¡Codicia!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-09-05T21:50:25Z | |
| dc.date.available | 2025-09-05T21:50:25Z | |
| dc.date.issued | 2025-08-03 | |
| dc.description | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO ¡Codicia! Los libros sapienciales en el Antiguo Testamento son una bella colección de textos que nos hablan a partir de máximas, sentencias, frases cortas, lo que es la vida. Y cuáles son las mejores decisiones para tomar a lo largo de nuestra existencia. Los libros de Job, Eclesiástico, Eclesiastés, Proverbios, Sabiduría, Cantar de los Cantares y concretamente los Salmos, forman esta colección de libros sapienciales cuya lectura meditada, cuya lectura orada recomiendo ampliamente. Hoy la primera lectura tomada del Libro del Eclesiastés o del Qohelet, nos habla de “que todo en la vida es vanidad de vanidades”. La palabra vanidad viene de lo que es vano, y vano “es lo que no tiene peso de realidad en sí mismo, sino que es pura apariencia”. Es como tratar de atrapar vientos, de tomar el humo que se esfuma entre los dedos de nuestras manos. El Libro del Eclesiastés afirmará, ¿qué saca el ser humano de todos los trabajos, afanes, fatigas y preocupaciones, que cada día bajo el sol atormentan su mente y su corazón? Y continuará afirmando: “De día su vida es sufrir y penar, de noche no descansa su mente perturbada”. Y concluirá diciendo: “También esto es vanidad, porque nos afanamos por realidades del mundo caducas, esto es, que terminan, y que al final no alcanzan a llenar el corazón humano, ni a dar respuestas definitivas en la vida”. En esa misma línea sapiencial se encuentra el salmo que la liturgia nos propone en este día, el salmo 89, cuando el salmista, orando a Dios, dirá: “Enséñanos a calcular el número de nuestros años para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?, ten compasión de tus siervos”. Hoy te interrogo. ¿Te has preguntado cuántos años de vida te quedan? Es más, podría preguntarte ¿cuántos años de vida útil, con lucidez, con salud, con claridad mental calculas que puedes tener? ¿Acaso no descubres que la vida es un suspiro?, o como dice el mismo texto bíblico: “Somos como la hierba que por la mañana nace y crece, y en la tarde se marchita y muere”. Pero siguiendo esta misma línea sapiencial de reflexión sobre el sentido de la vida, la segunda lectura de la Carta de Pablo a los Colosenses nos dice de manera directa: “Aspiren a los bienes del cielo, aspiren a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque han muerto con Cristo, y su vida con Él está escondida en Dios”. Y afirmará a renglón seguido: “En consecuencia den muerte a todo lo terreno que hay en ustedes: la fornicación, la impureza, la pasión, la avaricia, la codicia, que es una suerte de idolatría en el corazón humano”. Concluiría el texto de san Pablo afirmando: “No se mientan unos a otros, se han despojado del hombre viejo con sus obras, y se han revestido de la nueva condición que mediante el conocimiento se va renovando a imagen del Creador”. Tanto la primera lectura de Eclesiastés como el salmo 89 y la segunda lectura de Pablo a los Colosenses disponen nuestro corazón para entender el gran tema existencial que plantea el evangelio de Lucas en el capítulo 12 sobre la codicia humana. Algún autor espiritual, hablando de la codicia la define de manera muy simple y contundente “como el afán desmedido de riquezas, de bienes y posesiones materiales”. Otros, en cambio, extienden este concepto y hablan de la codicia, “no solamente como el afán obsesivo por poseer riqueza, sino el afán de estatus social y aun de poder y reconocimiento ante los demás”. Qué tontería dedicar la vida, los afanes, los cansancios, las fatigas, las luchas, la inteligencia, lo mejor de nuestras fuerzas, simplemente a acumular para saber que ese día definitivo, que a todos nos llegará el de la muerte, nada nos llevaremos, y aun las grandes riquezas que codiciamos y valoramos en el mundo, ni siquiera nos sirvieron para nuestra salvación. Ese es precisamente el tema del evangelio de hoy, cuando un hombre espontáneamente le pide a Jesús en la pelea, seguramente con algún hermano o algunos hermanos por la herencia de sus padres, le pide “que medie, que sirva de juez, de partidor, distribuidor de los bienes que los papás probablemente difuntos, habrán dejado”. Jesús le contesta: “Hombre, ¿quién me ha constituido en juez o en árbitro entre ustedes?” Y aprovecha esta conversación para decir con gran sabiduría no solamente al espontáneo que le habla, sino a los hombres de todas las generaciones: “Guárdense de toda clase de codicia”. Y afirmará: “Pues, aunque uno en la vida han de sobrado de bienes, dinero, riquezas, no depende el final de la vida y, sobre todo, la salvación de la misma, de ese dinero, de esos bienes, de esa riqueza”. Lo digo muy a propósito de las guerras comerciales, de las guerras arancelarias y de impuestos, las guerras aún bélicas con misiles y drones, guerras tecnológicas que hoy vivimos. En el fondo, muy en el fondo, en personas, en sociedades, en líderes políticos, en gobernantes lo que hay es una codicia, un afán desmedido por tener y poseer, lo que nunca en toda su vida, en diez años, en diez vidas, va a alcanzar a gastar o a utilizar. En el fondo, el afán de la riqueza es una falsa idolatría. Y colocará Jesús la parábola “del hombre agricultor que, teniendo una abundantísima cosecha con gratitud y quizás con alegría, reconoce que no tiene bodegas donde almacenar una cosecha tan grande. Piensa en derribar los graneros, en construir unos más grandes, en almacenar allí todo el trigo tan común en los tiempos de Jesús y algunos granos más”. Y luego se dice a sí mismo “alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea alegremente”. Podríamos decir en términos modernos “disfruta de la vida y del máximo bienestar, porque ya tienes el ahorro para toda tu existencia”. Pero culminará la parábola evangélica de Jesús afirmando: “Que Dios piensa de este hombre necio, insensato, tonto. Esta noche te van a reclamar la vida. Esa noche ese hombre iba a morir”. Y a renglón seguido, el evangelista Lucas se pregunta, colocando en labios de Jesús este interrogante ¿de quién será lo que has acumulado? Hoy, cuando pensamos y nos afanamos tanto por la jubilación terrenal, por la seguridad para la vejez, la seguridad en salud, la seguridad para los hijos, los nietos, para los seres queridos, te pregunto, el día de tu muerte allá en un cofre funerario, o quizás en una pequeña cajita con cenizas, lo que por 40, 50 años acumulaste ¿quedará en manos de quién? Y ¿acaso te servirá para presentarte ante Dios y tratar de “comprar la salvación de tu alma?” Hoy se nos invita a descubrir que la codicia del mundo, la codicia de los grandes líderes, la codicia de importantes empresarios, la codicia de hombres en las fuerzas armadas, aún en la Iglesia, han dañado tantos corazones. La codicia es una trampa donde pensamos que alcanzamos una superioridad existencial, una seguridad definitiva para nuestra vida, cuando en verdad es todo lo contrario. “El codicioso al final de su vida termina lleno de nada y vacío del todo que es Dios”. Concluirá la parábola evangélica con una enseñanza inmortal de Jesús cuando dice: “Pasará lo mismo que el hombre de la parábola que murió sin pena ni gloria, y perdió la salvación de su alma, si sólo acumulamos, atesoramos para nosotros mismos, para el mundo y no somos ricos ante Dios”. En el fondo, el Señor si quiere que acumulemos, el Señor si quiere que atesoremos. Pero lo diremos referido a otro pasaje evangélico: “No atesores en la tierra, sino en el cielo, donde la polilla no corroe, la herrumbre no llega, el ladrón no puede robar”. Hoy te pregunto para concluir esta reflexión: ¿eres rico ante los hombres solamente?, o ¿también eres rico ante Dios por tus buenas obras de amor, de compasión, de generosidad, de servicio? Viene a mi mente la imagen de un hombre muy rico que dedicó toda su vida a invertir, acumular, a guardar, inclusive a darse pocos lujos, pensando en que la alegría de la vida era tener y tener. Por allá, en la década de los 60 años le descubrieron un cáncer agresivo que en cuestión de seis meses lo mató. Le decía a su familia “me he equivocado, se me olvidó vivir simplemente por atesorar”. Vio cómo se apagaba su vida y ni aun todo el dinero que tenía le sirvió para recuperar su salud corporal y mucho menos para alcanzar la salvación de su alma. Que el Señor nos ayude a aprender esta gran lección de vida, y te bendigo. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 12, 13-21 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Qo 1, 2;2,21-23: ¿Qué saca el hombre de todos los trabajos? Vaciedad sin sentido, dice el Predicador, vaciedad sin sentido; todo es vaciedad. Hay quien trabaja con destreza, con habilidad y acierto, y tiene que legarle su porción al que no la ha trabajado. También esto es vaciedad y gran desgracia. ¿Qué saca el hombre de todo su trabajo y de los afanes con que trabaja bajo el sol? De día dolores, penas y fatigas; de noche no descansa el corazón. También esto es vaciedad. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 89, 2.3-4.5-6.12-13: Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Antes que naciesen los montes, o fuera engendrado el orbe de la tierra, desde siempre y por siempre tú eres Dios. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó, una vela nocturna. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo? Ten compasión de tus siervos. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación. Segunda Lectura: Col 3,1-5.9-11: Hermanos: Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto; y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria. Dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia, y la avaricia, que es una idolatría. No sigáis engañándoos unos a otros. Despojaos de la vieja condición humana, con sus obras, y revestíos de la nueva condición, que se va renovando como imagen de su creador, hasta llegar a conocerlo. En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres; porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 13-21: En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. Él le contestó: Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros ? Y dijo a la gente: Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes. Y les propuso una parábola: Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Afán desmedido | |
| dc.subject | Posesiones materiales | |
| dc.subject | Sabiduría | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Superficialidad | |
| dc.subject | Superioridad existencia | |
| dc.subject | Vacío de Dios | |
| dc.subject | Vicios | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
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| dc.title.alternative | ¿La codicia es una trampa? |
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