¡Ora más, sufre menos!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
San Mateo 6, 7-15
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: del libro de Isaías 55, 10-11
Esto dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo.»
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo 34(33), 4-5. 6-7. 16-17. 18-19 R/.
Dios libra a los justos de sus angustias.
Proclamen conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su Nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias.
Dios libra a los justos de sus angustias.
Contémplenlo, y quedarán radiantes,
su rostro no se avergonzará.
El afligido invocó al Señor,
Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias.
Dios libra a los justos de sus angustias.
Los ojos del Señor miran a los justos,
sus oídos escuchan sus gritos;
pero el Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Dios libra a los justos de sus angustias.
Cuando uno grita,
el Señor lo escucha y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
Dios libra a los justos de sus angustias.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 6, 7-15
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recen, no usen muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No sean como ellos, pues su Padre sabe lo que les hace falta antes de que lo pidan. Ustedes oren así: “Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre, venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden, no nos dejes caer en la tentación y líbranos del Mal”. Porque si perdonan a los hombres sus ofensas, también a ustedes los perdonará su padre Celestial. Pero si no perdonan a los hombres , tampoco su Padre perdonará sus ofensas».
Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús
Description
TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
La vida y el paso de los años me han enseñado con total claridad y certeza, que sólo el hombre de vida interior, sólo el hombre o la mujer de amistad y relación profunda, personal y continua con Jesús, sólo el hombre y la mujer de oración continua y permanente es capaz de vivir la fe. Lo diré en otras palabras, quién en la vida ora más, sufre menos, vive mejor; pero hablo de orar desde el corazón, desde la vida, y no simplemente rezar desde los labios, desde la exterioridad, que los orantes son transformados totalmente por la acción de la gracia de Cristo Resucitado en sus vidas, y la persona que sólo reza desde lo exterior de sus labios, tal vez experimenta algún alivio psicológico, alguna tranquilidad momentánea, pero continúa esclava de sus vicios, de sus miedos, de sus ansiedades y, en definitiva, su vida no es transformada de manera profunda. Por eso te invito a que seas una persona orante de verdad y no simplemente de rezos exteriores, un rosario a la Virgen Santísima se puede orar y da paz, alegría, amor, unidad, fecundidad espiritual. Un rosario a María simplemente se puede rezar, y terminas igual de como lo empezaste, en tu vida nada ha cambiado. En la Eucaristía puede haber una misa orada y sientes a Cristo Muerto y Resucitado en el memorial actualizado al hoy de tu vida, que te llena de fortaleza y esperanza, de paz y libertad interior, o vas a la Eucaristía por cumplimiento (cumplo y miento) y simplemente rezaste la Eucaristía, pero tu vida no cambió.
Igualmente puedes rezar la Palabra de Dios, leerla como leyendo el periódico de este día u orar la Palabra de Dios y sentir que el Espíritu divino hace vida esa Palabra del Señor, toca tu corazón, confronta tu existencia y te hace un ser humano nuevo. Esto lo entendieron perfectamente los santos como Teresita del Niño Jesús cuando decía: “Para mí la oración es un impulso del corazón, una mirada lanzada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor, tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”. Por su parte, otro gigante, como san Agustín, afirmará: “Que en la oración se da el encuentro de la sed de Dios con la sed del hombre” y afirmará en un juego de palabras precioso: “Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Dios”.
Hoy te invito para que ese diálogo de amor o de amistad “con quien sabemos nos ama”, como decía Teresa de Jesús (la mística española del siglo XVI) sea una verdad en tu vida, pero entiende que aprendes a nadar después de nadar mucho tiempo y no estás exento de tragar agua en la piscina. Aprenderás a montar en bicicleta montando muchas veces en ella, aunque no estarás exento de caerte al suelo y lastimarte, así se aprende a orar y no sólo a rezar orando muchas veces, aunque no estés exento de momentos de aridez y esterilidad.
Hoy la primera lectura de Isaías nos muestra cómo la Palabra de Dios rompe esa lejanía aparente del Señor que lo acerca al hombre por la fuerza de la oración, y esa palabra viva en la Biblia está dotada de poder, de fuerza, de un vigor íntimo y profundo, que es una palabra fecunda que realiza la salvación, la renovación, que anuncia una renovación que se opera en el hombre y nos toca solamente a nosotros asumirla. Es que es precioso el texto cuando afirma: “Que, así como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo y no regresa al cielo en forma de nube, sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar para que dé semilla al sembrador y pan al que come. Así será la palabra orada que sale de la boca de Dios y que el hombre recibe, no volverá a Dios vacía, sino que cumplirá el deseo divino y llevará el encargo de renovar la vida personal”.
Esta primera lectura nos prepara para entender mejor el evangelio de hoy, cuando Jesús nos advierte: “Que al orar no usemos muchas palabras como los gentiles o paganos hipócritas que creen que por el exceso de palabrería serán escuchados por Dios, además de que quedan como muy lúcidos ante los hombres”. Jesús nos advierte y nos dice: “No sean como ellos, porque el Padre Dios sabe lo que cada uno de ustedes necesita”, y es entonces cuando nos enseña la más hermosa de todas las oraciones, la oración cristiana por excelencia que hemos llamado el Pater Noster (Padre Nuestro). La gran palabra de esta oración es la primera, Padre, porque muestra nuestro espíritu de hijos y deja en el corazón una resonancia que nos hace sentir a Dios, un Abbá, un Papacito querido, Papá amoroso. Luego le decimos que su nombre sea santificado, que venga su reino de justicia, de amor y de paz, que se haga su voluntad en la historia de la humanidad, en la historia de los hombres, como se hace su voluntad sobre la tierra. Tres súplicas dirigidas directamente al Padre de los cielos, reconociendo su gloria, su grandeza.
Por eso, cuando reces, o mejor, cuando ores el Padre Nuestro, no lo reces mecánicamente a las carreras, de prisa, óralo de manera meditativa, siente a Dios tu Papá querido, tu Padre amoroso, Padre providente y bondadoso. Luego, después de reconocer que su nombre debe ser santificado, que debe primar su reinado de amor, de justicia y de paz, y que se debe de hacer su voluntad en la humanidad, se formulan cuatro peticiones para la humanidad: pedimos el pan de cada día, pedimos porque somos menesterosos, mendigos, necesitados de pan de techo, necesitados de oxígeno, necesitados del sueño en el descanso diario o nocturno, necesitados de amor. El pan de cada día resume las necesidades primordiales del hombre. Pero luego pedimos de una manera muy especial que perdone nuestras ofensas como nosotros perdonamos de corazón a los que nos ofenden.
Y así aparece en la parte final del evangelio de hoy, recalcando, que si nosotros perdonamos las ofensas que otros nos han causado, también nuestro Padre del cielo perdonará nuestras ofensas, pero nos advertirá que si no perdonamos a los demás, tampoco nuestro Padre nos va a perdonar a nosotros. Avanzará esta plegaria magnífica diciéndonos, que pidamos al Padre Dios no caer en la tentación. Implícitamente, siempre tendremos tentaciones en la pasión dominante en nuestra vida que identificas de manera muy fácil, pregúntate ¿cuál es el pecado que más has confesado en tu vida? Entonces dirás, la ira, esa es tu pasión dominante, la lujuria, es tu pasión dominante, la envidia, es tu pasión dominante, el chismorreo y la murmuración, tu lengua es tu pasión dominante, la codicia de dinero es tu pasión dominante, el licor es tu pasión dominante. Aquello que has confesado a lo largo de toda tu vida con más frecuencia, esa es tu pasión dominante y pídele al Señor no me dejes caer en tentación, que ese es mi talón de Aquiles, mi lado flaco por donde satanás busca mi caída.
Al final concluirá la plegaria del Señor (el Pater Noster), diciéndonos, líbranos del mal, el mal de la violencia, el mal de la injusticia, el mal ante los odiadores, perseguidores, calumniadores, el mal del pecado, pedir al Señor ser protegidos de todo mal. Haz con profunda fe orando el Padre Nuestro cada día, meditando cada una de sus expresiones, teniendo los mismos sentimientos de Jesús, sintiéndote hijo amado por el Padre de los cielos, y verás, verás en tu vida auténticos milagros y descubrirás que, si aprendes a orar habitualmente, sufrirás menos, vivirás mejor.
Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.