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y enseguida se derrumbó desplomándose. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
dc.identifier.urihttps://repositorioamencomunicaciones.com/handle/123456789/1058
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dc.subjectAmor de Dios
dc.subjectConstrucción
dc.subjectConstruir en Jesús
dc.subjectDios
dc.subjectRoca
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectSoporte en la prueba
dc.subjectValores duraderos
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Constuye tu vida sobre Roca!
dc.title.alternativeConstruir en Jesús

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