¿Qué frutos hay en tu vida?
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-03-21T17:23:22Z | |
| dc.date.available | 2025-03-21T17:23:22Z | |
| dc.date.issued | 2025-03-23 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES La impresionante lectura del Libro del Éxodo en el capítulo 3 como primera lectura litúrgica, nos presenta a Moisés ante Dios que ante el espectáculo de la zarza que arde sin consumirse, el Señor le pide descalzarse porque pisa tierra sagrada y se revela como lo que Él es: “Yo soy el que soy”. Ante el Dios de los patriarcas, de Abrahán, de Isaac y de Jacob, Dios dará una misión a Moisés: “Liberar a su pueblo Israel de la humillación, la opresión, la explotación, el sufrimiento de más de 400 años a manos de los egipcios”. Moisés supo dar frutos con su vida, supo responder al llamado de Dios y esto se le reputó para la salvación de su alma. Por su parte, en la segunda lectura, tomada de la primera carta de Pablo a los corintios en el capítulo 10, nos habla en figura del pueblo de Dios que peregrinó por el desierto, pero que muchos murieron antes de llegar a la tierra prometida de Canaán, porque fueron idólatras, construyeron becerros de oro, se alejaron del verdadero Dios y murmuraron en momentos de prueba y de crisis contra Dios, queriendo volver a su situación antigua de esclavos en Egipto, olvidando que Dios les proveyó agua de la peña y maná del cielo para que no les faltara el sustento diario para la vida. Estas dos lecturas nos preparan para entender mejor el capítulo 13 de san Lucas, donde se presentan dos episodios que impresionaron profundamente a los contemporáneos de Jesús. El primero de ellos, la muerte de unos ciudadanos galileos al norte de Israel, cuya sangre se mezcló con la de la sangre de los sacrificios rituales de animales que se ofrecían en el templo de Jerusalén. Pero también los impactó profundamente los 18 hombres que murieron aplastados cuando construían una torre en Siloé, cerca de la ciudad de Jerusalén y ellos se preguntan y cuestionan a Jesús ¿si eran más pecadores que los demás de su tiempo por haber tenido una muerte tan terrible? Jesús les aclara: “Que ellos no fueron más pecadores que nadie y que estas situaciones que han pasado en su vida podían pasarle a cualquiera, y que ellos, si no se convierten de corazón, también perecerán”. Saquemos enseñanzas para nuestra vida a propósito de estas lecturas. Y la primera de ellas es, no aplacemos más el día de nuestra conversión. Hoy se habla mucho de la procrastinación, aplazar en el estudio, en el trabajo, en el arreglo de la casa, en solucionar una situación llamando la atención o exhortando a la conversión de un hijo adolescente, procrastinamos, aplazamos indefinidamente, y la vida nos enseña que en tema tan serio y grave como es la salvación de la propia alma, de la propia vida, nosotros no podemos jugar. Con razón un autor espiritual afirmará: “Que la única gran tristeza que hay en la vida es la de no haber sido santos, entendiendo, la de no haber alcanzado la salvación eterna del alma”. Es que mientras vivimos nos podemos convertir, pero una vez muertos ya no hay nada que hacer. En este sentido cobra plena vigencia la expresión de san Agustín cuando habla: “De que la gravedad de matar a una persona no es sólo quitarle la vida, sino que un muerto ya no puede convertir su corazón a Dios, ya no puede cambiar de vida porque el tiempo se le ha terminado”. Esto me hace recordar una anécdota de una mujer maestra que suplicaba mi presencia para llevarle la unción de los enfermos a su esposo que había sido abaleado el día anterior y se encontraba hospitalizado. Y recuerdo que yendo a la clínica entré a la habitación y el hombre me miró con ojos de sorpresa, su esposa le dice: “Te he traído al sacerdote para que te confieses, pidas perdón de tus pecados y te aplique el sacramento de la unción de los enfermos”. Recuerdo que el hombre la miró como con rabia, como quien dice, “Usted por qué se mete en mi vida”. A renglón seguido tocan la puerta de la habitación y era el capellán de la clínica que estaba distribuyendo la Sagrada Eucaristía para los enfermos. Su esposa un poco apurada, le dice a su esposo: “Mira, a falta de uno, dos sacerdotes, Dios te está dando la oportunidad, confiésate y comulga”. Y nuevamente vi la mirada de rabia y de indignación de su esposo acostado en la cama de la clínica u hospital, como quien dice, “No sea metida, es mi vida, no me va a obligar a confesarme, ni a comulgar”. Y de manera cortés, pero también contundente, le dijo al padre capellán de la clínica: “Váyase, padre, que otro día comulgaré”, y a mí me dijo: “Gracias por venir, pero otro día me confesaré”. Pasó un día la señora vuelve a la parroquia, se acerca a mí después de la Eucaristía y lo primero que le pregunto es ¿tu esposo ahora si se quiere confesar y recibir la unción de enfermos? Y ella me dijo: “Padre, mi esposo murió en esta madrugada, ayer cuando usted lo visitó, era la mejoría de la muerte; no se confesó ni siquiera para casarse, qué dolor el que tengo”. Pienso en este hombre, a falta de uno, dos sacerdotes, el sacramento de la confesión, el sacramento de la Eucaristía, el sacramento de la Unción de los enfermos y todo lo rechazó, se confió en que la vida le daría una nueva oportunidad, pero no fue así. Hoy aprende que la vida es hoy, que lo único cierto que tenemos es este día, que tendremos que decir como los abuelos: “Nos vemos la otra semana Dios mediante o si Dios quiere”, que hoy hemos prepotentemente pensado que tenemos una vida larga por delante para disfrutar, pero no tenemos ninguno la certeza de que el mañana llegará. Pero en una segunda enseñanza vemos la severa advertencia de Jesús cuando dice no una, sino dos veces a propósito de los galileos y de los trabajadores que fueron aplastados por la torre de Siloé: “Que, si nosotros no convertimos nuestro corazón, no cambiamos la vida, pereceremos de la misma manera como perecieron esos hombres”. Hoy siente que esta palabra es dirigida a ti y a mí, buenos y malos, santos y pecadores, no estamos exentos de padecer pruebas, catástrofes y no lo tomemos ni mucho menos como un castigo, pero sí hagamos discernimiento, si Dios nos está llamando a una conversión, a un cambio en la vida y entiéndelo, entiéndelo que Dios en su pedagogía divina y paciente, nos invita a renovarnos, a convertirnos, a cambiar nuestro corazón. En una tercera y final enseñanza encontramos la hermosa parábola de la higuera estéril, que por tres años algunos estudiosos hablan el tiempo que Jesús predicó públicamente, tres años, le da este tiempo a la higuera de producir frutos, y sin embargo, son sólo hojas, pero no ha producido higos dulces y sabrosos. Ante la pregunta del trabajador ¿acabamos con la higuera, la cortamos.? El viñador, imagen de Dios con paciencia, compasión y misericordia, invita al trabajador: “A cavar alrededor de la raíz de la higuera, a echarle abono, estiércol y a esperar un año más a ver si da frutos, de lo contrario si habrá que cortarla”. Esta parábola nos enseña que Dios es misericordioso, pero también su paciencia tiene un límite, estamos advertidos, Dios amorosa y pacientemente espera nuestra conversión, pero la paciencia de Dios no es eterna y si no damos frutos de conversión, de ser mejores seres humanos, menos codiciosos, más justos, menos ambiciosos, más generosos, menos egoístas, más serviciales con los demás, también pereceremos. La vida, los dones, los talentos, los carismas que has recibido, se te han dado no de manera gratuita y para tu beneficio personal, sino que se te han dado claro, libremente por el Señor, pero para dar frutos de justicia y de bien y bondad sobre la comunidad, sobre tu familia, sobre los demás. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Lucas 13, 1-9 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Ex 3, 1-8a.13-15: En aquellos días, pastoreaba Moisés el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián; llevó el rebaño transhumando por el desierto hasta llegar a Horeb, el monte de Dios. El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés se dijo: voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza: Moisés, Moisés. Respondió él: aquí estoy. Dijo Dios: no te acerques; quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Moisés se tapó la cara, temeroso de ver a Dios. El Señor le dijo: he visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a librarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra, para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel. Moisés replicó a Dios: mira, Yo iré a los israelitas y les diré: el Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntan cómo se llama este Dios, ¿qué les respondo? Dios dijo a Moisés: «Soy el que soy». Esto dirás a los israelitas: «Yo-soy» me envía a vosotros. Dios añadió: esto dirás a los israelitas: el Señor Dios de vuestros padres, Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob, me envía a vosotros. Este es mi nombre para siempre: así me llamaréis de generación en generación. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal (103)102, 1-2.3-4.6-7.8.11 El Señor es compasivo y misericordioso. Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. El Señor es compasivo y misericordioso. El perdona todas tus culpas, y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor es compasivo y misericordioso. El Señor hace justicia y defiende a todos los oprimidos; enseñó sus caminos a Moisés y sus hazañas a los hijos de Israel. El Señor es compasivo y misericordioso. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; como se levanta el cielo sobre la tierra, se levanta su bondad sobre sus fieles. El Señor es compasivo y misericordioso. Segunda Lectura: 1Co 10, 1-6.10-12: Hermanos: No quiero que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar y todos fueron bautizados en Moisés por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca espiritual que les seguía; y la roca era Cristo. Pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros, para que no codiciemos el mal como lo hicieron nuestros padres. No protestéis como protestaron algunos de ellos, y perecieron a manos del Exterminador. Todo esto les sucedía como un ejemplo: y fue escrito para escarmiento nuestro, a quienes nos ha tocado vivir en la última de las edades. Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga. Palabra de Dios. Te alabamos Señor Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 1-9: En aquella ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera. Y les dijo esta parábola: uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde? Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás. Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús | |
| dc.identifier.uri | http://72.167.44.240:4000/handle/123456789/881 | |
| dc.identifier.uri | https://drive.google.com/file/d/14UzxU8AMSLYjLxgVLQ5ahKNPuFPTF2sE/view?usp=drive_link | |
| dc.subject | Cambio | |
| dc.subject | Conversión | |
| dc.subject | Dios busca tu salvación | |
| dc.subject | Llamada de Dios | |
| dc.subject | Misericordia | |
| dc.subject | Necesidad de cambio | |
| dc.subject | San Lucas | |
| dc.subject | Seguir los caminos del Señor | |
| dc.subject | Volver a Dios | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¿Qué frutos hay en tu vida? | |
| dc.title.alternative | Conversión |
Files
License bundle
1 - 1 of 1
Loading...
- Name:
- license.txt
- Size:
- 1.71 KB
- Format:
- Item-specific license agreed to upon submission
- Description: