¡Tu fe es en Cristo Resucitado!

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-09-21T02:43:38Z
dc.date.available2024-09-21T02:43:38Z
dc.date.issued2024-09-20
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Para algunos que afirman que todas las religiones son iguales, tendríamos que decir con claridad, que esto al primer golpe de vista puede ser cierto, porque en el fondo todas las religiones buscan la compasión, el amor y un sentido trascendente de la vida. Pero cuando acercamos el lente a cada una de ellas, descubrimos que el cristianismo, la fe en Cristo padecido, asesinado en una cruz y Resucitado por el Padre de los cielos, tiene unas especificidades únicas que la hacen totalmente distinta de otras propuestas religiosas en el mundo. Afirmemos, siguiendo al apóstol Pablo en la primera lectura de hoy, cuando cuestiona algunos porque no creen en la posibilidad y en la realidad de que podamos resucitar más allá de la muerte, y afirmará: “No se pueden llamar ustedes creyentes de verdad, porque si Cristo, una vez crucificado y asesinado en el patíbulo de la cruz, en la colina del Gólgota, no resucitó del sepulcro, nuestra predicación y nuestra fe es vana, inútil, estéril y vacía. Resultamos de alguna manera falsos testigos de Dios, porque, ¿cómo vamos a dar testimonio de un fallecido?, no tendría ningún sentido. Es que, si Cristo no ha resucitado, nuestra vida de pecado continúa en nosotros, porque no hemos sido redimidos por el don, misterio de su paso y Pasión, Muerte y Resurrección, y de alguna manera, nosotros no alcanzaríamos la vida eterna, seríamos los más desgraciados en esta tierra, una vida miserable”. Todo esto lo exalta y lo destaca el apóstol Pablo, para mostrar la centralidad de la fe de cada creyente en Cristo Resucitado. La experiencia sin embargo, como hombre, como cristiano, como sacerdote, me ha mostrado que muchísima gente, aunque dice creer en la resurrección de manera teórica o conceptual, en la vida práctica viven como si toda la fe cristiana hubiera acabado en viernes Santo y no hubiera llegado al domingo de Resurrección, a la Ascensión del Señor, al envío del Espíritu Santo, y en ese interregno de tiempo, Jesús como que no se hubiera aparecido a los apóstoles con Tomás, sin Tomás a María Magdalena y a numerosos testigos de su Resurrección. Hoy, en un mundo de pragmatismo, un mundo que quiere probar todo en laboratorio, todo lo quiere demostrar racionalmente, la fe en la resurrección supera largamente las lógicas racionalistas que sospechan y dudan de todo lo que no pase por el tamiz de la propia racionalidad, y nos muestra que la fe es una dimensión distinta y si se quiere, más alta, superior, por la cual nosotros alcanzamos la verdad más alta y es conocer, reconocer con emoción y lágrimas de agradecimiento, que la muerte no es la última realidad en la vida del hombre, sino que es la resurrección de la cual Cristo es el primero entre todos, que nos espera a los creyentes. La vida sin ocaso, la vida en plenitud, la vida en eternidad, la vida gozosa y gloriosa con el Padre de los cielos. Hoy te digo, por más que tengamos constatación de la enfermedad, de la vejez, de la muerte de los abuelos, los papás, seres queridos, de la misma enfermedad en nosotros, reconoce que esta vida biológica seguramente como organismos que somos, nacemos, crecemos, nos reproducimos, nos envejecemos y morimos; pero que la vida divina, la vida de Dios en nosotros, la vida interior, la vida de nuestra ánima o alma espiritual, está llamada a la eternidad, a la inmortalidad. Esto te tiene que dar una perspectiva de esperanza única, y cuando muera un ser querido piensa, él no ha muerto para siempre (como decía el gran obispo de Milán, san Ambrosio): “El cadáver que ahora contempláis no es real, esa muerte es aparente, la vida continúa”. O como decía Teresita de Lisieux a sus hermanas cuando agonizaba y las veía llorosas y tristes por su partida, les dice: “No lloren por mí, yo no muero por mi tuberculosis, yo entro en la verdadera vida”. Hoy, cuando aprendas a interiorizar, a internalizar, a apropiarte existencial y profundamente de esta realidad, la más honda de la fe cristiana que nos trae hoy el apóstol Pablo en la primera lectura, de que no morimos de manera definitiva, de que el cadáver es simplemente la constatación del final de la vida orgánica, pero no de la vida espiritual, que ella continúa. Cuando tengas una apropiación existencial profunda de que tu vida no termina con la muerte, tendrás más paz, menos temores, más alegría y sobre todo, más esperanza; porque el hombre que no cree, toda esperanza humana, se frustra, se estalla con el muro de concreto que es la muerte que nos silencia a todos, nos derrumba a todos, nos estalla a todos cuando no somos creyentes en la Resurrección. Que no seas una desgraciada, un desgraciado, que tu predicación no sea vana, que tu fe no sea estéril, que no continúes en la vida de pecado, porque Cristo crucificado en el Gólgota y asesinado allí por la crueldad de sus jueces, ha sido Resucitado por el Padre Dios al tercer día, y Él nos dice: “Si creen en mí, conocerán la verdadera vida, y traspasarán esa puerta misteriosa que los lleva a vivir la vida en plenitud, la vida verdadera”. Pasemos brevemente a detallar el evangelio de hoy y reconozcamos en Lucas como Jesús uno, es un itinerante que camina de ciudad en ciudad, de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, de villorrio en villorrio. Así nos pide a nosotros ser caminantes, itinerantes en la universidad si estamos en esa etapa de la vida, en el trabajo, con la familia, con los amigos. No nos guardemos la fe para nosotros, venzamos falsos respetos humanos, estamos llamados a anunciar a Cristo y la vida resucitada que Él nos ofrece a todos. Luego nos habla de que Jesús, además de itinerante, proclama la Buena Nueva del Reino, la civilización del amor de la que hablaba el Papa Pablo VI y que nos recuerda el gran mandamiento, un nuevo mandato: “Ámense unos a otros como yo les he amado”, y que nos habla de la vida en plenitud que es experimentar al Padre Dios y a su enviado Jesucristo, la vida del Reino que es una vida de paz, de amor, de justicia, de verdad, de gozo, de gracia. Recordamos la expresión: ¡Tu reino es vida, tu reino es verdad, tu reino es justicia, tu reino es paz, tu reino es gracia, tu reino es amor! Venga a nosotros tu reino, Señor. Y nos recuerda la buena nueva que Jesús anuncia a los suyos itinerante de aldea en aldea: “Que sólo se alcanza la vida, dando la propia vida y que, por el contrario, se pierde la vida cuando nos cuidamos demasiado a nosotros mismos, encerrándonos en nuestra zona o mundo de confort, bienestar y comodidades”. Terminemos hablando de que Jesús, uno, además de ser un itinerante, un caminante de aldea en aldea, de pueblo en pueblo, dos, además de anunciar una nueva vida, la del Reino de Dios, del amor, una vida eterna, el perdón de los pecados y el alcanzar la plenitud de la vida entregándola. Tres, Jesús forma una comunidad configurada o conformada por los apóstoles y por algunas buenas mujeres como María Magdalena, Juana esposa de Cusa, Susana y otras buenas mujeres que apoyaban a Jesús. Que no pase tu vida, uno, sin anunciar al Señor, dos, sin estar en distintos ambientes itinerante: la familia, los amigos, hablando de lo que Dios ha renovado en tu vida, y tres, sin formar pequeñas comunidades, no sólo de hombres, sino también de mujeres, porque algún día, por tu vejez y muerte, faltarás, pero que otros a los que les anunciaste la vida nueva de Cristo, continúen el mensaje que tú les has dado con tus palabras y sobre todo, que les has dado con tu propia vida. Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 8, 1-3 Lectura del día de hoy 1Co 15, 12-20: Si Cristo no ha resucitado, nuestra fe no tiene sentido. Hermanos: Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que decía alguno que los muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho si es verdad que los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo, se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Salmo del día de hoy Salmo (17)16, 1.6-7.8.15: Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor. Señor, escucha mi apelación, atiende a mis clamores, presta oído a mi súplica, que en mis labios no hay engaño. Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío, inclina el oído y escucha mis palabras. Muestra las maravillas de tu misericordia, tú que salvas de los adversarios a quien se refugia a tu derecha. Guárdame como a las niñas de tus ojos, a la sombra de tus alas escóndeme. Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia, y al despertar me saciaré de tu semblante. Evangelio del día de hoy Lc 8, 1-3: En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando la Buena Noticia del Reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.subjectAnunciar al Señor
dc.subjectDejar legado del amor de Dios
dc.subjectDar testimonio
dc.subjectHacer comunidad cristiana
dc.subjectMaravillas de Dios
dc.subjectVida eterna
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¡Tu fe es en Cristo Resucitado!
dc.title.alternativeVida en Cristo

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