¡Divididos, vamos a la ruina!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 11, 15-26
Lecturas del día de hoy
Primera lectura: Ga 3, 7-13
Los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel.
Hermanos:
Reconoced que hijos de Abrahán son los de la fe.
En efecto, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia de que «por ti serán benditas todas las naciones».
Así pues, los que viven de la fe son bendecidos con Abrahán el fiel.
En cambio, cuantos viven de las obras de la ley están bajo maldición, porque está escrito:
«Maldito quien no se mantenga en todo lo escrito en el libro de la ley, cumpliéndolo».
Que en el ámbito de la ley nadie es justificado resulta evidente, pues «el justo por la fe vivirá»; en cambio, la ley no procede de la fe, sino que «quien los cumpla vivirá por ellos».
Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros maldición, porque está escrito:
«Maldito todo el que cuelga de un madero»; y esto, para que la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles en Cristo Jesús, y para que recibiéramos por la fe la promesa del Espíritu.
Palabra de Dios
Salmo del día de hoy
Salmo 110, 1-2.3-4.5-6
El Señor recuerda siempre su alianza.
Doy gracias al Señor de todo corazón, en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor, dignas de estudio para los que las aman.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Esplendor y belleza son su obra, su justicia dura por siempre.
Ha hecho maravillas memorables, el Señor es piadoso y clemente.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Él da alimento a los que lo temen recordando siempre su alianza.
Mostró a su pueblo la fuerza de su obrar, dándoles la heredad de los gentiles.
El Señor recuerda siempre su alianza.
Evangelio del día de hoy
Lc 11, 15-26
Si yo echo los demonios con el dedo de Dios, es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
En aquel tiempo, habiendo expulsado Jesús a un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios». Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra sí mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.
Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando el espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por lugares áridos, buscando un sitio para descansar, y, al no encontrarlo, dice:
«Volveré a mi casa de donde salí». Al volver se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio».
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La primera lectura que nos presenta la liturgia de este día, tomada del capítulo 3 de la carta de Pablo a los gálatas, nos muestra claras enseñanzas.
La primera, son solo los hombres de fe, de profunda y acendrada fe, los que reciben la bendición junto con Abrahán, el padre de la fe y el fiel por excelencia. Los judíos en tiempos de Jesús, se sentían orgullosos de pertenecer a la raza de Abrahán, como si este mero hecho fuera causa para justificarse, causa real.
Pero el apóstol Pablo les hace ver en un segundo momento, que Abrahán no fue justificado por la ley, sino por su fidelidad a Dios y por su adhesión personal en fe a la voluntad de Dios. Por tanto, los judíos hace 2000 años, como nosotros, sólo seremos verdaderos descendientes de Abrahán, si vivimos por la fe, seamos judíos o la nueva Iglesia, el nuevo pueblo de Dios, los creyentes.
En una tercera enseñanza de esta primera lectura, descubramos que esperar ser justificados ante Dios, por el mero cumplimiento de la ley, es vivir en una constante amenaza de maldición, que viene de no observar, no cumplir la ley, los preceptos dados por Moisés y desarrollados por las escuelas rabínicas hasta en los más mínimos detalles, y por el contrario, de este cumplimiento escrupuloso y esclavizante de la ley, nos ha liberado Cristo, que precisamente crucificado por liberarnos de la ley, nos ha permitido en un acto de suprema fidelidad y obediencia al Padre Dios, ser declarados libres, y esto es obra sólo de la confianza total en Cristo Jesús.
Pero pasemos al evangelio de Lucas, capítulo 11, donde Jesús actuando como exorcista y liberando a un hombre que poseía el espíritu del mal, la multitud se asombra y se maravilla al ver semejante acción taumatúrgica; pero por el contrario, otros, especialmente los fariseos, murmuran, cuestionan y critican a Jesús, y dicen: “Que no lo hace con el dedo o el poder de Dios, sino con el dedo, el poder o el arte de beelzebú, el príncipe de los demonios”, (según la idea que se tenía en el judaísmo primitivo). Jesús rechaza esta idea de sus detractores por absurda y dirá: “Si Él echa, si Él expulsa de la vida de un hombre al demonio, no lo hace por el poder del demonio, sino por el poder de Dios, porque si lo hiciera, expulsar al demonio por el poder del demonio, es que el mismo demonio estaría dividido e iría a la ruina”.
Me pone a pensar esta expresión: “Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina”, y pienso en tantas divisiones en nuestra sociedad, en nuestro mundo: la guerra, la violencia, las ambiciones de dictadores de turno que no faltan, como están acabando con la humanidad, como en esa explotación de la naturaleza estamos forzando y acelerando un cambio climático cuyas consecuencias no alcanzamos a vislumbrar. Descubramos como en la misma Iglesia, a veces divisiones internas, críticas abiertas de unos frente a otros, obispos con obispos, sacerdotes con sacerdotes, religiosas con religiosas, laicos y en general comunidad eclesial contra el Papa, no fortalece para nada a la Iglesia que debe ser un signo de luz y de salvación para el mundo de hoy, según lo que nos decía Jesús en Juan capítulo 17, “Pidiendo al Padre Dios que todos en la Iglesia vivamos en unidad y seamos uno, para que el mundo crea”. Pero hoy prima la división, la confrontación, la polarización y como dice Jesús: “Toda sociedad, toda expresión de familia dividida o de iglesia dividida, va a la ruina”. Y Jesús continuará reflexionando y diciendo: “Si yo expulso el mal, no por el poder del mal, beelzebú, sino por el poder de Dios, entonces es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios”.
Y luego colocará un ejemplo que nos pone a todos nosotros a pensar, Jesús coloca la comparación de dos hombres fuertes, bien armados y en clara pelea. Dirá Jesús: “Que ganará la pelea el más fuerte y desalojará de la casa al otro (que es el caso del diablo), que es vencido por el poder del más fuerte, (que en este caso es Jesús) y todos los que creamos y sigamos a Jesús”. Por eso, de manera clara y tajante dirá: “El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama”.
Hoy pregúntate, si en esta lucha contra el mal, contra la mentira y la manipulación que observamos en tantas personas, instituciones, estructuras y medios de comunicación, si nosotros estamos del lado de Dios, de la verdad, de la luz, o estamos del lado de beelzebú, de la oscuridad, de la mentira. Hoy te invito para que replantees tu vida y no son las divisiones, los discursos de odio de algunos gobernantes, enfrentando hombres contra hombres, mujeres contra mujeres, hombres contra mujeres, mujeres contra hombres, ricos contra pobres, pobres contra ricos, empleados contra empleadores, empleadores contra empleados, jóvenes contra viejos, viejos contra jóvenes. En un ser humano que busca dividir, polarizar, confrontar mediante el discurso del odio, del resentimiento, hay clara manipulación, hay clara acción del poder del mal, pero no está la verdad. La gran diferencia entre la Iglesia y muchas ideologías que dicen buscar la justicia, que dicen buscar la igualdad, que dicen buscar el bien para todos, es que la Iglesia y el evangelio en que se inspira la Iglesia busca todo este ideal humano del Reino por el camino del amor, del perdón y la fraternidad, y algunos líderes del mundo, gobernantes, y algunos ideólogos e ideologías, buscan este camino de justicia y de reivindicación social a través de la violencia, a través de la confrontación, a través del resentimiento y del odio humanos. Nada más lejano al mensaje del evangelio, nada más lejano al mensaje del Reino de los Cielos, que el odio, la división, la confrontación, que como señala muy bien Jesús: “Al final termina destruyendo al hombre y llevándonos a todos a la ruina”.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.