¿Cómo manejas las tormentas de tu vida?

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 4, 35-41 Lectura del día de hoy Lectura de la carta a los hebreos (11,1-2.8-19): La fe es seguridad de lo que se espera, y prueba de lo que no se ve. Por su fe, son recordados los antiguos. Por fe, obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en heredad. Salió sin saber adónde iba. Por fe, vivió como extranjero en la tierra prometida, habitando en tiendas –y lo mismo Isaac y Jacob, herederos de la misma promesa–, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos cuyo arquitecto y constructor iba a ser Dios. Por fe, también Sara, cuando ya le había pasado la edad, obtuvo fuerza para fundar un linaje, porque juzgó digno de fe al que se lo prometía. Y así, de uno solo y, en este aspecto, ya extinguido, nacieron hijos numerosos como las estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas. Con fe murieron todos éstos, sin haber recibido lo prometido; pero viéndolo y saludándolo de lejos, confesando que eran huéspedes y peregrinos en la tierra. Es claro que los que así hablan están buscando una patria; pues, si añoraban la patria de donde habían salido, estaban a tiempo para volver. Pero ellos ansiaban una patria mejor, la del cielo. Por eso Dios no tiene reparo en llamarse su Dios: porque les tenía preparada una ciudad. Por fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac; y era su hijo único lo que ofrecía, el destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «lsaac continuará tu descendencia.» Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para hacer resucitar muertos. Y así, recobró a Isaac como figura del futuro. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 1,69-70.71-72.73-75 Nos ha suscitado una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza. R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo Y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días. R/. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado a su pueblo Evangelio del día de hoy Lectura del santo evangelio según san Marcos 4, 35-41: Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: «Vamos a la otra orilla.» Dejando a la gente, se lo llevaron en barca, como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón. Lo despertaron, diciéndole: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y dijo al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: «¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?» Se quedaron espantados y se decían unos a otros: «¿Pero quién es éste? ¡Hasta el viento y las aguas le obedecen!» Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Celebra hoy la Iglesia la memoria litúrgica de santo Tomás de Aquino, uno de los grandes teólogos que ha producido el segundo milenio del cristianismo. Durante siglos, todo el pensamiento sistémico de la teología se construyó a partir de la doctrina y de la suma teológica “obra Magna”, de santo Tomás de Aquino. Pero hablemos del Evangelio que nos ocupa, se nos habla por parte del evangelista san Marcos, como un huracán amenazaba la vida de los discípulos, olas gigantes llenaban la barca de agua en la que ellos estaban, y quería hundirla. De alguna manera, encontramos aquí una metáfora de lo que es la vida humana, a veces amenazada por vientos tormentosos, por vientos contrarios, que amenazan con hundir la barca de nuestra vida. Sentimos que hay tempestades en el alma, momentos de grandes contradicciones, experimentamos miedo y no sabemos qué hacer. Pero en un segundo momento, siguiendo la línea del evangelista, los discípulos claman a Jesús, que según el texto dormía cómodamente en la barca. Es difícil de creer, que en medio de las olas y el agua cayendo sobre la barca, Jesús pudiera dormir. Quizás se nos habla en un sentido metafórico, de cómo Jesús conserva la serenidad de su alma, no se turba, no se inquieta, no se llena de temores, porque su confianza está puesta en Dios. Dirá el evangelista Marcos, que los discípulos despiertan a Jesús, y su reclamo angustiado no puede reflejar más su estado de ánimo: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” Es el miedo del hombre, el que nos acompañado a lo largo de la vida, y el que muchas veces no sabemos superar por el camino de la confianza en Dios. Y es aquí donde entramos en el tercer momento, y el más importante de esta pequeña reflexión: Jesús se levanta, increpa las olas del mar, y viene una bonanza, una gran serenidad en el mar de Galilea. Pero a reglón seguido, Jesús que se ha mostrado como Señor naturaleza, Señor del cosmos, que domina las tormentas, reclama a sus discípulos: “¿por qué son tan cobardes?, ¿por qué tienen tanto miedo?, ¿por qué les falta tanto la fe?” Es un reclamo que hoy se dirige a nuestra vida, vivimos de sobresalto en sobresalto, de turbación en turbación, de miedo en miedo. El hecho de que compremos seguros de vida, de salud, de educación, de transporte de mercancías, seguro de carro, de las propiedades, de incendios, seguros para el futuro, en el fondo, cuando vivimos obsesionados con comprar pólizas de seguros, es porque en el fondo, nos sentimos inseguros, es la verdad del hombre. Pero nuestra seguridad no está tanto en una póliza de dinero que cubra una calamidad, nuestra seguridad es Cristo, por qué no tenemos fe, por qué dudamos tanto. Repasemos y que sea una tarea para cada uno de nosotros, leer precisamente la liturgia de hoy, la más hermosa página de toda la Biblia sobre la fe, la encontramos en la primera lectura del día de hoy, la carta a los hebreos capítulo 11, que empieza así: “La fe es la seguridad de lo que se espera y la prueba de lo que no se ve”. Pidámosle al Señor fortalecer nuestra fe, para que no vivamos con agobios, con miedos y sobresaltos continuos en nuestra vida. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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