¡Amar es obeder a Dios!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Juan 14, 21-26 Lectura del día de hoy Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 14, 5-18 En aquellos días, cuando en Iconio se produjeron conatos de violencia de parte de los gentiles y de los judíos, con sus autoridades, para maltratar a Pablo y a Bernabé y apedrearlos; al darse cuenta de la situación, huyeron a las ciudades de Licaonia, a Listra y Derbe y alrededores, donde se pusieron a predicar el Evangelio. Había en Listra, sentado, un hombre impedido de pies; cojo desde el seno de su madre, nunca había podido andar. Estaba escuchando las palabras de Pablo, y éste, fijando en él la vista y viendo que tenía una fe capaz de obtener la salud, le dijo en voz alta: «Levántate, ponte derecho sobre tus pies». El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos». A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio. Al oírlo los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando y diciendo: «Hombres, ¿qué hacen ustedes? También nosotros somos humanos de la misma condición de ustedes; les anunciamos esta Buena Noticia: que dejen los ídolos vanos y se conviertan al Dios vivo “que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen”. En las generaciones pasadas, permitió que cada pueblo anduviera su camino; aunque no ha dejado de dar testimonio de sí mismo con sus beneficios, mandándoles desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoles comida y alegría en abundancia». Con estas palabras, a duras penas disuadieron al gentío de que les ofrecieran un sacrificio. Salmo del día de hoy Salmo (115) 113 No a nosotros, Señor, sino a tu nombre da la gracia No a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre da la gloria, por tu bondad, por tu lealtad. ¿Por qué han de decir las naciones: «Dónde está su Dios»? R/. Nuestro Dios está en el cielo, lo que quiere lo hace. Sus ídolos, en cambio, son plata y oro, hechura de manos humanas. R/. Benditos sean del Señor, que hizo el cielo y la tierra. El cielo pertenece al Señor, la tierra se les ha dado a los hombres. R/. Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 21-26 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y el que me ama será amado mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?» Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que les he dicho». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES la primera lectura tomada del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos muestra la aventura evangelizadora de Bernabé y Pablo en la ciudad de Listra, cuando encuentran a un hombre sentado impedido de los pies, cojo desde el mismo momento de su nacimiento y por tanto nunca había podido caminar. Nos dice la lectura de Hechos de los Apóstoles, que escuchando las palabras de Pablo y fijando atentamente en él la vista, Pablo reconoce la fe, la sed espiritual que hay en este hombre, y le dice en voz alta: “Por tu fe levántate, ponte derecho sobre tus pies”; al instante, el hombre conmovido y creyendo plenamente en las palabras de Pablo, da un salto, y lo que había sido su parálisis, o el problema de sus pies desde que había nacido, es superado, comienza a andar y recupera plenamente la capacidad de movimiento, de locomoción; la gente al ver lo que Pablo, el milagro que había realizado, exclama en la lengua de Licaonia, los dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos, es más, trataron de rendir tributo de adoración y ofrecerles sacrificios rituales a Pablo y Bernabé. Pero ellos espantados por la ignorancia de la gente, les dicen de manera exhortativa, ¿qué hacen ustedes?, nosotros somos hombres de la misma condición de ustedes, les hemos anunciado este evangelio, esta buena noticia, que dejen los ídolos vanos y se conviertan al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y todo lo que hay en la tierra. Ellos, lejos de dejarse llenar de vanidades humanas por la ignorancia de los hombres, reorientan la fe espontánea del pueblo de Licaonia hacia el Dios verdadero, y en el fondo es una invitación a reconocer que cada evangelizador es un hombre o una mujer de barro con mil imitaciones, y que la palabra del hombre en este caso de Pablo al tullido “levántate y ponte en pie”, no tendría ningún efecto si no es por la obra de Dios y sobre todo, por la fe del enfermo. No nos equivoquemos, somos todos limitados y habrá que decir como el salmista: “Maldito el hombre que pone su confianza, su vida, su adoración en otro ser humano; bendito el hombre que pone toda su confianza y adora solo a Dios”. Pero pasemos al evangelio de san Juan en el capítulo 14 y escuchemos en nuestro corazón aquella exhortación de Jesús a nosotros a través de sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los obedece, los guarda, ese me ama”. En definitiva, Jesús nos propone de manera clara y tajante, ¡amar a Dios es obedecer a Dios! ¡Amar a Jesús es obedecer los preceptos y mandamientos que Jesús nos propone indicados por el Padre Dios! A renglón seguido afirmará: “Si ustedes cumplen mis mandamientos, mi Padre los amará, y yo también los amaré a ustedes”; así de simple, así de claro, así de contundente, si amamos a Dios y obedecemos sus mandatos, Dios Padre y Dios Hijo Jesucristo, nos amarán a nosotros, se manifestarán en nosotros, nos darán la nueva vida. Puede que vayas mucho a la Eucaristía, puede que reces muchas novenas o hagas también la oración mariana del rosario, pero si no obedeces los mandatos de Jesús, no muestras pleno amor a Dios, y basta recordar los principales mandatos o preceptos de Jesús cuando dice: “Mi gran mandamiento es este, que se amen los unos a los otros”. Si no nos amamos: si nuestro amor no es paciente, si nuestro amor no es capaz de escuchar, si nuestro amor no es comprensivo, si nuestro amor no es misericordioso, si nuestro amor no es capaz de perdonar, no estamos cumpliendo el gran mandato de Jesús de amarnos unos a otros como Él lo ha hecho con nosotros, y por tanto, no podemos pensar que Dios viva en nuestro ser. Solo amas a Dios si obedeces sus mandatos, y también dirá más adelante el evangelio de hoy: “El que no me ama, no guarda mis palabras, no sigue mi mensaje, no obedece mis preceptos”. En la misma enunciación primera en este momento de manera negativa, amar a Dios es obedecerlo, no amar a Dios es desobedecerlo. Hoy, no nos vayamos con engaños, mira tu vida a la luz de esta palabra y pregúntate: ¿busco justicia?, ¿busco crear fraternidad por entornos y ambientes de amor?, ¿soy luz para los demás? o, por el contrario, ¿soy un ser humano egoísta?, ¿codicioso de dinero?, ¿lleno de resentimientos, rabias y rencores?, ¿incapaz para el amor?, ¿cerrado en mi pequeño mundo de comodidades?, ¿amargado y a veces frustrado porque siento que en la vida no se me ha dado todo según mi capricho? Descubre, que amar a Dios es leer sus preceptos, guardarlos en el corazón y sobre todo obedecerlos, hacerlos vida en tu cotidianidad. Terminemos diciendo que Jesús a sus discípulos y en ellos a nosotros, les promete el Paráclito, el Espíritu Santo que el Padre enviará en su nombre, y será este Espíritu Santo el que les enseñe todo y les vaya recordando en el corazón las palabras de Jesús. Estamos en los tiempos neumatológicos o del Espíritu Santo Jesús ha partido hace 2000 años ascendiendo hacia el Padre Dios y cada uno desde la fe de la que es capaz, clame al Espíritu Santo pidiendo ser enseñado por ese Maestro interior y que Él nos vaya recordando todo lo que Jesús enseñó a los suyos hace 20 siglos. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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