¡El Señor te guiará siempre!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Lucas 5, 27-32
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro de Isaías 58, 9b-14:
Esto dice el Señor:
«Cuando alejes de ti la opresión,el dedo acusador y la calumnia, cuando ofrezcas al hambriento de lo tuyo
y sacies al alma afligida, brillará tu luz en las tinieblas, tu oscuridad como el mediodía.
El Señor te guiará siempre, hartará tu alma en la tierra abrasada, dará vigor a tus huesos.
Serás un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan.
Tu gente reconstruirá las ruinas antiguas, volverás a levantar los cimientos de otros tiempos; te llamarán “reparador de brechas”, “restaurador de senderos”, para hacer habitable el país.
Si detienes tus pasos el sábado, para no hacer negocios en mi día santo, y llamas al sábado “mi delicia”
y lo consagras a la gloria del Señor; si lo honras, evitando viajes, dejando de hacer tus negocios y de discutir asuntos, entonces encontrarás tu delicia en el Señor.
Te conduciré sobre las alturas del país y gozarás del patrimonio de Jacob, tu padre.
Ha hablado la boca del Señor».
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 86(85),1-2.3-4.5-6
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva, Dios mío, a tu siervo, que confía en ti.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad
Piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti, Señor.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad
Porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica.
Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Lucas 5, 27-32
En aquel tiempo, vio Jesús a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme».
Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros.
Y murmuraban los fariseos y sus escribas diciendo a los discípulos de Jesús:
«¿Cómo es que comen y beben con publicanos y pecadores?»
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡El Señor te guiará Siempre!
La primera lectura tomada del Libro de Isaías nos invita “a alejar de nosotros la opresión, a dejar la calumnia, a ofrecer compasivamente al hambriento de nuestros alimentos. A consolar las almas afligidas, y solo así, solo por este camino de caridad y misericordia brillará nuestra luz en la oscuridad y seremos como el sol del mediodía”.
Continuará la reflexión de Isaías afirmando “que cuando obramos en rectitud, esa misma luz que vamos reconociendo con el paso de los días en nuestra propia vida, es la luz del Señor que nos guiará, que dará vigor y fuerza a nuestros huesos, y así nuestra alma será un huerto bien regado, un manantial de aguas que no engañan”.
Que promesa tan hermosa a propósito de este cercano inicio de la Cuaresma, tiempo preparatorio a una conversión de la vida.
Y nos dirá al final el profeta Isaías en el capítulo 58: “Sólo por este camino encontraremos que el Señor es la delicia de nuestras vidas. Nos conducirá sobre las alturas del país y gozaremos del patrimonio de Jacob”. Muy a propósito de que el hombre, la mujer de todos los tiempos, han sido eternos buscadores de la plenitud, de aquella quimera y utopía que llamamos la felicidad en la vida.
Aprendamos con el salmo litúrgico de este día a decir desde el fondo del corazón: “Enséñame, Señor, tu camino, para que siga tu verdad”. Es que hay tantos caminos, propuestas y ofertas en el mundo y ninguna ha sido capaz de llenarnos plenamente.
Por eso decimos: “Inclina tu oído, Señor, escúchame, que soy un pobre desamparado. Protege mi vida, que soy un fiel tuyo que confía solo en ti”. Y continuará el salmista diciendo: “Piedad de mí, Señor, que a ti te estoy llamando todo el día, alegra el alma de tu siervo, pues levanto mi alma hacia ti”.
Y concluirá el salmista diciendo: “Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Escucha mi oración, atiende a la voz de mi súplica”.
Y así, esta primera lectura de Isaías, el salmo litúrgico, nos preparan para comprender mejor el Evangelio de hoy de Lucas, capítulo 5. Cuando Jesús ve a un publicano o cobrador de impuestos detestado por el pueblo de Israel porque lo entendían como un traidor a su pueblo y un vendido a los intereses del Imperio Romano que dominaba en la época.
Jesús ve al publicano Leví y le dice de manera tajante: “Sígueme”. Y es impresionante la respuesta de Leví cuando dice el evangelista Lucas “que dejándolo todo, se levantó de la improvisada oficina, un mostrador donde reclamaba impuestos para el imperio y sigue a Jesús y le ofrece en su honor una gran comida en su casa, rodeado y acompañado de un gran número de otros publicanos y reconocidos pecadores”.
Los fariseos y escribas que se preciaban de hombres cultos y sobre todo puros y cumplidores de la ley de Moisés murmuran y se escandalizan entre ellos cuando dicen: “Si este Jesús fuera un verdadero rabino, un verdadero maestro, un auténtico profeta, sabría que está comiendo con pecadores públicos y sinvergüenzas repudiados por la sociedad judía”.
Pero Jesús lanza una respuesta que será paradigmática y ha hecho eco a lo largo de los siglos y del tiempo en la Iglesia, cuando de manera categórica muestra Jesús el camino de la misión que el Padre de los Cielos le ha encomendado y afirmará: “No necesitan de médico, de medicina, de curación los sanos, sino los enfermos; no he venido a llamar a los justos, a los santos, a los rectos. Sino a los pecadores, a los equivocados, a los extraviados, para que conviertan su corazón al Padre de los Cielos”.
Llama aquí la atención que Jesús de alguna manera une dos palabras: la enfermedad con el pecado y la salud con la santidad. Y cuando une la enfermedad con el pecado nos muestra, que la curación no es solamente física, corporal, biológica o fisiológica del funcionamiento de los órganos y sistemas de cualquier ser humano. No, nos habla el asociar la enfermedad con el pecado y nos dice de alguna manera “que la gran enfermedad del hombre es la del alma, que la gran tragedia humana es el pecado, que la gran sanación que Él viene a traer no es solamente corporal, aunque también lo hizo, si no espiritual y sobre todo de manera integral”.
Porque Jesús sana ciegos, sordomudos, paralíticos, leprosos, personas que probablemente padecían ataques epilépticos, (aunque no se le conocía así con este nombre en la época), una mujer que padecía flujos de sangre, un hombre que acumulaba líquidos, la hidropesía. Todas las lepras de la época. Pero Jesús no se queda con esta sanación externa, sino y sobre todo busca la sanación interior, cuando en no pocos casos afirmará: “Tus pecados quedan perdonados”.
Y algunos se escandalizaban diciendo ¿qué se cree este hombre?, ¿qué piensa este fulano que es Él cuando solo Dios y nadie más que Dios puede perdonar pecados?
Pero Jesús mostrando su autoridad, exousia, Él reconoce y le dice al hombre: “Levántate, toma tu camilla”, al tullido, al paralítico, previo perdón de los pecados, para mostrar que la sanación como un signo del Reino de Dios, como un signo de la nueva vida que Él trae, no es solo la sanación interior o del pecado, sino también la sanación exterior del organismo, de las parálisis, en este caso del tullido de las piernas.
Hoy reconocemos una sociedad enferma. Hay tantas neurosis en nosotros, hay tantas tristezas en la vida, hay tantas angustias y ansiedades sobre el futuro, hay tanto estrés laboral en la vida diaria, hay tanta conflictividad en las relaciones de familia y matrimonio, hay tantas citas médicas en los servicios de salud ahora colapsados, hay tantas enfermedades huérfanas, hay tantos virus desconocidos. Y Jesús, que siempre se compadece y es un distintivo de su corazón, sentir compasión del dolor y el sufrimiento humano viene por excelencia, no solamente a predicar el amor, el perdón y la donación de la vida, sino que Él mismo es amor curando a los enfermos, Él mismo es perdón encarnado frente a aquellos que le han azotado y crucificado. Y Él mismo es entrega continua y servicio desinteresado más allá de los egoísmos y críticas humanas.
Hoy reconozcamos que el Señor ha venido para guiar nuestra vida, que con el salmo de este día debemos pedir: ¡Que nos enseñe sus caminos para que conozcamos su verdad! Porque en el mundo, mirando los influenciadores, los famosos, mirando los dueños de multinacionales tecnológicas, los mega ricos, mirando los políticos y poderosos gobernantes del mundo, en todos ellos encontramos tantas limitaciones, tantos defectos, tantas incoherencias. Sólo en Cristo no hay límites. Sólo en Cristo hay una coherencia total. Sólo en Cristo hay una verdad profunda sobre el misterio y la verdad del hombre.
Hoy te decimos ¿a quién buscar?, ¿a quién seguir? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna.
Señor, que encontremos el sentido de la vida en ser sanados de cuerpo y alma de la enfermedad y del pecado; pero que encontremos la vida o el sentido de la vida, sobre todo en dar la vida por los demás, en ser compasivos con los otros, en servir más allá de cansancios humanos. Sólo siguiendo tu vida como modelo universal encontraremos la plenitud, la auténtica guía y la verdad para nuestras vidas.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.