¡Hacia una nueva evangelización!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-09-26T15:15:54Z | |
| dc.date.available | 2025-09-26T15:15:54Z | |
| dc.date.issued | 2025-09-06 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Hacia una Nueva Evangelización! La primera lectura tomada de Pablo a los Colosenses, nos muestra que todo aquel que quiere hacerse amigo del mundo se vuelve en enemigo de Dios. Y sin darnos cuenta terminamos esclavos de una situación emocional, afectiva, psicológica, de una estructura interior que nos hace incapaces de salir adelante y de renovar la vida por nosotros mismos. Sentimos la impotencia interior para cambiar nuestra vida. Y con razón Pablo, en otro texto paulino, afirmará: “Hago el mal que no quiero, y dejo de hacer el bien que quiero realizar. Pobre de mí, que gobierna en mi ser la ley de la carne, que no la ley del espíritu”. Pero en esta primera lectura, Pablo nos anima y nos dice “que, por la muerte de Cristo, por su entrega en carne en la cruz, hemos sido reconciliados con Dios para ser admitidos en su presencia”. Y nos invita “a que permanezcamos cimentados y estables en la fe, inamovibles en la esperanza del evangelio que hemos escuchado”. En definitiva, la acción de Dios nos hace nuevas criaturas, nuevos hombres y mujeres, ser una renovación completa en nosotros a veces sin que nos alcancemos a dar cuenta. Con razón el salmo responsorial nos invita a reconocer ¡que Dios y solamente Dios es nuestro auxilio! Pero pasemos al evangelio de Lucas, “donde parece haber una discusión absurda, donde algunos fariseos cuestionaban a Jesús y a los suyos porque comían y se alimentaban de las espigas de los cultivos en día sábado, (una actividad que estaba prohibida por la ley desarrollada en las escuelas rabínicas, en las escuelas de los maestros judíos”. Jesús zanjará esta diferencia reconociendo “que el sábado, el día de descanso, de reposo y de alabanza a Dios, es una ley que tiene que estar al servicio del hombre y no el hombre esclavo de la ley”. En el fondo, reconozcamos que había una crisis de la estructura del judaísmo en tiempos de Jesús, porque se habían convertidos en verdaderos esclavos de una ritualidad vacía. Sólo el acento en ritos exteriores, sin una verdadera oración. El judaísmo en tiempos de Jesús era un legalismo religioso que estaba aún por encima del hombre y que lo llevaba simplemente a sentirse sobrecargado de un poco de imposiciones que no lograba cumplir. Finalmente, ese judaísmo había olvidado lo esencial: la justicia, el derecho, la compasión hacia el pobre, hacia el necesitado, hacia el explotado. Hoy hay algo de eso en nuestra Iglesia y tenemos que hacernos una autocrítica y reconocer como sacerdotes, como religiosas, religiosos, que estamos fallando, que la gente se ha distanciado de nosotros porque tal vez nuestras celebraciones se han vuelto demasiado rituales. Quizás como llegó a decir en su momento el Papa Francisco (ya fallecido): “Vivimos en una autorreferencialidad, en mirarnos al ombligo, en olvidar al mundo, a los hombres, sus necesidades. Y así nos hemos ido quedando solos, perdiendo sobre todo a la gente más joven que no entiende la manera religiosa, como nosotros presentamos la necesidad de relacionarnos con Dios”. Hoy se exige más allá de esas leyes vacías como la del Sabbat o la de un ayuno sin sentido, un diálogo con el mundo, un diálogo con las nuevas culturas, un diálogo con las nuevas sensibilidades. Quizás un lenguaje más existencial, más cercano al hombre de hoy. Hoy, con humildad, porque la Iglesia es humillada, no es tenida en cuenta, es marginada de grandes bloques de la sociedad. Hoy, con humildad, tenemos que aprender a escuchar a los demás, a valorar y a criticar positivamente los valores, los principios de hoy, a reflexionar y hacer discernimiento en nuestra vida. “Es importante presentar el evangelio con nuevo ardor, con nuevas expresiones, con nuevas formas”, (como lo decía en su momento Juan Pablo II). Hay que tener el valor profético de la denuncia, pero hacerlo con amor. Denunciar la corrupción, el egoísmo, el pecado, la ambición, la superficialidad. Entretenidos en el mundo de la imagen, de la aceptación, los likes en las redes sociales; hablar de la globalización, de la indiferencia, hablar del pecado. Pero hay que hacerlo con amor. Hoy se nos exige en ese nuevo anuncio del evangelio un acercamiento al dolor de los hombres, acercarnos al pobre, al enfermo, al desempleado, al que la sociedad invisibiliza, a los viejos, a los tristes, a los depresivos, a los explotados, a los migrantes, a los encarcelados. Si la Iglesia y nosotros, hombres y mujeres de fe, nos quedamos en el formalismo de las leyes religiosas, perderemos la fuerza profética y testimonial que solo ofreció Jesús por su profunda cercanía humana, llena de compasión con el necesitado. Pero, además, uno, del valor profético, dos, del acercamiento al dolor humano. Hoy el mensaje del evangelio tiene que tener un sabor sapiencial. Presentar el evangelio como una sabiduría de vida, enseñar desde lo cotidiano, dejando atrás las grandes especulaciones y discursos teológicos, y mostrar el evangelio como una luz que nos ayuda a vivir mejor en el matrimonio, en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en la vida pública. Mostrar el evangelio como mensaje oculto, o mejor, con una sabiduría oculta que no desentrañamos fácilmente en una sociedad que entiende de ambiciones, de hacer dinero, de acumulación económica, de placer sin límites; pero no entiende de servicio, de amor comprometido, de entrega generosa, de misericordia con el equivocado. Este mensaje sapiencial hay que saberlo dar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo y no quedarnos en los legalismos de “si en sábado se podía curar o no, si en sábado se podía comer espigas de trigo o no”. Finalmente, a los evangelizadores del siglo XXI, más allá de nuestro valor profético y del anuncio con amor de la vida nueva en Jesús, además del acercamiento al dolor y a las angustias humanas, además de nuestro mensaje con sabor sapiencial, con sabor y sentido de vida, necesita, necesitamos los evangelizadores coherencia del testimonio, del ejemplo de nuestra vida. Tenemos que hablar, claro, pero que nuestras palabras vayan respaldadas con el testimonio del servicio, de la compasión, de la entrega, de la misericordia con los demás. Hoy se necesita nueva credibilidad frente a la Iglesia, cuando a veces nos ven tan distantes, tan desconectados de las realidades ordinarias, de las angustias cotidianas. Hoy se necesita un nuevo liderazgo en la Iglesia cuando la vida se ha vuelto tan pesada, se necesitan líderes. Siempre pienso que en 2000 años de historia y de evangelización no son los Papas, no son los obispos, no son las monjas, no son los sacerdotes, no son los laicos los que han jalonado 2000 años de historia. Han sido los santos Papas, las santas monjas, los santos sacerdotes, los laicos santos, los que han jalonado la historia de fe y de amor dentro de la Iglesia. Por eso el profetismo, el acercamiento al dolor humano, un mensaje más cercano y sapiencial y una coherencia en el testimonio de vida, urgen hoy, cuando a veces nos quedamos en el legalismo, el formalismo, la enunciación de principios como la ley del sábado en el evangelio de hoy. Pero no somos capaces de tocar profundamente la vida, el dolor, el corazón de los hombres y mujeres de hoy. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 6, 1-5 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Col 1, 21-23: Hermanos: Antes estabais también vosotros alejados de Dios y erais enemigos suyos por la mentalidad que engendraban vuestras malas acciones; ahora en cambio, gracias a la muerte que Cristo sufrió en su cuerpo de carne, habéis sido reconciliados y Dios puede admitiros a su presencia como a un pueblo santo sin mancha y sin reproche. La condición es que permanezcáis cimentados y estables en la fe, e inamovibles en la esperanza que escuchasteis en el Evangelio. Es el mismo que se proclama en la creación entera bajo el cielo, y yo, Pablo, fui asignado a su servicio. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 54(53), 3-4.6 Y 8 Dios es mi auxilio. Oh, Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder. Oh, Dios, escucha mi súplica, atiende a mis palabras. Dios es mi auxilio. Pero Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida. Te ofreceré un sacrificio voluntario dando gracias a tu nombre que es bueno. Dios es mi auxilio. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 6, 1-5: Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano. Unos fariseos les preguntaron: - ¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido? Jesús les replicó: - ¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados -que sólo pueden comer los sacerdotes-, comió él y les dio a sus compañeros. Y añadió: -El Hijo del Hombre es señor del sábado. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
| dc.identifier.uri | http://168.231.65.82:4000/handle/123456789/1051 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/1RJBI2GyuYPMpV_exJNHRNNgGHCrGO_i-/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Acercamiento | |
| dc.subject | Coherencia | |
| dc.subject | Dolor humano | |
| dc.subject | Evangelización | |
| dc.subject | Mensaje cercano | |
| dc.subject | Mensaje sapiencial | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Testimonio de vida | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Hacia una nueva evangelización! | |
| dc.title.alternative | Necesidades de la evangelización hoy |
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