¡Eres único e irrepetible!

Abstract

REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 7, 1-13 Lectura del día de Hoy: Primera Lectura: Gn 1, 20 – 2,4a: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. Y dijo Dios: -«Pululen las aguas un pulular de vivientes, y pájaros vuelen sobre la tierra frente a la bóveda del cielo.» Y creó Dios los cetáceos y los vivientes que se deslizan y que el agua hizo pulular según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: -«Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra.» Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto. Y dijo Dios: -«Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies.» Y así fue. E hizo Dios las fieras según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: -«Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza; que domine los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos, los reptiles de la tierra.» Y creó Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; hombre y mujer los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: -«Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo, los vivientes que se mueven sobre la tierra.» Y dijo Dios: -«Mirad, os entrego todas las hierbas que engendran semilla sobre la faz de la tierra; y todos los árboles frutales que engendran semilla os servirán de alimento; y a todas las fieras de la tierra, a todas las aves del cielo, a todos los reptiles de la tierra, a todo ser que respira, la hierba verde les servirá de alimento.» Y así fue. Y vio Dios todo lo que había hecho; y era muy bueno. Pasó una tarde, pasó una mañana: el día sexto. Y quedaron concluidos el cielo, la tierra y sus ejércitos. Y concluyó Dios para el día séptimo todo el trabajo que había hecho; y descansó el día séptimo de todo el trabajo que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo consagró, porque en él descansó de todo el trabajo que Dios había hecho cuando creó. Ésta es la historia de la creación del cielo y de la tierra. Palabra del Señor. Te alabamos Señor Salmo del día de Hoy: Salmo 8, 4-5.6-7.8-9: ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, ¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él, el ser humano, para darle poder? ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad, le diste el mando sobre las obras de tus manos. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Todo lo sometiste bajo sus pies: rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar, que trazan sendas por el mar. ¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra! Evangelio del día de Hoy: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos 7, 1-13: Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres. En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos. (Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos, restregando bien, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.) Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: -«¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de los mayores?» Él les contestó: -«Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, como está escrito: «Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos.» Dejáis a un lado el mandamiento de Dios para aferraros a la tradición de los hombres.» Y añadió: -«Anuláis el mandamiento de Dios por mantener vuestra tradición. Moisés dijo: «Honra a tu padre y a tu madre» y «el que maldiga a su padre o a su madre tiene pena de muerte»; en cambio, vosotros decís: Si uno le dice a su padre o a su madre: «Los bienes con que podría ayudarte los ofrezco al templo», ya no le permitís hacer nada por su padre o por su madre, invalidando la palabra de Dios con esa tradición que os trasmitís; y como éstas hacéis muchas.» Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús.

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Celebra la Iglesia hoy en la memoria litúrgica de Nuestra Señora de Lourdes, La Jornada Mundial de Oración por los Enfermos. Hoy, en un momento de silencio cada uno de nosotros en oración a Dios, fervorosamente y con fe, oremos por tantas personas enfermas en hospitales y clínicas; pero tantos enfermos en su psiquismo, su emocionalidad, su mundo de mente, de pensamiento, y oremos por aquellos enfermos en su vida espiritual, porque alejados de Dios están entregados a lo que ellos piensan que es la gran cosa, el mundo, y son esclavos de sus propios desórdenes y pasiones desbordadas. También nosotros si estamos enfermos, oremos ofrendando a Dios el sufrimiento y el malestar propio de la enfermedad, como ofrenda de purificación y asociándola a la Pasión de Cristo en la cruz por la redención de la humanidad entera, entendiendo que todo dolor es redentor. Hablemos ahora del precioso libro del Génesis que hemos comenzado el día de ayer y que nos muestra en un relato magnífico, la creación del mundo de manera progresiva de la materia más imperfecta y elemental, a la obra más grande y magnífica, el hombre, la mujer. De hecho, nos dirá, a propósito de la creación, que Dios en el día 1, 2,3, 4 y 5, entiéndase no días cronológicos, sino períodos de tal vez millones de años, Dios crea y ve que todo es bueno, pero sólo cuando crea al hombre y a la mujer, afirmará el autor del libro del Génesis: “Y vio Dios que era muy bueno”, permítanme la expresión, Dios se sintió sanamente orgulloso de crear al hombre y la mujer. Es que reconocemos que somos únicos e irrepetibles, que no fuimos creados en serie como las producciones de las fábricas, sino que fuimos creados en serio y sobre todo, con amor. Destacamos de la creación del hombre y la mujer, que ellos son superiores a todos los otros seres vivientes, porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y esta imagen de Dios se da en cuanto somos delegados de Dios como dueños y señores de todo lo creado. Pero también reconocemos que la especie humana ha sido creada por Dios en dualidad de sexos, hombre, mujer, haciéndonos distintos y en esa diferencia y siendo complementarios en atención a la propagación y conservación del género humano que dos hombres o dos mujeres, por lo menos de manera natural, no pueden engendrar vida. Podríamos decir también que hombre y mujer son absolutamente iguales en dignidad y cualquier discurso machista o feminista que ataque a la mujer o al hombre respectivamente, es un discurso intoxicado, ideologizado, hombres y mujeres no somos enemigos. Más allá de lo que se llama machismo o feminismo, nunca podemos entender las reivindicaciones de roles, de valores, de reconocimientos sociales, políticos y humanos, oponiéndonos, declarando enemigo a quien es distinto de mí por su sexo. Finalmente podríamos decir, que el hombre y la mujer mediante el estudio, mediante el trabajo, mediante el progreso técnico recibe y cumple ese mandato de Dios de someter, transformar y dominar el mundo. Los poetas y los místicos han descubierto en la creación las huellas de Dios, y esto lo vemos claramente en el libro, por ejemplo, de los Salmos. Hoy reconoce esa dignidad tan grande que Dios te ha dado, hoy descubre en cada ser humano tu hermano, tu pareja, un familiar, un hijo, unos abuelos, unos vecinos, unos amigos, unos compañeros de trabajo, que todos somos presencia de Dios y ante la presencia de Dios no nos queda más sino descalzarnos como le dirá Dios a Moisés: “Descálzate que pisas tierra sagrada” (cuando contemplaba la zarza de fuego que ardía sin consumirse) y descalzarnos nosotros, quitarnos el calzado según los padres de la Iglesia, santos y grandes pensadores de los primeros siglos del cristianismo, descalzarnos frente a los demás es liberarnos de prevenciones, prejuicios, desprecios, discriminaciones, indiferencias frente a los demás. Hoy estamos calzados por el egoísmo, por pensar que la vida empieza y termina en el metro cuadrado de tierra que yo piso, donde me centro y sobre centro y olvidamos que estamos llamados a reconocer en cada persona rico o pobre, blanco o negro, joven o viejo, sano o enfermo, hombre o mujer y letrado o docto, creyente o ateo, estamos llamados a reconocer en cada ser humano la presencia de Dios, la grandeza de Dios, la potencia de Dios, la maravilla de Dios y por eso la dignidad inviolable que hay en cada ser humano. Cuando vemos dictaduras políticas baratas que atropellan a los seres humanos aquí y allá, olvidan que Dios nos ha creado con una dignidad inalienable, inviolable, repetimos, somos seres únicos e irrepetibles y esto tiene unas consecuencias definitivas para la vida del mundo y sobre todo, para las relaciones humanas. Deja atrás esos cuentos de realezas o casas reales que son puras construcciones mentales, no hay reyes y no hay siervos, eso es simplemente ideologías políticas colonialistas que han pervivido intoxicando las relaciones entre los hombres. Todos, más allá de poseer pocos o muchos bienes materiales, más allá del acceso total o parcial a tecnologías y al conocimiento, todos somos grandes por ser presencia de Dios en el mundo. Concluyamos diciendo muy a propósito del evangelio de hoy, Marcos, capítulo 7, que no vale la pena vivir de apariencias como los fariseos, no vale la pena seguir y endiosar tradiciones humanas como los fariseos, no vale la pena honrar e idolizar personas, futbolistas, actores, políticos, porque todos somos iguales en dignidad. La verdadera religión es vivir el mandamiento del amor y el amor por todos, porque todos ante Dios somos importantes, todos ante Dios, aunque el mundo no lo reconozca, somos iguales. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día. En el nombre del Padre y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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