¡La noche cerrada!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Juan 6, 16-21
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Hechos de los Apóstoles 6, 1-7
En aquellos días, al crecer el número de los discípulos, los de lengua griega se quejaron contra los de lengua hebrea, diciendo que en el suministro diario no atendían a sus viudas. Los Doce convocaron al grupo de los discípulos y les dijeron:
No nos parece bien descuidar la palabra de Dios para ocuparnos de la administración. Por tanto, hermanos, escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría, y los encargaremos de esta tarea: nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la palabra.
La propuesta les pareció bien a todos y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás, Prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles y ellos les impusieron las manos orando.
La palabra de Dios iba cundiendo, y en Jerusalén crecía mucho el número de discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 33(32), 1-2.4-5.18-19 (R. 22)
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según san Juan 6, 16-21:
Al oscurecer, los discípulos de Jesús bajaron al lago, embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaún. Era ya de noche cerrada, y todavía Jesús no los había alcanzado; soplaba un viento fuerte, y el lago se iba encrespando. Habían remado unos cinco o seis kilómetros, cuando vieron a Jesús que se acercaba a la barca, caminando sobre el lago, y se asustaron. Pero él les dijo: Soy yo, no temáis.
Querían recogerlo a bordo, pero la barca tocó tierra en seguida, en el sitio a donde iban.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡La noche cerrada!
La primera lectura tomada del Libro de los Hechos de los Apóstoles, nos habla de la elección de los siete diáconos de la ciudad de Jerusalén, incluidos entre ellos Esteban, que será célebre, tristemente célebre, porque ante su fuego y su parresia espiritual e interior, se granjea la enemistad y el odio de las autoridades religiosas de Jerusalén, que lo llevarán a la postre al apedreamiento y a la muerte, convirtiéndose en el primer mártir de la Iglesia en tiempos del cristianismo, según nos señalarán las lecturas de los próximos días.
Nos dirá la primera lectura de hoy “que después de elegir a los siete diáconos para el servicio de los pobres y las viudas, los apóstoles oran por ellos y les imponen las manos. (En un signo muy antiguo que viene hasta el día, hasta los tiempos de hoy, cuando por la imposición de las manos entendemos la trasmisión de la fuerza del Espíritu Santo).
Reconocían los apóstoles que era inadecuado dedicarse a una actividad más alta que la oración y el servicio del anuncio de la Palabra encarnada, Cristo y que por eso debían designar servidores o diáconos para ayudar a los pobres, a las viudas en la ciudad santa de Jerusalén”.
Concluirá el texto de la primera lectura, señalando “cómo la Palabra de Dios allí, en la ciudad santa donde inició la fe, esa palabra divina iba creciendo y se multiplicaba el número de los discípulos”.
Pero pasemos al Evangelio de hoy, que venimos leyendo de manera meditativa desde hace algunos días, el capítulo 6 de san Juan.
En esta oportunidad nos habla el evangelista teólogo de categorías muy propias de él: día, noche, luz, oscuridad, que en el fondo hacen memoria de expresiones como el capítulo primero, prólogo del evangelista Juan, cuando habla de Cristo “como la luz que vino al mundo, a los suyos; pero ellos prefirieron la oscuridad y rechazaron a Cristo, rechazaron la luz”.
Pero luego habla en ese encuentro de los discípulos de Jesús en el mar de Galilea y en la travesía hacia Cafarnaúm, expresiones que nos ponen a pensar: “La noche cerrada, el viento contrario, el mar encrespado, el remar fatigosamente, y el encuentro final con Jesús”.
Estas expresiones no solamente aluden a un contexto geográfico y del cosmos, del tiempo nocturno, sino que podríamos entender la noche cerrada como una incapacidad para la fe, para reconocer a Jesús.
El viento contrario, el mar encrespado, nos habla de las pruebas o de las crisis que, en el alma humana, en no pocas ocasiones a lo largo de la vida se van formando. Y el remar 25, 30 estadios nos hablan de la fatiga y el cansancio que a veces experimentamos cuando incluso decimos espontáneamente ¿qué he ganado en la vida con fatigarme, con exigirme, con entregarme, con cansarme tanto? Siento que he remado a contracorriente y no avanzo en mi vida.
Pero apliquemos de manera pastoral y práctica todo este Evangelio y saquemos tres enseñanzas para nuestra vida.
La primera, la noche de la vida hoy, se manifiesta en el cansancio para luchar, para batallar, para avanzar, cuando a veces sentimos que nos abandonan las fuerzas.
Pero además del cansancio, experimentamos desánimo por nosotros mismos o aún desánimo por los demás, cuando encontramos la ingratitud, el engaño, la traición, el abandono y la utilización que otras personas han hecho, aprovechándose de nuestra buena fe, de nuestro corazón limpio, de nuestra rectitud en el obrar.
¿Quién de los que escuchan este mensaje en este momento no podrían levantar la mirada y decir yo he sido víctima de la ingratitud, la traición, el engaño, el abandono, el utilitarismo, la utilización conveniente y política de otras personas que supieron extraer mi jugo vital cuando había jugo en la propia vida?
Pero además del cansancio y del desánimo, la noche de la vida también se experimenta en cierta soledad, como un signo muy propio del mundo actual de la generación presente.
¿Tú a veces no has sentido cierta soledad en la misión evangelizadora?, ¿algún tipo de soledad en medio de tu familia o de tus amigos, porque no comprenden plenamente tu manera de pensar, de percibir el mundo? Porque es que los creyentes no siempre somos comprendidos por los demás.
Hoy reconoce que la mirada del hombre, de la mujer que creen en Cristo, es una mirada completamente distinta de la mirada que tienen los hijos del mundo, movidos por la vanidad, la codicia, el egoísmo, el propio interés.
Pero además, hay también cierta soledad en el ser humano de nuestro tiempo, cuando hay crisis del sentido de la propia vida, cuando en un momento de iluminación te preguntas ¿qué sentido, qué orientación, qué valor tiene mi vida frente a tantas batallas? Allí está explícita la expresión “la noche cerrada”, de la que nos habla el evangelista Juan.
Finalmente, sobre esta primera enseñanza podríamos hoy hablar de la soledad tecnológica que millones de personas y no solamente jóvenes experimentan cuando literalmente atrapados, su tiempo de vida secuestrado por la tecnología y concretamente por las redes sociales que a veces parecen antisociales, nos aíslan de la pareja, de los amigos, de la familia, nos aíslan de la educación, del estudio, nos aíslan en el trabajo, nos aíslan de nosotros mismos, de una conexión profunda con el yo y nos aíslan incluso de Dios.
Qué desafío es hoy la llamada soledad tecnológica, donde hay una hiperconectividad con el mundo digital, pero una total desconexión o desconectividad con la vida profunda.
Pero en una segunda aplicación pastoral, a veces nos sentimos como los discípulos en el Evangelio de hoy, remando en la noche con vientos contrarios, esto es remar contracorriente.
A veces experimentas que el mundo que conociste ha cambiado y que el mundo que ahora vives no es tu mundo, no son tus valores. De hecho, dices de manera espontánea “el mundo está al revés, los pájaros les disparan a las escopetas y no en la ley natural, las escopetas disparando a los pájaros”. Y dices ¿dónde han quedado los valores del respeto a la vida, la veneración por los mayores, el amor en fidelidad como una expresión máxima de un amor maduro?
¿Dónde han quedado los valores del servicio y la generosidad en el compartir fraterno, del sacrificio y la donación por los demás?, y repito, ¿sientes que el mundo que ahora vives no es tu mundo?
Hoy reconocemos que el Evangelio y la fe en Cristo no siempre es comprendida por tu familia, por los que llamas tus amigos y aun por la sociedad en general. Sin embargo, no podemos dejar de remar porque la verdad no se mueve por estadísticas, por la masificación, sino por comunión con Cristo, la comunión de vida con la verdad plena que es Jesucristo, cuando Él mismo dice: “Yo soy el camino, Yo soy la verdad y la verdad los hará libres”.
En un estadio de fútbol te masificas, en una manifestación política te masificas, en una organización empresarial te puedes masificar. Pero Dios no nos hizo para ser masas, sino para ser individuos, personas que estemos en comunión de amor, en comunión de vida, en comunión de fraternidad con los demás.
Hoy creemos que la comunión es masificarnos, pero no es verdad. Por eso nos da miedo pensando que faltamos a la comunión, salirnos de la verdad que el mundo a través de redes sociales, a través de los llamados influenciadores, nos venden como la gran felicidad de la vida.
Finalmente, en una tercera enseñanza, Jesús dice a los apóstoles y en ellos nos dice a todos nosotros 21 siglos después: “Estoy con ustedes, soy Yo, no tengan miedo”.
Y más allá de la noche cerrada, más allá del viento fuerte, del mar encrespado, más allá de remar 25, 30 estadios, más allá de cualquier realidad Jesús camina a nuestro lado. Y caminar en el mar es caminar en la fe, que nunca será terreno seguro desde la perspectiva humana, pero que es completamente firme desde la perspectiva de Dios.
Hoy di a tú alma, no estoy solo porque en la noche de mi vida Jesús es mi luz, porque en las crisis de mi existencia Jesús es mi fortaleza, porque en los engaños de mi historia Jesús es la gran verdad que ilumina mi vida personal.
Señor, enséñanos como creyentes a ser como el salmón, a remar siempre contracorriente, y allí, en la fuente, después de una vida entera remando río arriba y contracorriente, en la fuente, hontanar o manantial del río, allí, como hace este pez tan especial, desovar, colocar los huevos, la nueva cría para luego morir.
Es la tarea del creyente, la tarea del cristiano avanzar a contracorriente, dejar nuevos discípulos a la manera de los huevos del salmón, y allí, al final, entregar la vida.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.