¡El gran milagro!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-07-30T20:53:35Z
dc.date.available2024-07-30T20:53:35Z
dc.date.issued2024-07-28
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Empezamos durante varios domingos, a leer de manera continua, el llamado Discurso del Pan de Vida, contenido en el capítulo 6 del evangelio según san Juan. Empezaremos leyendo el gran milagro de la multiplicación de los panes y los peces, que dará portentosa y maravillosamente a una multitud hambrienta, cuando había una precariedad de un pan, un par de panes y unos pocos peces para repartir entre miles y miles de hombres y mujeres hambrientos. Pero ¿qué ocurrió en aquel lugar?, ¿por qué este milagro impresionó tan fuertemente a la comunidad cristiana naciente, hasta tal punto que este milagro está relatado dos veces en el evangelio de Mateo, dos veces en el evangelio de Marcos, una vez en el evangelio de Lucas y una vez en el evangelio de Juan, aunque con un sentido más teológico, más alegórico y si se quiere, más profundo? Saquemos a partir de este texto evangélico de las lecturas de este domingo, grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, el hombre, la mujer de hoy, de ayer y de siempre, somos unos eternos hambrientos, Dios nos creó no como seres autosuficientes, sino por el contrario, como seres precarios, necesitados, hambrientos de pan, sedientos de agua, necesitados de sueño, de oxígeno, de descanso. El ser humano no es permítanme la expresión, un ser, una máquina completamente autosuficiente, sino que todos necesitamos complementarnos, vitalizarnos, nutrirnos, fortalecernos. Así nos hizo Dios a todos los seres orgánicos y es una gran sabiduría entender, que, así como necesitamos del pan material cada día y varias veces al día, necesitamos del pan espiritual en nuestra alma cada día para fortalecernos, para nutrirnos, para no dejar debilitar nuestro espíritu interior. Esto lo digo muy a propósito de la expresión evangélica de Jesús: “No solo, no solo de pan, de comida vive el hombre, sino también de toda palabra, y podríamos decir de todo pan divino que sale de Dios”. Y es aquí donde viene una segunda expresión o una segunda sabiduría en el evangelio de hoy, y es que de la precariedad y desde la limitación de un par de panes y unos pocos peces, de allí brota toda la abundancia de Dios por la acción de Jesús, que toma el pan, lo bendice, da las gracias en un gesto que anticipa un poco la Eucaristía, el pan de la vida y sobra en abundancia, tanto que se llenan muchos canastos con las sobras de lo que la gente ha dejado y lo ha dejado porque han comido hasta quedar llenos, hasta el hartazgo, hasta quedar repletos. Sólo Dios y nadie más que Dios y apréndelo de una vez para siempre en tu vida, de las limitaciones, de la pobreza humana saca riqueza, de la precariedad y la escasez humana sólo Dios extrae abundancia, pero para esto se necesita la fe. De la simplicidad de una pequeña hostia, el pan de Dios, está toda la potencia, el gran milagro de la vida divina que nos nutre, nos alimenta, nos fortalece, nos sana, nos libera y nos da la energía para avanzar seguros en el camino de la vida. Pero en un tercer momento o tercera sabiduría descubrimos, que este pan que Jesús da en este milagro, es la prefiguración, el anuncio anticipado del pan que dará a toda la Iglesia, a toda la humanidad, el pan de su propia vida, el pan eucarístico acompañado de una promesa que encontraremos en las lecturas de este capítulo 6 de san Juan en los próximos domingos, cuando nos dirá Jesús: “El que coma de este pan no volverá a tener hambre, el que coma de este pan no morirá para siempre, porque este es el pan de vida eterna para el mundo”. De hecho, podríamos decir, que la Eucaristía es el gran sacramento en esta vida temporal, porque sin ella la Iglesia no es el Cuerpo místico y vivo de Cristo, sin ella se pierde la sacramentalidad, la presencia de Cristo que genera vínculos profundos e irrompibles de comunión, común, unión, de comunidad, común, unidad de los creyentes. Lo he experimentado tantas veces en mi vida, personas de todas las nacionalidades, aun de diversas lenguas, pero por la misma fe, alimentados por el mismo pan de la Eucaristía consagrado en cualquier parte del mundo en una Misa, nos anima el mismo amor, la misma comunión, el mismo Espíritu a todos. Este es el gran milagro que hace que la Iglesia, no sea simplemente una institución mundial, una ONG (Organización no gubernamental prestadora de servicios asistenciales, de salud, educativos, de procesos de paz, reconciliación en la sociedad, formadora de valores humanos y demás). Somos el alma del mundo los creyentes, somos el alma del mundo, la Iglesia, somos el alma del mundo los bautizados que nos alimentamos cada día con el pan de la vida, el Pan de la Eucaristía, el pan de los ángeles, el pan de Dios. Terminamos nuestra reflexión, cuando en esta primera parte del capítulo 6 del evangelio según san Juan, la gente se admira al ver que han sobrado 12 canastos con los pedazos de los cinco panes de cebada y el par de peces, y la gente dice: “Éste es verdaderamente el profeta que debía de venir al mundo”, y nos dice que Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retira Él solo, a lo alto de la montaña. Es que Él no quería un reinado temporal, terrenal desde lo humano, sino que Él es rey de la verdad, y la verdad es que Él vive en el pan de la Eucaristía, que se nos da como alimento la manera más perfecta, para que el Pan de Dios viva en cada uno de nosotros. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 6, 1-15 Lectura del día de hoy 2 Reyes 4, 42-44 En aquellos días, llegó de Baal-Salisá un hombre que traía para el siervo de Dios, Eliseo, como primicias, veinte panes de cebada y grano tierno en espiga. Entonces Eliseo dijo a su criado: «Dáselos a la gente para que coman». Pero él le respondió: «¿Cómo voy a repartir estos panes entre cien hombres?» Eliseo insistió: «Dáselos a la gente para que coman, porque esto dice el Señor: ‘Comerán todos y sobrará’ «. El criado repartió los panes a la gente; todos comieron y todavía sobró, como había dicho el Señor. Salmo del día de hoy Salmo 145/ 144, 10-11. 15-16. 17-18 R. (cf. 16) Bendeciré al Señor eternamente. Que te alaben, Señor, todas tus obras y que todos tus fieles te bendigan. Que proclamen la gloria de tu reino y den a conocer tus maravillas. R. Bendeciré al Señor eternamente. A ti, Señor, sus ojos vuelven todos y tú los alimentas a su tiempo. Abres, Señor, tus manos generosas y cuantos viven quedan satisfechos. R. Bendeciré al Señor eternamente. Siempre es justo el Señor en sus designios y están llenas de amor todas sus obras. No está lejos de aquellos que lo buscan; muy cerca está el Señor de quien lo invoca. R. Bendeciré al Señor eternamente. Segunda lectura del día de hoy Segunda lectura - Ef 4, 1-6 Hermanos: Yo, Pablo, prisionero por la causa del Señor, los exhorto a que lleven una vida digna del llamamiento que han recibido. Sean siempre humildes y amables; sean comprensivos y sopórtense mutuamente con amor; esfuércense en mantenerse unidos en el Espíritu con el vínculo de la paz. Porque no hay más que un solo cuerpo y un solo Espíritu, como también una sola es la esperanza del llamamiento que ustedes han recibido. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que reina sobre todos, actúa a través de todos y vive en todos. Evangelio del día de hoy Jn 6, 1-15 En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos. Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: «¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?» Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: «Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan». Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: «Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?» Jesús le respondió: «Díganle a la gente que se siente». En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil. Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: «Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien». Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos. Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: «Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo». Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAnticipar el anuncio
dc.subjectDios extrae abundancia de la escasez
dc.subjectEucaristía
dc.subjectMultiplicación de los panes
dc.subjectPan espiritual
dc.subjectPan materia
dc.subjectPan vivo
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡El gran milagro!
dc.title.alternativePan de vida eterna

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