¡Renueva tu vida, desde lo más profundo!

dc.contributor.authorFundación Amén Cominicaciones
dc.date.accessioned2023-12-01T22:12:58Z
dc.date.available2023-12-01T22:12:58Z
dc.date.issued2023-11-21
dc.descriptionTRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La Iglesia hoy hace memoria de la presentación de la Santísima Virgen María en el templo, según nos recuerda el protoevangelio de Santiago, (escrito apócrifo del siglo segundo), donde se relata que a la edad de tres años la niña María fue acompañada al templo, por sus padres san Joaquín y santa Ana, con el fin de que su corazón no se distrajera fuera del templo del Señor. Aquí lo más importante de esta fiesta, es mirar cómo la Virgen es consagrada al servicio del Señor Dios desde su infancia. Pero hablemos del evangelio que nos presenta hoy la liturgia y reconozcamos en este relato de san Lucas, que Zaqueo es modelo de aquella transformación interior, que todos debemos de realizar en nuestra vida. Ciertamente, constatamos en nuestro tiempo los grandes cambios en el mundo político, en el mundo social, cultural, tecnológico y científico. Sin embargo, haciendo eco de las palabras de Benedicto XVI, en el encuentro Mundial de Jóvenes en Colonia, (Alemania en el año 2005), hoy la gran revolución que necesita el mundo, no es necesariamente la revolución tecnológica, científica o cultural; sino la revolución del corazón, la revolución interior, la revolución del ser. Es que hoy, hemos construido la vida sobre el bien estar, el bien hacer, pero se nos ha olvidado trabajar el bien ser. El encuentro de Zaqueo con Jesús, marca un profundo itinerario de esa revolución del ser, hacia una vida más justa, más libre, más realizada, más plena. Detallemos. Primer momento, Zaqueo es un hombre cotidiano como nosotros, y pudiéramos decir un hombre pecador como nosotros, un hombre que se experimentaba insatisfecho con su vida y con su trabajo, como jefe de publicanos. En un segundo momento, reconocemos que en Zaqueo tiene que haber por lo menos una fe inicial en Jesús. Siendo él bajo de estatura, trataba de distinguir quién era Jesús que pasaba por aquel lugar; algo habría oído hablar de Él, a juzgar por ese interés en conocerlo. Y esa fe lo lleva a Zaqueo a tener valentía, a desmasificarse, a desuniformarse; él sabe que la masa de gente le impide ver a Jesús, por eso corre más adelante de la multitud, se eleva más allá de su baja estatura subiéndose a un arbusto de higuera para ver a Jesús. Rompe con el pensamiento dominante de las personas y empieza de alguna manera su conversión interior, empieza su encuentro con el Señor. En un tercer momento, al ver a Jesús, reconocemos que la iniciativa es del Hijo de Dios, mira a Zaqueo a los ojos y le dice: “Baja en seguida del arbusto”, no es sólo una acción física, externa o material. Él se baja en seguida, es el abajamiento humano; de alguna manera el camino de la humildad que nos lleva a salir de nuestras falsas seguridades materiales. Y Jesús le dice: “Hoy tengo que alojarme en tu casa”. Sabemos que para un judío el alojarse es entrar en la vida de otro, cuando invita a alguien a su casa le está dejando entrar en su propia vida. Cristo tiene esa claridad, de centrar la vida en nosotros para renovar nuestra existencia, Cristo tiene que entrar a nuestra casa interior para podernos renovar. Encontramos como en evangelios parecidos de otros días, en un cuarto momento, la oposición de la gente, el desánimo de la masa humana que critica a Zaqueo y a Jesús, dicen: “Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador”, como quien dice, usted ¿qué profeta puede ser?, su vida es un chiste, usted no va a cambiar a nadie. Pero en un quinto momento, encontramos más allá de las críticas y murmuraciones de los hombres y mujeres de su tiempo, la ruptura radical de Zaqueo con el desorden dominante en su vida. En efecto, nos dice el evangelista Lucas que puesto de pies, una actitud corporal que habla de compromiso personal, afirmará: “La mitad de mis bienes, la voy a dar a los pobres”. De lo que él estaba más apegado de su riqueza, por lo que había trabajado por años como cobrador de impuestos o publicano, ahora, con libertad frente a los bienes dice: “La mitad de mi fortuna la daré a los pobres, y si a alguien le he robado, si de alguien me he aprovechado cobrándole impuesto, le restituiré cuatro veces más”. Zaqueo sana su vida y sana su relación enferma, su relación codiciosa, su relación posesiva con el dinero, una relación que ha dañado tanto a nuestro mundo y que nos hace a veces personas pobres, por más que tengamos riqueza material. Esto nos tiene que invitar a nosotros a descubrir, que cuando dejamos alojar profundamente a Jesús en la casa interior, en nuestro corazón, Él puede hacer la renovación de la vida más impensable, más insospechada. Sólo Jesús muy dentro de nosotros, puede renovar profundamente nuestra vida. Termina en un sexto y último momento, mirando como se inicia una nueva vida, libre, vida sana, vida plena de Zaqueo. Y las palabras de Jesús no pueden ser más alentadoras: “Hoy ha llegado la salvación a esta casa”, pudiéramos decir hoy ha llegado la salvación a este hombre, Zaqueo, o podríamos afirmar también, hoy ha llegado la salvación a tu vida. Es que el Hijo del Hombre, y así culmina el evangelio de hoy, ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Señor, todos tenemos un poco o tenemos mucho de Zaqueo, danos la gracia de ser libres interiormente, de dejar alojarte a Ti en nuestro corazón, para renovar verdaderamente nuestra vida. Que el Señor te bendiga en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
dc.description.abstractREFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Lucas 19, 1-10 Lectura del día de hoy Del segundo libro de los Macabeos 6, 18-31 En aquellos días, Eleazar era uno de los principales maestros de la ley, hombre de edad avanzada y semblante muy digno. Le abrían la boca a la fuerza, para que comiera carne de cerdo. Pero él, prefiriendo una muerte honrosa a una vida de infamia, escupió la carne y avanzó voluntariamente al suplicio, como deben hacer los que son constantes en rechazar manjares prohibidos, aun a costa de la vida. Algunos de los encargados, viejos amigos de Eleazar, movidos por una compasión legítima, lo llevaron aparte y le propusieron que hiciera traer carne permitida, preparada por él mismo, y que la comiera haciendo como que comía la carne del sacrificio ordenado por el rey, para que así se librara de la muerte y, dada su antigua amistad, lo tratasen con consideración. Pero él, adoptando una actitud cortés, digna de sus años, de su noble ancianidad, de canas honradas e ilustres, de su conducta intachable desde niño y, sobre todo digna de la ley santa dada por Dios, respondió sin cortarse, diciendo en seguida: – ¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mí edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado, y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo. Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar una muerte noble y voluntaria, por amor a nuestra santa y venerable ley. Dicho esto, se fue enseguida al suplicio. Los que le llevaban, considerando insensatas las palabras que acababa de pronunciar, cambiaron en dureza su actitud benévola de poco antes. Pero él, a punto de morir a causa de los golpes, dijo entre suspiros: -Bien sabe el Señor, dueño de la ciencia santa, que, pudiendo librarme de la muerte, aguanto en mi cuerpo los crueles dolores de la flagelación, y que en mi alma los sufro con gusto por temor de él. De esta manera terminó su vida, dejando no sólo a los jóvenes, sino también a toda la nación, un ejemplo memorable de heroísmo y de virtud. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo 3: El Señor me sostiene. Señor, cuántos son mis enemigos, cuántos se levantan contra mí; cuántos dicen de mí: «Ya no le protege Dios.» El Señor me sostiene. Pero tú, Señor, eres mi escudo y mi gloria, Tú mantienes alta mi cabeza. Si grito invocando al Señor, Él me escucha desde su monte santo. El Señor me sostiene. Puedo acostarme y dormir y despertar: el Señor me sostiene. No temeré al pueblo innumerable que acampa a mi alrededor. El Señor me sostiene. Evangelio del día de hoy Del santo Evangelio según san Lucas 19, 1-10 En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: -Zaqueo, baja enseguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa. Él bajó en seguida, y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: -Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador. Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: -Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más. Jesús le contestó: -Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.
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dc.title.alternativeSaqueo

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