¡Alégrense!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 28, 8-15 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Hechos de los apóstoles 2,14.22-33 El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró: Judíos y vecinos todos de Jerusalén, entérense bien y escuchen atentamente mis palabras, a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante ustedes con los milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como ustedes mismos saben, a éste, entregado conforme al plan que Dios tenía establecido y previsto, ustedes lo mataron clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: Veía siempre al Señor delante de mí, pues está a mi derecha para que no vacile. Por eso se me alegró el corazón, exultó mi lengua, y hasta mi carne descansará esperanzada. Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos, ni dejarás que tu Santo experimente corrupción. Me has enseñado senderos de vida, me saciarás de gozo con tu rostro. Hermanos, permítanme hablarles con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo”, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”. A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo ha derramado. Esto es lo que están viendo y oyendo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 16(15), 1-2+5.7-8.9-10.11 (R. cf. 11a) Protégeme Dios mío, que me refugio en ti. Protégeme, Dios mío, que me refugio en Ti. Yo digo al Señor: Tú eres mi Dios. El Señor es el lote de mi heredad y mi copa, mi suerte está en tu mano. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Bendeciré al Señor que me aconseja, hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Por eso se me alegra el corazón, se gozan mis entrañas, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me abandonarás en la región de los muertos ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti. Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 28, 8-15 En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: Alégrense. Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. Jesús les dijo: No teman: vayan a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán. Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles: Digan que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras ustedes dormían. Y si esto llega a oídos del gobernador, nosotros nos lo ganaremos y los sacaremos de apuros. Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡Alégrense! Comenzamos en firme la llamada Octava de Pascua, la semana que hace eco del Gran Domingo de Resurrección y que pareciera tiene la misma fuerza celebrativa y litúrgica de este Domingo de Resurrección, extendido a lo largo de ocho días. De hecho, todos los evangelios de esta semana, sin excepción, nos hablarán de sendas apariciones de Jesús Resucitado a distintos personajes, especialmente la Magdalena y el grupo de los apóstoles en diferentes escenarios, para ratificar la centralidad de la fe en la Resurrección de Cristo, recordando, como claramente lo dice el apóstol san Pablo: “Si Cristo no hubiera resucitado, seríamos las personas más desgraciadas del mundo, porque seguiríamos a un muerto que fracasó en su proyecto de salvación de la humanidad, y nuestra fe sería vana, vacía, absurda”. Pero no es así ¡Cristo ha Resucitado! He aquí que en la primera lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles nos muestra como Pedro: Uno. Poniéndose de pie. Dos. Levantando su voz. Tres. Con toda solemnidad. Cuatro. Declara y pide que escuchen las palabras y anuncia de forma autoritativa, esto es, con autoridad, el llamado Kerigma Evangélico, que es la esencia, el núcleo mismo del mensaje salvador cristiano, que tiene fundamentalmente tres momentos. El primero, identificar a Jesús Nazareno como el hombre que, elegido por Dios, fue acreditado por sus milagros, por los prodigios y por los signos que Dios Padre realizó a través de Él y que ha sido entregado a manos de los hombres, según el plan que Dios tenía previsto, que Dios tenía establecido. Es la primera identificación en el kerigma cristiano como reconocer que ese Jesús que no solamente fue un maestro, un profeta, sino el Mesías de Dios, el elegido de Dios, el establecido, el previsto para que cumpliera su misión. Este y en un segundo momento, señalará Pedro con autoridad: “La comunidad judía lo ha desechado, lo ha rechazado matándolo en una cruz por manos de hombres malvados”. En el fondo es un mensaje no directo, sino directísimo, invitando a la conversión, al cambio del corazón y diciendo: “Un hombre que solo vino a hacer el bien, a practicar el amor, a servir a los demás, a compadecerse y ser misericordioso con los otros, fue asesinado clavándolo en una cruz por manos de hombres inicuos”. Pero concluirá el apóstol Pedro en un tercer momento del kerigma apostólico, del anuncio, del núcleo central de nuestra fe, diciendo: “Dios Padre ha Resucitado a Jesús para siempre, librándolo del dolor y del pánico que genera la muerte. Por cuanto no era posible que la muerte y el poder y el pánico y el sufrimiento que ella genera en el ser humano, que Jesús estuviera bajo su dominio. Él ha vencido el mayor mal humano que nos aterra a todos, la muerte”. Y aquí, de alguna manera se resume toda la fuerza del mensaje del Evangelio. Jesús vino para que, asumiendo el pecado de la humanidad, haciéndose Él pecado sin ser pecador, Él, atando el pecado en la cruz, imposibilitándolo, haciéndolo impotente nos ha alcanzado la libertad, vencer el sufrimiento, derrotar el mal del mundo, superar la muerte que nos aterra por la Resurrección que el Padre Dios ha obrado en su Hijo. Y dirá Pedro, desarrollando un poco esta idea “que ya desde David, el rey que también habló proféticamente, señalará, que, aunque él muera (y conocemos la tumba del rey David, el sucesor de David hablando del Mesías), el Cristo estaba previsto que debía resucitar de entre los muertos, y este Jesús, descendiente del rey David, el Padre Dios, lo ha resucitado”. Y concluirá Pedro diciendo: “Todos nosotros somos testigos”. Qué impresionante, poniéndose de pies, levantando la voz, hablando con toda solemnidad, declarando y pidiendo que escuchen sus palabras en una fórmula claramente autoritativa, significando que lo que va a decir es muy importante para la comunidad creyente y nos muestra cómo ese Jesús exaltado por la diestra de Dios, entiéndase por el poder de Dios, y habiendo recibido la promesa del Espíritu Santo que ha sido derramada en Él, ha vencido la muerte, y con ella nosotros estamos invitados también a seguir el camino de Jesús y a vencer la muerte. Con razón el salmo “pide protección a Dios y refugio en Él, tener siempre a Dios presente, alegrarse el corazón y las entrañas. Porque sabemos que Dios no abandonará al ser humano en la región de los muertos, y nuestra carne no conocerá la corrupción. Al contrario, Dios nos enseñará el sendero de la vida de alegría perpetua en su derecha, nos va a acompañar el corazón”. Pero pasemos brevemente al Evangelio de hoy de san Mateo, capítulo 28. Cuando las mujeres de Jerusalén marcharon a toda prisa del sepulcro en un sentimiento contradictorio de alegría y de temor, santo temor de Dios, al ver que la tumba estaba vacía. Y de pronto Jesús sale al encuentro de ellas y les dice: ¡Alégrense, alégrense! Hoy miles de años después, Jesús nos dice a cada uno en este lunes de Pascua: ¡Alégrense, llénense de júbilo, no se turben, no se preocupen! Ellas, turbadas con santo temor, pero también con profundo gozo, se acercaron a Jesús y en un gesto de profunda humildad, le abrazaron los pies, indicando que antes se postraron de cuerpo entero ante Él. Y les dirá: “No tengan miedo, vayan a comunicar a mis hermanos en Galilea que allí me van a encontrar en sucesivas y futuras apariciones, ya como Jesús glorioso, Jesús triunfante, Jesús Resucitado”. Pero mientras las sencillas mujeres de Jerusalén, quizá despreciadas por el machismo judío de la época, sintieron una profunda alegría y un santo temor de Dios. Atención a esto, los corruptos sumos sacerdotes y los corruptos guardias que custodiaban el sepulcro, al ver que en la noche la losa había sido corrida y que Jesús no aparecía, han corrido a contarle a sus superiores de lo que ha acontecido, y ellos con total falta de fe a diferencia de la fe de las mujeres, y con total mentira y engaño, a diferencia de la verdad y la luz que habían encontrado las mujeres de Jerusalén hablando con los sumos sacerdotes les dicen “que en la noche ha desaparecido el cadáver”. Y simplemente les dicen los sacerdotes judíos, preocupados por esto, “digan que sus discípulos fueron de noche y cuenten la historia, creen la falsa narrativa de que robaron el cuerpo mientras ustedes se dormían. Y si los van a regañar porque quedaron dormidos, nosotros nos ganaremos al gobernador y lo sacaremos de apuros y reciban esta cantidad de dinero y sigan nuestras instrucciones”. Y nos dice que esta falsa narrativa y el mundo siempre ha tenido falsa narrativa, sobre todo contra la Iglesia, leyendas negras. Esta falsa historia, esta falsa narración se ha difundido entre los judíos hasta el día de hoy. Este Evangelio es la parábola de la condición humana, mientras humildes y sencillas mujeres, con alegría y santo temor, postradas a los pies de Jesús Resucitado, se postran ante Él y lo adoran. Los soldados romanos paganos y los sacerdotes judíos descreídos frente a Jesús, traman, maquinan, engañan, mienten para negar la Resurrección de Cristo. Es la historia de todos los tiempos, siempre ha habido creyentes y siempre ha habido increyentes, suspicaces, prevenidos, que de alguna manera quieren ver lo que ha ellos en su ceguera, les conviene ver. Seguiremos mirando los preciosos evangelios de esta semana, pero créeme, Jesús no es una utopía. Una mentira no se sostiene por 2000 años, una mentira no se extiende por 200 naciones, una mentira no sobrevive a tantas persecuciones políticas, ideológicas, militares, depresiones y poderes humanos a lo largo de 20 siglos. Jesús es la gran verdad para la humanidad, por más que algunos a fuerza de dinero o de mentiras, quieran construir una narración distinta sobre la fe luminosa de Jesús Resucitado. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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