¡La Transfiguración del Señor!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 9, 2-10 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: Gn 22, 1-2.9-13.15-18: El sacrificio de Abrahán, nuestro padre en la fe. En aquellos días, Dios puso a prueba a Abrahán, llamándole: -«¡Abrahán!» Él respondió: -«Aquí me tienes.» Dios le dijo: -«Toma a tu hijo único, al que quieres, a Isaac, y vete al país de Moria y ofrécemelo allí en sacrificio, en uno de los montes que yo te indicaré.» Cuando llegaron al sitio que le había dicho Dios, Abrahán levantó allí el altar y apiló la leña, luego ató a su hijo Isaac y lo puso sobre el altar, encima de la leña. Entonces Abrahán tomó el cuchillo para degollar a su hijo; pero el ángel del Señor le gritó desde el cielo: -«¡Abrahán, Abrahán!» Él contestó: -«Aquí me tienes.» El ángel le ordenó: -«No alargues la mano contra tu hijo ni le hagas nada. Ahora sé que temes a Dios, porque no te has reservado a tu hijo, tu único hijo.» Abrahán levantó los ojos y vio un carnero enredado por los cuernos en la maleza. Se acercó, tomó el carnero y lo ofreció en sacrificio en lugar de su hijo. El ángel del Señor volvió a gritar a Abrahán desde el cielo: -«Juro por mí mismo -oráculo del Señor-: Por haber hecho esto, por no haberte reservado a tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa. Tus descendientes conquistarán las puertas de las ciudades enemigas. Todos los pueblos del mundo se bendecirán con tu descendencia, porque me has obedecido.» Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Sal 116(115), 10.15.16-17.18-19: Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Tenía fe, aun cuando dije: «¡Qué desgraciado soy!» Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas. Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando tu nombre, Señor. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo, en el atrio de la casa del Señor, en medio de ti, Jerusalén. Caminaré en presencia del Señor en el país de la vida. Segunda Lectura: Rm 8,31b-34: Dios no perdonó a su propio Hijo. Hermanos: Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? ¿Dios, el que justifica? ¿Quién condenará? ¿Será acaso Cristo, que murió, más aún, resucitó y está a la derecha de Dios, y que intercede por nosotros? Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según san Marcos 9, 2-10 En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, subió aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube: «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo». De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos. Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES El libro del Génesis capítulo 22, nos presenta uno de los más emotivos e impactantes pasajes de toda la Sagrada Escritura, sobre el tema de la fe incondicional de un hombre, que confiado en la promesa de Dios más allá de la esterilidad y la vejez de su esposa y de él mismo, tienen un hijo, Isaac; y cuando él, el hijo, es el destinatario de la promesa que representa una descendencia tan numerosa como las estrellas de los cielos, como las arenas de las playas de los mares, Dios pide a Abrahán una solicitud insólita, imposible de concebir. Le dice: “Que lleve a su hijo a la colina de Moriah o Moriá, y que allí, según la costumbre de los viejos tiempos, lo ofrezca en holocausto, en sacrificio ritual a su hijo”. ¿Qué pudo sentir el viejo patriarca Abrahán, ante semejante pedido, un hijo que parecía un nacimiento imposible, porque había venido en la pura vejez de él y de Saraí su esposa?, ahora Dios le pedía ofrecérselo, sacrificar su vida. Sin embargo Abrahán confiado en las promesas de Dios, creyó y esperó más allá de toda fe y de toda esperanza, y llevó a su hijo a la colina del sacrificio, y justo según la narración dramática que nos presenta Génesis 22, en el último instante, cuando parecía que Abrahán iba a descargar su cuchillo para asesinar, degollar, sacrificar en holocausto a su hijo, el ángel o mensajero de Dios le detiene y le dice al mejor estilo de una novela de misterio y de suspenso: “Detente, Abrahán, grande es tu fe; has mostrado que a tu hijo, el hijo legítimo, el hijo de la promesa, sobre el cual descargaba toda esa bendición de una descendencia numerosa, aún lo ibas a sacrificar por obedecer a Dios, por eso serás premiado, y el padre de la fe, el padre de los creyentes, modelo de fe para todo el pueblo de Israel, y por extensión para toda la humanidad”. Este texto nos prepara, para entender mejor el precioso pasaje evangélico de Marcos, hoy, en el segundo domingo de Cuaresma, cuando nos habla de la Transfiguración del Señor, y de aquí saquemos tres grandes enseñanzas para nuestra vida. La primera, en la Transfiguración hay una manifestación gloriosa, una verdadera teofanía, una revelación con gloria de lo que es el misterio de Jesucristo para la humanidad entera. Estaban en efecto, estupefactos, aterrados, sorprendidos, los tres discípulos más cercanos a Jesús, Pedro, Santiago y Juan, cuando contemplaron el rostro y los vestidos deslumbrantes de Jesús y alcanzaban a mirar entre realidad y entre fantasía, dos personajes que representan toda la ley, Moisés y la profecía, los profetas, Elías, y que muestran a Jesús como la síntesis, la plenitud de toda la revelación de Dios. Pero esto no se puede asumir y entender, sino desde una fe profunda, la que tuvo Abrahán y que señalábamos ahora en la primera lectura de Génesis 22. No entenderemos, no asumiremos que Jesús es verdaderamente el Hijo de Dios bendito, si no tenemos una fe profunda, una fe incondicional, una fe que en nuestros abuelos y padres crecía natural como la hierba silvestre en los campos; pero hoy, quizás por la mentalidad tecnológica, científica y sobre todo racionalista, nos ha hecho sospechar, mirar con suspicacia, no creer de la fe religiosa de nuestros ancestros, la que ha sostenido la humanidad por siglos y siglos, la fe religiosa judeocristiana, que se ha extendido en más de doscientas naciones a lo largo de más de 2000 años de historia. Pero hay una segunda enseñanza además de fortalecer nuestra fe en el Hijo del Dios vivo, el Hijo muy amado; se nos invita a nosotros a seguir el camino de Jesús, a ser transfigurados por esa fe religiosa, entiéndase a ser iluminados en nuestra vida, guiados por esa luz interior de Dios, que nos lleva a discernir y a distinguir, el bien del mal, la verdad de la mentira. Si algo hay en nuestro mundo tecnológico, si algo hay en nuestro mundo digital, es una maquinaria inmensa de ideología y manipulación al servicio de los dueños del poder, al servicio de lo que hoy se llama el pensamiento políticamente correcto, donde la familia, la religión, la vida como sagrada no está precisamente a la orden del día y del nuevo pensamiento políticamente aceptado. Hoy te invito para que seas iluminado como Jesús en el Tabor, a que seas transfigurado, a que descubras quien te habla con verdad o con mentira, a que mires donde está la bondad y el bien, y te alejes de la maldad y del mal. Te invito, para que vivas una vida transfigurada por la fe y el amor de Dios, y no una vida desfigurada por el pecado, por la oscuridad de tu corazón. Es algo tan palpable, tú ves en el rostro de una persona, ves la luz o la oscuridad de sus ojos, sientes la sinceridad o por el contrario, el patio trasero que hay en la voz de un ser humano, y descubre quien te habla con sinceridad, quien te habla en nombre de Dios y quien te habla en nombre del mundo y quizás para sus intereses personales. Terminamos con una tercera enseñanza y es descubrir, que aunque los apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, habían sido anunciados y si se quiere advertidos de la pasión, sufrimiento y muerte de Jesús, este momento luminoso, este momento afortunado, feliz y de gloria en la montaña del Tabor, los llevó a experimentar anticipadamente la gloria de Dios, el triunfo de Jesucristo sobre la violencia, la mentira, la injusticia, el odio, la corrupción. En el fondo la Transfiguración que nos presenta hoy el segundo domingo de Cuaresma, es un anticipo, una prueba del triunfo y de la gloria de Dios sobre la mentira humana. No desesperances, no desanimes, no desalientes, la victoria final es de Cristo; este mal momento de la pandemia, del desempleo, de una economía inestable, de falta de valores morales, éticos, de falta de entrega en el amor, de falta de fidelidad, a veces de falta de una vida espiritual más profunda en muchas personas pasará, y quizás los sufrimientos que hoy tenemos repito, por la economía, por el desempleo, por la pandemia, nos purificarán y nos harán sociedades más limpias, más maduras, más solidarias, más abiertas a la trascendencia de Dios. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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