¡Volver a ser niños!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Marcos 10, 13-16
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Sirácida 17, 1-13
El Señor formó de tierra a los hombres y los hace retornar a ella.
Les señaló un número contado de días y les dio dominio sobre las cosas de la tierra.
Les concedió un poder semejante al suyo y los hizo conforme a su propia imagen.
A todo viviente le infundió el temor a los hombres, para que éstos dominaran a las bestias y a las aves.
Les formó lengua, boca, ojos y oídos, y les concedió la mente para que pudieran razonar.
Los colmó de ciencia y sabiduría y les mostró el bien y el mal.
Con la luz de su mirada iluminó sus corazones, para hacerles ver la grandeza de sus obras y así alabaran su santo nombre y proclamaran sus maravillas.
Mayor sabiduría les concedió al darles en herencia la ley de la vida. Estableció con ellos una alianza eterna
y les dio a conocer sus mandamientos.
Los hombres contemplaron con sus ojos la grandeza del Señor y oyeron la majestad de su voz con sus oídos.
Les ordenó evitar toda injusticia y les dio preceptos acerca del prójimo.
La conducta de los hombres es patente a la vista del Señor, no puede ocultarse a su mirada.
El Señor le puso un jefe a cada nación, pero Israel es su pueblo predilecto.
Para el Señor, todas las acciones del hombre son tan claras como la luz del sol; sus ojos siempre están observando la conducta del hombre.
Palabra del Señor. Te alabamos Señor
Salmo de Hoy:
Salmo 102, 13-14. 15-16. 17-18
La misericordia del Señor dura por siempre.
Como un padre es compasivo con sus hijos,
así es compasivo el Señor con quien lo ama;
pues bien sabe él de lo que estamos hechos
y de que somos barro, no se olvida.
La misericordia del Señor dura por siempre.
La vida del hombre es como la hierba,
brota como una flor silvestre:
tan pronto la azota el viento, deja de existir
y nadie vuelve a saber nada de ella.
La misericordia del Señor dura por siempre.
El amor del Señor a quien lo teme
es un amor eterno,
y entre aquellos que cumplen con su alianza,
pasa de hijos a nietos su justicia.
La misericordia del Señor dura por siempre.
Evangelio del día de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 10, 13-16
En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.
Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.
Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La preciosa lectura del libro del Eclesiástico tomada del capítulo 17, nos muestra una serie de máximas de sabiduría que el ser humano nunca debería de olvidar para vivir rectamente de manera iluminada de cara a Dios. En efecto, la primera máxima o sentencia de sabiduría nos muestra: “Lo caducos que somos los seres humanos, del polvo de la tierra, del barro de la tierra hemos venido y al polvo, al barro de la tierra volveremos”.
Pero en un segundo momento y ratificando esta primera máxima, nos muestra como: “Dios nos ha creado con los días contados y un tiempo fijo para la existencia, lo que nos lleva a entender que la vida no es un bien eterno, permanentemente renovable, sino que se nos escapa cada día como el agua entre los dedos de las manos, y por eso debemos de aprovechar bien el tiempo que es amigo cuando se ha llevado una vida fecunda y se vuelve enemigo que atormenta y azota cuando el tiempo lo hemos dilapidado, malgastado, hemos vivido de manera estéril”.
En una tercera máxima de sabiduría que nos presenta el libro del Eclesiástico, nos muestra como: “Dios ha creado al hombre con autoridad, sobre todo, como lo ha revestido de una fuerza única como la suya, lo ha creado a su propia imagen”. Eso es verdad, tenemos una misión más alta que cualquiera otra criatura viviente sobre la faz de la tierra, precisamente por ser reyes y amos sobre toda realidad creada.
Pero en un cuarto momento encontramos como: “Dios nos ha dado discernimiento, juicio, inteligencia para distinguir entre el bien y el mal”. Es la libertad que es una bendición bien usada y, por el contrario, se convierte en una daga, en un puñal que nos daña la vida cuando la usamos mal. Aprendamos a discernir, a interpretar los signos de los tiempos, las decisiones humanas que convengan o no convengan, las amistades que escojamos, discernir entre el bien y el mal especialmente en este tiempo de la modernidad tardía, cuando al bien lo llamamos mal y al mal lo llamamos bien y lo normalizamos. Es muy importante esa ciencia, ese entendimiento, esa distinción entre el bien y el mal.
En una quinta máxima de sabiduría encontramos como: “Dios nos invita a reconocer que estamos llamados a gloriarnos, alegrarnos, agradecer todas las bondades que ha dado a nuestra vida, todas las maravillas que ha entregado a la creación, al mundo, para que nosotros las disfrutemos”.
En un penúltimo momento o sexta máxima de sabiduría nos señala el Señor como: “Crea una alianza eterna de amor con la humanidad, con el hombre, una alianza que se basa en la obediencia a sus decretos, a sus leyes divinas, que lejos de esclavizarnos, por el contrario, son camino de libertad, de entendimiento, de plenitud, de realización y felicidad de la vida”. Esto es bellísimo y hoy, cuando hay tantas ideologías, cuando hay tantos falsos profetas, cuando tantos líderes en el mundo pretenden decirnos es por aquí o por allá y debemos de seguir sus supuestas verdades, sólo en la ley de Dios que no pasa, que no es moda, que es eterna, que es sabia, que es perfecta, encontramos una alianza segura para una vida feliz.
Concluye este texto precioso de Eclesiástico, capítulo 17, señalando como: “Nuestra conducta humana siempre está puesta ante los ojos de Dios, por eso no obremos para quedar bien ante los hombres, sino que obremos y vivamos de cara a Dios que nos ve 24, 7, a cada momento y valemos es lo que somos realmente ante Dios, más allá de los aplausos o de las críticas humanas”.
Con razón el salmo responsorial de hoy nos invita a cantar: “Que la misericordia del Señor dura por siempre, pero sobre todo para aquellos que respetan sus leyes, que cumplen su alianza y que, si no se hace de esta manera, el hombre será como flor de un día, como hierba pasajera, no tendremos futuro en nuestra vida”.
Pero pasemos a hablar brevemente del evangelio de hoy, cuando nos muestra el evangelista Marcos el rechazo que los discípulos, por ignorancia, hacían de los niños a quienes se les miraba en la época de Jesús con algún desdén. Pero Jesús, enfadado con sus discípulos, acoge a los niños que nada poseen materialmente, que son ignorantes en todo, que son totalmente dependientes de sus padres y por tanto, pobres de corazón, que son con una gran apertura a la trascendencia, que son sencillos y mansos en su alma, que en definitiva son pequeños y pobres ante Dios en lo que se ha conocido como la infancia espiritual. Y Jesús nos invita a tener corazón de niños, a volver a ser como niños para entender el misterio de su Reino, porque un niño, a diferencia de un adulto, no ha perdido la capacidad de asombrarse, de maravillarse, de sorprenderse con la vida nueva, la vida divina.
Hoy reconozcamos que, si no tenemos alma de niños, no entraremos al Reino de los cielos. Cuando somos tan adultos en nuestros juicios, tan críticos y criticones, tan racionales y racionalistas, tan escépticos y cuestionadores con toda la fe en Dios, difícilmente podremos acoger la vida nueva, el amor único y extraordinario que Dios nos ha manifestado en su Hijo Jesucristo.
Señor, danos un corazón dócil, abierto, sensible, con capacidad de asombro y de novedad frente a las maravillas que tú regalas a nuestras vidas, danos tener corazón de niños.
Que el buen Dios te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.