¿La cosecha de tu vida es fecunda?

dc.contributor.authorFundación Amén Comunicaciones
dc.date.accessioned2024-07-30T20:00:00Z
dc.date.available2024-07-30T20:00:00Z
dc.date.issued2024-07-24
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La primera lectura nos presenta el comienzo del libro de Jeremías, que nos habla del llamado divino, que el Señor realiza de uno de los grandes profetas del antiguo testamento, y cómo lo ha elegido para sí desde antes de su nacimiento. En efecto nos dirá el texto bíblico: “Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré, te nombré profeta de las naciones”. Sin embargo, encontramos una reacción muy humana en Jeremías, y es su natural temor a cumplir la misión que Dios le ha encomendado, y empieza a poner objeciones. De hecho Jeremías afirmará: ¡Ay, Señor mío!, “Mira que no sé hablar, que soy un muchacho, una persona muy joven”, a lo que Dios ratifica su misión y el llamado de elección que ha hecho de Jeremías al decirle: “No digas soy muy joven, que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, proclamarás; no les tengas miedo a los reyes y a los gobernantes, que yo estoy contigo para liberarte, mira que yo pongo palabras en tu boca, hoy te establezco sobre pueblos y reyes, para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar”. Descubrimos cómo hay esa ambivalencia en el corazón humano, para responder o no el llamado de Dios. Esta primera lectura nos dispone para precisamente entender mejor, este capítulo 13 de san Mateo, que es el inicio del llamado Sermón Parabólico, las parábolas donde Jesús presenta el reinar de Dios, la lógica divina, la manera en que Dios instaura su forma de gobierno, su forma de vida en el mundo entero. Hoy nos presenta precisamente la parábola del sembrador, y nos presenta tres tipos de respuesta del ser humano, o podríamos decir del corazón humano, o afirmar más precisamente, tres tipos de terrenos que hay en la vida del hombre, (todos estériles): la semilla que es la Palabra de Dios, el llamado divino, la misión que tenemos que cumplir como la hizo Jeremías, puede tener respuesta o por el contrario, objeciones en el corazón humano, como lo tuvo en su momento el profeta Jeremías al decir: “Soy muy joven”, o como decimos en la semilla, que cae, uno, al borde del camino, dos, en terreno pedregoso, esto es, en medio de piedras, y tres, cuando hay zarzas, (lo que comúnmente conocemos como chamizos o maleza). Descubrimos la infecundidad, la esterilidad del corazón humano, pero también hay siempre una oportunidad para recapacitar, para volver a entender la misión que Dios nos ha dado a través de su Palabra, y entonces encontramos ya un corazón que es tierra fecunda, tierra fértil que puede producir 30 veces, 60 veces, 100 veces lo sembrado. Hoy, ante esta alternativa que nos presenta tanto la primera lectura del profeta Jeremías, como el comienzo del discurso parabólico, concretamente con la parábola del sembrador, descubre cuál es tu respuesta en la vida frente al llamado de Dios. ¿Es una respuesta mediocre, tibia, con objeciones?, o ¿es una respuesta extraordinaria en su generosidad, en el amor y la fidelidad al llamado que Dios nos pide de realizar una misión de servicio y de anuncio del Reino de los Cielos? Estoy convencido, que los santos y las santas que veneramos a lo largo de 2000 años en la historia de la Iglesia, fueron personas comunes y silvestres como nosotros, hombres y mujeres de a pie como nosotros, y solo se diferenciaron de nosotros, por la respuesta extraordinaria que, desde la fe, la esperanza y el amor, dieron al llamado a la elección que Dios generó en ellos. Hoy, 2000 años después de que Jesús ha pasado por esta tierra, nos sigue llamando a ti y a mí, en la vida matrimonial, en la vida consagrada, en la vida de laico, en la vida de la empresa, en la vida de estudiante, en la vida corriente, nos llama a ser proclamadores de la vida que Jesús quiere comunicarnos: ¡Vida de paz, vida de amor, vida de justicia, vida de humildad, la vida divina dentro de nosotros! Tú decides, si tu corazón, tu interior, tu naturaleza humana, quiere ser un terreno estéril, pedregoso, entre zarzas, al borde del camino y la semilla, la misión de Dios se queda a mitad del camino o simplemente no se realiza; o tú decides, si eres generoso, si tu corazón, si tu interior, si tu naturaleza humana se deja conducir por el espíritu y eres tierra fecunda para decirle sí al Señor. Que el buen Dios que no deja de llamarte cada día de tu vida, te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 13, 1-9 Lectura del día de hoy Jr 1,1.4-10: Palabras de Jeremías, hijo de Helcías, de los sacerdotes residentes en Anatot, territorio de Benjamín. Recibí esta palabra del Señor: -Antes de formarte en el vientre, te escogí, antes de que salieras del seno materno, te consagré: Te nombré profeta de los gentiles. Yo repuse: ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho. El Señor me contestó: -No digas «soy un muchacho», que adonde yo te envíe, irás, y lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte. -oráculo del Señor-. El Señor extendió la mano y me tocó la boca; y me dijo: -Mira: yo pongo mis palabras en tu boca; hoy te establezco sobre pueblos y reyes para arrancar y arrasar, para destruir y demoler, para edificar y plantar. Salmo del día de hoy Salmo (71) 70,1-2.3-4a.5-6ab.15ab.17: Mi boca cantará tu salvación, Señor. A ti, Señor, me acojo: no quede yo derrotado para siempre; tú que eres justo, líbrame y ponme a salvo, inclina a mí tu oído, y sálvame. Sé tú mi roca de refugio, el alcázar donde me salve, porque mi peña y mi alcázar eres tú, Dios mío, líbrame de la mano perversa. Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. En el vientre materno ya me apoyaba en ti, en el seno, tú me sostenías. Mi boca contará tu auxilio, y todo el día tu salvación. Dios mío, me instruiste desde mi juventud, y hasta hoy relato tus maravillas. Evangelio del día de hoy Mt 13, 1-9: Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla. Les habló mucho rato en parábolas: -«Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó enseguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.identifier.urihttps://drive.google.com/file/d/1quzykeVVP6wT_bVNlmIxKkaCQEjLjzaE/view?usp=drive_link
dc.subjectCorazón fértil
dc.subjectLlamado de Dios
dc.subjectMisión de vida
dc.subjectRespuesta de Dios
dc.subjectRespuesta con objeciones
dc.subjectRespuesta extraordinaria
dc.subjectRespuesta generosa
dc.subjectRespuesta llena de amor
dc.subjectRespuesta llena de fidelidad
dc.subjectRespuesta marcada por la fe
dc.subjectRespuesta mediocre
dc.subjectRespuesta tibia
dc.subjectResponder con prontitud
dc.subjectBiblia
dc.subjectEvangelio
dc.title¿La cosecha de tu vida es fecunda?
dc.title.alternativeRespuestas para Dios

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