¡Dichoso quien confía en el Señor!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2023-07-17T15:18:29Z
dc.date.available2023-07-17T15:18:29Z
dc.date.issued2023-03-09
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES En lo personal, dos textos evangélicos y bíblicos, que me han impresionado profundamente, desde los primeros años de juventud, los años de formación en el seminario, son los textos que hoy encontramos a lo largo de la liturgia de este día, comencemos. El salmo primero, el protosalmo, entre los 150 cánticos contenidos en la Biblia, es una hermosa sabiduría, que llama: “Dichoso el hombre que ha puesto toda su confianza en el Señor”, y coloca un ejemplo casi poético: “El hombre que confía en Dios, es como un árbol plantado al borde del riachuelo, que da fruto sabroso y no sé marchitan sus hojas” y hace una promesa: “Todo lo que emprenda en la vida si lo hace confiando en Dios, tendrá un buen final”. Pero también este salmo primero hace una aclaración y dice: “Que el malvado, el impío, que no ha puesto su confianza en Dios, al contrario del árbol frondoso, será como paja que arrebata el viento” y afirmará el salmista: “Porque el Señor protege y cuida el camino del hombre justo, pero el camino del malvado acaba mal”. Repite hoy en tu corazón, esta promesa, bendición del salmo primero: “El hombre justo, el hombre recto de corazón, limpio en su alma, es protegido por Dios en los caminos que emprenda, pero el malvado, el intrigante, el calumniador, el dañado por dentro, el envidioso, por más que de momento, de momento triunfe en la vida, su camino termina mal”. En esta misma línea podemos encontrar la primera lectura y ese precioso texto de Jeremías, que llama: “Maldito al hombre que pone su confianza en el hombre y busca la fuerza de la vida en sí mismo ignorando a Dios por orgullo y con orgullo”, y afirmará Jeremías: “Que será como triste cardo en medio del desierto, estará en tierra salobre, inhóspita; por el contrario llama bendito al hombre que confía en el Señor y en Él pone toda su vida”, y repite lo que ya habíamos escuchado del salmo primero: “Será un árbol plantado junto al agua, que en la corriente echa raíces y cuando llega el tiempo de sequía no la sentirá, sus hojas estarán verdes y no se inquieta en tiempos de sequía porque no deja de dar fruto, confiando en Dios, como las raíces del árbol están en el agua”. Culminará Jeremías señalando una verdad, que en lo personal siempre me ha impresionado. El profeta afirmará: “No hay nada más enfermo y contradictorio que el corazón humano, ¿quién lo entenderá? ¿Acaso no te ha pasado, cómo ves la desconversión de una persona?, ¿cómo ves la traición de quién antes era fiel?, ¿cómo desarrolla ambiciones secretas?, ¿cómo pierde su honestidad y rectitud?, y dirá Jeremías: “Solo Dios sondea las entrañas, penetra el corazón humano para dar a cada uno según su conducta”. Hoy reconozcamos sabiamente, que el ser humano no lo conocemos atendiendo la famosa máxima de sabiduría popular: “caras vemos, corazones no sabemos”, tal vez moriremos de viejos y no dejaremos de llevarnos sorpresas, pensando o mejor descubriendo, que personas que creíamos amigas nos llevaban envidias secretas, resentimientos ocultos, ambiciones inconfesables. Pero pasemos al evangelio de hoy, el clásico, clásico texto del hombre rico Epulón llamado así por la tradición y el pobre Lázaro, de este texto de todos conocido saquemos tres enseñanzas para la vida. La primera, la muerte llega al pobre, la muerte llega al rico, es el destino final de todos y de ella nadie se escapa. Murió el mendigo y nos dice el texto los ángeles se lo llevaron al seno de Abraham y dice el evangelio murió el hombre rico y simplemente lo enterraron. En una segunda conclusión descubramos, que Lázaro y Abraham (permítanme la expresión) se despiertan, uno en un lugar de premio Lázaro, el otro en un lugar de castigo el rico Epulón, y nos dice precisamente que con Abraham símbolo del salvado del que está con Dios, se empieza un diálogo donde Abraham le dice al hombre rico: “Recuerda que recibiste muchos bienes en tu vida y no tuviste ojos para ver al pobre Lázaro; él en cambio recibió muchos sufrimientos y males, por eso él encuentra hoy consuelo, mientras que tú padeces y sufres”. Pareciera como que la vida eterna fuera un lugar de justicia y de compensación frente a las graves y grandes injusticias que hay en el mundo, donde las oportunidades no son ciertamente iguales para todos. Epulón el rico llamado así por la tradición, clama a Abraham para que Lázaro vuelva a la vida y hable a los hombres y les alarme, les alerte sobre el lugar de castigo terrible que les espera sí viven con dureza de corazón y de espalda al dolor y al sufrimiento del pobre, y Abraham simplemente le contesta: “Tienen la ley de Moisés, tienen el mensaje de los profetas” y aludiendo indirectamente a Jesús y no solamente a Lázaro le dirá: “No creerán si su corazón se ha endurecido aunque un muerto resucite”. Hoy descubramos como el mensaje central de este evangelio, precisamente el llamado que Dios nos hace, todos vamos a morir uno, hay un lugar de premio y de castigo o un espacio o un tiempo, una dimensión de premio y de castigo para todos dos, y tres hoy es el tiempo de escuchar a Dios, en la ley de Moisés en los profetas y sobre todo en Cristo Resucitado. No endurezcamos el corazón y no pongamos toda nuestra confianza en los bienes del mundo que no nos darán la salvación del alma, pongamos toda nuestra confianza solo en Dios. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BIBLICA DEL EVANGELIO Lucas 16, 19-31 Lectura del día de hoy Lectura del libro de Jeremías (17,5-10): Esto dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y busca el apoyo de las criaturas, apartando su corazón del Señor. Será como cardo en la estepa, que nunca recibe lluvia; habitará en un árido desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que alarga a la corriente sus raíces; no teme la llegada del estío, su follaje siempre está verde; en año de sequía no se inquieta, ni dejará por eso de dar fruto. Nada hay más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo conoce? Yo, el Señor, examino el corazón, sondeo el corazón de los hombres para pagar a cada cual su conducta según el fruto de sus acciones.» Palabra de Dios Salmo del día de hoy Salmo 1,1-2.3.4.6 R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos, ni entra por la senda de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los cínicos; sino que su gozo es la ley del Señor, y medita su ley día y noche. R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto a su tiempo y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin. R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor No así los impíos, no así; serán paja que arrebata el viento. Porque el Señor protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos acaba mal. R/. Dichoso el hombre que ha puesto su confianza en el Señor Evangelio del día de hoy Del santo evangelio según san Lucas (16,19-31): En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: – «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: – “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas. ” Pero Abrahán le dijo: – “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y además, entre nosotros y ustedes se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia ustedes no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros.” Él dijo: – “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: – “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Pero él le dijo: – “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán.” Abrahán le dijo: – “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto.”» Palabra del Señor
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dc.subjectEvangelio
dc.subjectBiblia
dc.subjectMuerte
dc.subjectJusticia
dc.subjectSan Lucas
dc.subjectEscuchar a Dios
dc.title¡Dichoso quien confía en el Señor!

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