¡La única oración que escucha Dios!
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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO
Lucas 18, 9-14
Lecturas del día de Hoy:
Primera Lectura: Si 35, 12-14.16-18:
El Señor es un Dios justo que no puede ser parcial; no es parcial contra el pobre, escucha las súplicas del oprimido; no desoye los gritos del huérfano o de la viuda cuando repite su queja; sus penas consiguen su favor y su grito alcanza las nubes; los gritos del pobre atraviesan las nubes y hasta alcanzar a Dios no descansa; no ceja hasta que Dios le atiende, y el juez justo le hace justicia.
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Salmo de Hoy:
Salmo (34) 33, 2-3.17-18.19.23
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca,
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
El Señor se enfrenta con los malhechores,
para borrar de la tierra su memoria.
Cuando uno grita, el Señor lo escucha
y lo libra de sus angustias.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
El Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a él.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha.
Segunda Lectura: 2Tm 4,6-8.16-18:
Querido hermano:
Yo estoy a punto de ser sacrificado y el momento de mi partida es inminente.
He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe.
Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día;
y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.
La primera vez que me defendí ante el tribunal, todos me abandonaron y nadie me asistió.
-Que Dios los perdone-. Pero el Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje,
de modo que lo oyeran todos los gentiles.
El me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo.
A él la gloria por los siglos de los siglos. ¡Amén!
Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Evangelio de Hoy:
Lectura del Santo Evangelio según San Lc 18, 9-14: El publicano bajó a su casa justificado, y el fariseo no.
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola:
-«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."
El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador."
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»
Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús.
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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES
¡La única oración que escucha Dios!
A propósito de la conocida parábola del fariseo orgulloso y el publicano humilde, que se siente pequeño frente a Dios y por tanto su oración es escuchada por Dios, es una oración fecunda. Descubramos en las lecturas de este domingo cómo el Señor nos habla de una palabra central en toda la experiencia espiritual de cualquier ser humano, hablamos de la humildad.
En el fondo, sólo es humilde aquel que se conoce profundamente a sí mismo, que sabe de sus grandes limitaciones, que reconoce que la realidad de la enfermedad, la vejez, el pecado, la debilidad y la muerte lo acompañan. Solo un hombre que se ha probado en profundidad en el misterio de su ser alcanza a ser verdaderamente humilde. De ahí que santa Teresa de Jesús haya afirmado: “Que la base de la humildad es la verdad; por el contrario, la soberbia nace de un corazón de un ser humano que vive engañado, que no se conoce a sí mismo”.
Pero en una segunda afirmación pudiéramos decir que nos lleva a descubrir la verdad profunda del hombre cuando meditamos esta reflexión: “Todo lo bueno que tengo en mi vida es regalo de Dios; por el contrario, todo lo malo que hay en mi vida es obra mía". ¿Qué tenemos que no hayamos recibido del buen Dios?, dirá el apóstol san Pablo. “Y si todo lo hemos recibido del buen Dios, ¿por qué nos enorgullecemos?, ¿por qué nos envanecemos?”
La verdad es que, si en ti hay alegría, hay generosidad, hay bondad, hay espíritu de servicio. Esas virtudes las ha colocado Dios en tu corazón. Pero, por el contrario, si en tu vida hay egoísmo, mezquindad, envidias, murmuraciones es obra tuya. Medite esta sencilla afirmación y descubrirás un hermoso camino para aprender humildad en la vida.
Pero continuemos con esta reflexión y miremos una tercera afirmación, la vida nos enseña un camino de humildad. Cuando somos jóvenes rebosamos de juventud, belleza, vitalidad, sueños. Hay ciertamente una etapa en la vida donde todo se nos da. Se nos da una carrera profesional, se nos da un buen empleo, se nos da la mujer o el hombre de nuestros sueños, se nos dan unos hijos. Pero también la vida en su sabiduría nos enseña que hay momentos para partir y es cuando empieza la vida a quitarnos la juventud, la salud, la vitalidad. Otros nos desplazan en nuestro trabajo, vienen a ocupar nuestro lugar, nos visitan los años, las enfermedades, perdemos los papás, algunos seres queridos. En esta sabiduría de la vida descubrimos que a veces recibimos, pero al final de la vida se nos quita. Que esta lección de la existencia nos enseñe a ser un poco más humildes.
También pudiéramos decir en una cuarta afirmación, que la humildad se construye solo sobre la verdad y la justicia. Cuando obramos según lo que corresponde a cada persona y cuando obramos en la verdad y el autoconocimiento personal, aprendemos a vivir más humildemente.
Pero quizás y es una quinta afirmación que es preciosa sobre el tema de la humildad, es que sólo el hombre humilde es libre de corazón. Libre frente a los aplausos, las alabanzas, los elogios humanos, y libre también frente a las críticas, frente a las invectivas, los señalamientos envidiosos. El hombre humilde no hace depender su existencia del halago, pero tampoco de la crítica venenosa. El hombre humilde sabe que su vida depende solamente de Dios.
En una penúltima reflexión sobre este tema de la humildad, descubramos que, en la existencia, según lo canta la Biblia y según lo muestra la experiencia humana: “El hombre de corazón humilde siempre es agradable a Dios y atrayente para los hombres. Por el contrario, el ser humano de soberbio corazón es rechazado por Dios y de alguna manera repelido por los seres humanos”. Qué tontos somos cuando nos llenamos de nosotros mismos y cómo nos equivocamos.
Concluyamos diciendo “que Cristo es el humilde por excelencia, siendo Dios, se hizo hombre y el último entre los hombres”. Y si Él, que es el Eterno, que es el que venció la muerte, el que lo puede todo, no se apropió para sí mismo ningún sentimiento de soberbia ¿qué argumentos me quedan a mí, qué razones me quedan en mi vida para llenarme de orgullo, de prepotencia, de soberbia? No vale la pena nosotros decir que somos seguidores de Jesús cuando Él es el humilde por excelencia que no se apropió para sí ningún título. Y nosotros, supuestamente sus discípulos, vivimos en sentido contrario.
Señor, nos queda esta máxima evangélica presentada al final del texto de san Lucas hoy: “El que se enaltece será humillado, pero el que se humilla será enaltecido”. Digámoslo en otras palabras: “Si te crees grande en las cosas pequeñas de la vida, quizás seas demasiado pequeño para las cosas grandes de la existencia”.
Que el Señor te bendiga en este día. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.