¡Tengan Fe y conseguirán!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Marcos 11, 11-26
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: 1Pedro 4, 7-13
Hermanos:
Ya está cerca el final de todo; por lo tanto, vivan con sensatez y en vigilancia para poder orar.
Sobre todo, mantengan en continua actividad el amor mutuo, pues el amor sepulta una multitud de pecados.
Sean hospitalarios los unos con los otros, sin quejas.
Que cada uno, como buen administrador de la gracia multiforme de Dios, emplee para servir a los demás, los dones recibidos. Quien habla, sea mensajero de las palabras de Dios; quien se dedica a servir a los demás, que los sirva con la fuerza que Dios le comunica. De modo que Dios sea glorificado en todo, por medio de Jesucristo, a quien corresponden la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.
No se sorprendan, queridos hermanos, del fuego de persecución que ha prendido por ahí para ponerlos a prueba, como si les sobreviniera algo nunca visto. Al contrario, alégrense de compartir ahora los padecimientos de Cristo, para que, cuando se manifieste su gloria, el júbilo de ustedes sea desbordante.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Sal 96(95), 10.11-12.13 (R. 13ab)
El Señor juzgará a todas las naciones.
“Reina el Señor”, digamos a los pueblos.
El afianzó con su poder el orbe,
gobierna a las naciones con justicia.
El Señor juzgará a todas las naciones.
Alégrense los cielos y la tierra,
retumbe el mar y el mundo submarino.
Salten de gozo el campo y cuanto encierra,
manifiesten los bosques s regocijo.
El Señor juzgará a todas las naciones.
Regocíjese todo ante el Señor,
porque ya viene a gobernar el orbe.
Justicia y rectitud serán las normas
con las que rija a todas las naciones.
El Señor juzgará a todas las naciones.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 11, 11-26
Después de haber sido aclamado por la multitud, Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y miró todo lo que en él sucedía; pero como ya era tarde, se marchó a Betania con los Doce.
Al día siguiente, cuando salieron de Betania, sintió hambre. Viendo a lo lejos una higuera con hojas, Jesús se acercó a ver si encontraba higos; pero al llegar, sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces le dijo a la higuera: “Que nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Y sus discípulos lo estaban oyendo.
Cuando llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a arrojar de ahí a los que vendían y compraban; volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas; y no dejaba que nadie cruzara por el templo cargando cosas. Luego se puso a enseñar a la gente, diciéndoles: “¿Acaso no está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”.
Los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de esto y buscaban la forma de matarlo; pero le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de sus enseñanzas. Cuando atardeció, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.
A la mañana siguiente, cuando pasaban junto a la higuera, vieron que estaba seca hasta la raíz. Pedro cayó en la cuenta y le dijo a Jesús: “Maestro, mira: la higuera que maldijiste se secó”.
Jesús les dijo entonces: “Tengan fe en Dios; les aseguro que si uno le dice a este monte: ‘Quítate de ahí y arrójate al mar’, sin dudar en su corazón y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también el Padre, que está en el cielo, les perdone a ustedes sus ofensas; porque si ustedes no perdonan, tampoco el Padre, que está en el cielo, les perdonará a ustedes sus ofensas”.
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡Tengan Fe y conseguirán!
La primera lectura tomada del apóstol san Pedro en el capítulo 4, nos dice con gran sabiduría “el fin de todas las cosas está cercano”.
Y no porque lo diga el apóstol Pedro, pero todos, con el paso del tiempo, comprobamos de manera empírica y por los sentidos que todo pasa, que lo que es nuevo se envejece, que la juventud prontamente desaparece en el horizonte de nuestras vidas y nos demuestra y revela la caducidad, la temporalidad de todas las realidades humanas en el mundo y en nosotros.
Dice, pues, el apóstol Pedro “el fin de todas las cosas está cercano”.
Y comprobando esa realidad, nos invita “a vivir con sensatez, con sobriedad, a ser personas de vida interior orantes, a mantener el amor intenso, que es la única realidad que sobrevive más allá de la muerte. Porque ni el cuerpo que tenemos, que se pudre o se vuelve ceniza, permanecerá más allá de la muerte.
Sino la única identidad, la única persona que sobrevive más allá de la muerte es el amor. El amor desde Dios que dimos a los demás, que tiene un sello de eternidad”.
Y afirmará de manera magistral el apóstol Pedro: “Que el amor cubre, tapa la multitud de los pecados”.
Esto me hace recordar la anécdota de una señora que me decía “he sido una persona orgullosa, egoísta, codiciosa de bienes, y ya en la madurez de mi vida siento que he construido con insensatez mi vida.
Por eso quiero hacer obras de caridad, porque creo profundamente que el amor y sólo el amor será capaz de cubrir, de resarcir la multitud de mis pecados personales”.
Creo que es así, y te invito que si en tu vida viviste mundanamente de espaldas a Dios, tal vez con gran egoísmo, sin pensar en los demás, ahora recuperes la sensatez que dan los años y vivas con amor.
Y como nos dice el apóstol san Pedro: “Seamos hospitalarios unos con otros y administremos bien los carismas que Dios nos ha dado a cada uno de nosotros”.
Al final de esta primera lectura se nos invita “a estar alegres, más allá de cruces, de sufrimientos como los que vivió Cristo, que allí es cuando se revela la gloria de Dios; en medio de las adversidades aprender a gozarnos con una alegría desbordante, más allá de cualquier tipo de prueba”.
Pero pasemos al Evangelio de san Marcos cuando nos presenta en el capítulo 11 el evangelista, que Jesús, saliendo de Betania, ve de lejos una higuera muy frondosa en hojas, pero sin ningún fruto, y lanza una maldición sobre ella: “Nunca jamás coma nadie frutos de ti”.
En el fondo, mostrándonos a todos que somos como la higuera, llamados en la vida a dar frutos de amor, frutos de ayuda, de servicio, de solidaridad, de justicia frente a los demás, que no podemos ser meras hojas, mera frondosidad; sino que la vida si no dio frutos, fue una vida estéril.
Combina esta maldición de la higuera con la expulsión de los mercaderes del templo, en ese celo que Jesús tenía por la casa de Dios.
Y habla de que vuelca las mesas de los cambistas de moneda y de los que vendían animales, concretamente palomas para el sacrificio, y declarará “la casa de Dios como casa de oración y no como cueva de comercio de ladrones y bandidos”.
Pero avanza el texto y dice “que esta acción hecha con libertad y con poder, despierta gran suspicacia en los sumos sacerdotes y escribas que se sentían dueños del judaísmo y de alguna forma, con rabia buscan la manera de eliminar, de acabar, de matar la vida de Jesús”.
Pero vuelve el evangelista Marcos a tomar la enseñanza de la higuera seca de raíz y nos dice que a la mañana siguiente, cuando pasan por el lugar, Pedro le dice: “Mira, Maestro, la higuera que maldijiste ayer se ha secado”.
Y la respuesta de Jesús es una sola: “Frente a la falta de frutos, frente a la esterilidad de la vida, no se confíen en ustedes mismos, no se apoyen en su inteligencia o en sus capacidades; crean en Dios, tengan fe en Dios”.
Y afirmará de manera autoritativa con esa conocida fórmula casi litúrgica: “En verdad, en verdad les digo, si uno le dice a esta montaña quítate de ahí y arrójate al mar y no duda, no tiene dudas en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá”.
Y afirmará: “Todo lo que pidan en la oración se les dará; pero crean que lo han obtenido, que se les ha concedido y lo obtendrán”.
Y nos pide “que cuando oremos a Dios, no guardemos rencores, perdonemos de corazón, para que así nuestra plegaria sea de verdad totalmente escuchada por el Señor”.
Hoy te invito a que te cuestiones, te replantees tu fe.
Cuando a veces pedimos y no conseguimos es porque hay dudas, miedos, porque hemos explorado primero los poderes del mundo para alcanzar nuestro propósito y no hemos acudido primero al poder divino, el gran poder sobre esta tierra.
La afirmación de Jesús es lapidaria: “Tengan fe en Dios”.
Y cuando oramos el Credo en la Eucaristía dominical, decimos la primera frase: “Creo en Dios Padre Todopoderoso”.
No dices: creo en Dios Padre medianamente poderoso, o creo en Dios Padre mínimamente poderoso.
Hoy te invito para que le des por tu fe el primer lugar a Dios, no a los hombres.
No le des el lugar de Todopoderoso a un presidente en un país, a un presidente o CEO en una compañía, en una empresa.
No le des el primer lugar a nadie en tu vida, ni en tu familia, ni en el mundo de los profesionales, porque siendo personas capaces e inteligentes no son más que pobres hombres que como la hierba del campo en la mañana nace y crece y unas horas o unos días después se marchita y muere.
Qué locura endiosar a quien no es Dios. Qué locura idolatrar en un concierto, en un estadio de fútbol, una persona, un cantante, un equipo deportivo que nos puede fallar tantísimas veces.
Qué locura hacernos matar, moler por un líder político que nos promete lo que él mismo sabe que no es capaz de dar. Porque sólo Dios y nadie más que Dios es capaz cuando tenemos fe en Él de darnos lo que necesitamos para nuestra vida.
Si hasta hoy tu existencia ha sido estéril, sin frutos, como esa higuera que tenía pura hojas pero no frutos, ya tienes la clave, sabes el camino.
No es solamente desde tus capacidades humanas, también ellas son importantes, pero el centro es Dios.
Y dile, Señor, quiero que en mi vida haya pesca abundante, hayan frutos dulces, sabrosos para los demás, quiero que mi vida y al final de ella sentir la satisfacción porque he obrado según tu voluntad y apoyándome por la fe en ti he cumplido la misión como dijo tu Hijo en la cruz: ¡Todo está cumplido!, hemos realizado esa tarea, esa misión de amor que no podemos olvidar.
Nuestro mundo de guerras ha olvidado amar y perdonar, nuestro mundo de vanidades, de lujos, de desigualdades sociales ha olvidado la solidaridad, nuestro mundo de peleas y divorcios matrimoniales y divisiones en las familias ha olvidado el amor, el perdón, el diálogo y el respeto.
Señor, quiero volver a ti para dar frutos y recuperar la fecundidad, la fecundidad de mi vida.
Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.