¡Tempestades!

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REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Marcos 4, 35-41 Primera lectura del día de hoy Lectura del libro de Job 38, 1. 8-11 El Señor habló a Job desde la tormenta y le dijo: “Yo le puse límites al mar, cuando salía impetuoso del seno materno; yo hice de la niebla sus mantillas y de las nubes sus pañales; yo le impuse límites con puertas y cerrojos y le dije: ‘Hasta aquí llegarás, no más allá. Aquí se romperá la arrogancia de tus olas’ ”. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor Salmo del día de hoy Salmo Responsorial Salmo 107 Demos gracias al Señor por sus bondades. Los que la mar surcaban con sus naves, por las aguas inmensas negociando, el poder del Señor y sus prodigios en medio del abismo contemplaron. Demos gracias al Señor por sus bondades. Habló el Señor y un viento huracanado las olas encrespó; al cielo y al abismo eran lanzados, sobrecogidos de terror. Demos gracias al Señor por sus bondades. Clamaron al Señor en tal apuro y él los libró de sus congojas. Cambió la tempestad en suave brisa y apaciguó las olas. Demos gracias al Señor por sus bondades. Se alegraron al ver la mar tranquila y el Señor los llevó al puerto anhelado. Den gracias al Señor por los prodigios que su amor por el hombre ha realizado. Demos gracias al Señor por sus bondades. Segunda lectura del día de hoy Segunda Lectura Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los corintios 5, 14-17 Hermanos: El amor de Cristo nos apremia, al pensar que si uno murió por todos, todos murieron. Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos. Por eso nosotros ya no juzgamos a nadie con criterios humanos. Si alguna vez hemos juzgado a Cristo con tales criterios, ahora ya no lo hacemos. El que vive según Cristo es una creatura nueva; para él todo lo viejo ha pasado. Ya todo es nuevo. Palabra de Dios. Te alabamos, Señor. Evangelio del día de hoy Evangelio † Lectura del santo Evangelio según san Marcos (4, 35-41) Un día, al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla del lago”. Entonces los discípulos despidieron a la gente y condujeron a Jesús en la misma barca en que estaba. Iban además otras barcas. De pronto se desató un fuerte viento y las olas se estrellaban contra la barca y la iban llenando de agua. Jesús dormía en la popa, reclinado sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?” El se despertó, reprendió al viento y dijo al mar: “¡Cállate, enmudece!” Entonces el viento cesó y sobrevino una gran calma. Jesús les dijo: “¿Por qué tenían tanto miedo? ¿Aún no tienen fe?” Todos se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Quién es éste, a quien hasta el viento y el mar obedecen?” Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús

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TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Siempre que leo este evangelio de san Marcos, recuerdo una historia de adolescente, cuando con toda mi familia fuimos a las islas del Rosario en el Caribe colombiano. Salíamos en efecto de tierra firme y avanzábamos por más de una hora en mar abierto, para llegar a lo que muchos colombianos conocemos como las bellas islas del Rosario. Pero nos decían que no dejáramos que la tarde avanzara mucho, porque el mar que era un mar abierto, se ponía muy picado, muy tempestuoso y nos podíamos llevar desagradables sorpresas. No recuerdo exactamente por qué, pero ese día hicimos exactamente lo contrario de la instrucción dada por el lanchero o quien conducía la lancha, dejamos que la tarde avanzara. La realidad fue, que saliendo de las islas del Rosario bien entrada la tarde hacia tierra firme, encontramos un mar muy picado, montañas de agua, olas tempestuosas, hasta el punto que un grupo de unas 12 personas que íbamos en la lancha, en algún momento cuando la ola por la altitud de la misma levantó la lancha, el motor fuera de borda se apagó y quedamos por un par de minutos con la lancha apagada, a merced de las olas tormentosas del fuerte viento. En esa experiencia de adolescencia, recuerdo el gran temor que sentíamos todos dentro de la lancha, viendo la furia de la naturaleza y como somos de frágiles, débiles, vulnerables frente a la fuerza de la creación de Dios. Lo único que hicimos fue rezar y Dios escuchó nuestra plegaria, todos estamos contando la historia. Esta fuerza de la naturaleza que nos intimida y desnuda nuestra vulnerabilidad, nos muestra una realidad, de que todos manejamos miedos; nosotros y lo manejaron los discípulos en el mar de Galilea, que más que un mar es un gran lago en forma de arpa, de ahí el nombre de Genesaret, que es una distorsión del nombre para hablar de la forma, repito del arpa que tiene el gran lago de Galilea o lago de Tiberíades, como lo llama el evangelista san Juan. Los israelitas, los discípulos de Jesús, aunque eran pescadores, lo hacían en un lago grande, y no eran experimentados navegantes como el mundo griego o el mundo romano, que tenían mares por doquier. Y ven en la furia del mar, el símbolo del mal y de la presencia de todos los seres maléficos; el Leviatán recordando al libro de Job, los grandes cetáceos, las ballenas y el poder destructivo del mar que acaba con la vida de un hombre podríamos decir, ven una fuerza demoníaca en el océano cuando está furioso. De este evangelio saquemos tres lecciones para nuestra vida. Hace 2000 años como hoy, todos sentimos miedo. De hecho, las abuelas afirmaban: “Al miedo nadie le ha puesto calzones”, para indicar que es una realidad humana universal, más allá del poder económico, político, militar, intelectual que podamos tener, frente a la furia y la fuerza de la naturaleza en un terremoto, en una explosión volcánica, en un maremoto, en una tempestad, ¿quién de nosotros no dice que puede experimentar miedo? El miedo es una experiencia paralizante, desagradable que nos bloquea emocionalmente, nos hace sentir de manera martirizante la indefensión, la soledad, la precariedad, el abandono en el que estamos. En definitiva y de manera general, he visto en muchas personas que el miedo a fracasar, el miedo a las burlas, el miedo por falsos respetos humanos, al qué dirán, a las opiniones ajenas, han dejado de realizar en sus vidas, el sueño, el proyecto de Dios que desde siempre había tenido para estas personas. Hoy una primera reflexión, no nos llenemos de miedo, no sirven para nada, y una de las grandes expresiones que repetía Juan Pablo II en su pontificado, como expresiones bíblicas es esta: “No tengan miedo”, y la realidad es que, si Dios está con nosotros, no debemos de temer. En un mundo que mira con temor el futuro por las guerras, por las pandemias, por las crisis sociales y políticas, por el cambio climático, por tantas realidades, que nuestra confianza en Dios nos ayude a superar los miedos, las aprensiones y las angustias humanas. En un mundo donde una pandemia de un par de años, dejó tantos resquebrajamientos en la salud mental de niños, jóvenes, adultos y ancianos, que nuestra confianza en Dios sea más grande que nuestra confianza en las técnicas humanas, en la ciencia de los hombres que no deja de ser falible. Miraba como una gigante multinacional farmacéutica, ha retirado después de haber puesto más de 3 mil millones de dosis anti covid, y la ha retirado del mercado por efectos secundarios graves, como las famosas trombosis. Nada de la ciencia humana es perfecto y a veces endiosamos el desarrollo científico y tecnológico, lo que no es lógico, el único que no falla es Dios. Pero en una segunda enseñanza aprendamos, que las tempestades no son solamente propias del mar de Galilea, o el mar de Tiberíades o de Genesaret que es el mismo mar y es un lago; que las tempestades son propias de este cambio climático que estamos viviendo y sobre todo, que las tempestades no se dan solo en el cosmos o en la creación, sino que hay tempestades en el alma, luchas interiores, hay tempestades en las relaciones de pareja conyugales, hay tempestades en la vida familiar entre hermanos, padres e hijos, hay tempestades en el mundo laboral y social. Estas tempestades que nos parecen a veces feroces, nos desestabilizan, nos acobardan, nos confunden, nos aturden; pero el Señor tiene siempre una palabra como la dice hoy a sus discípulos: “No tengan miedo”, increpando el viento y el mar, éste enmudece y Él simplemente cuestiona nuestra falta de fe, nuestra falta de confianza en Dios. Viviremos esta generación, la nuestra, viviremos tiempos complejos, probablemente por el cambio climático, probablemente por la polarización política, por la intemperancia humana, por esa falsa mentalidad de la posmodernidad y de un liberalismo ideológico que nos lleva a sentirnos un poco auto dioses, auto glorificados, donde no nos toleramos, donde no aceptamos contradicciones, donde pensamos que siempre nos asiste la verdad y la razón y nos hace intolerantes. Hoy vivimos estos tiempos en lo político, lo social, convulsiones económicas; frente a todas éstas realidades que nos turban y perturban y conturban, sólo está la respuesta del Señor: “No tengan miedo”, ¿por qué no tienen fe? Cuando sentimos que es este cambio de época, más bien digamos, quién es este Jesús que calma el mar y viene bonanza y tranquilidad para todos. Y es aquí donde viene la tercera enseñanza, sólo por la fe en Jesús salimos adelante en la vida. La verdad no es un argumento, la verdad no es un razonamiento; la verdad es una persona, la persona divina de Jesús, Él mismo se auto proclama: “Soy el camino, soy la verdad, soy la vida”. Quien vive como Jesús vive, quien cree en Jesús no perecerá, no morirá para siempre. Hoy, aunque nos parecía que Jesús dormía, en el fondo era imposible que lo hiciera en un mar embravecido; ese dormir manifiesta la actitud del hombre tranquilo, que se confía totalmente a Dios en medio de las pruebas que nos parecen más azarosas y reiteramos de los que hoy la gente dice: ¿qué es esto de criar hijos?, ¿qué es esto de los cambios políticos que vivimos?, ¿qué es esto del desempleo que aumenta?, ¿qué es esto de la inestabilidad y la explosión social?, ¿qué es esto del cambio climático?. Pasemos mejor a decir, quién es este que hasta el viento y el mar le obedecen, el cosmos se doblega ante Él, sana enfermos, libera del maligno a los posesos, domina los signos y las fuerzas cósmicas, ¿quién es éste? Y Jesús en efecto, autoritativamente al mar embravecido, como cuando hablaba a los demonios inmundos que poseían a una persona le dirá a la tormenta: “Silencio, cállate” y la tormenta le obedece. Por eso y con el salmo, concluyamos y digamos: “Demos gracias al Señor porque es eterna su misericordia. Entraron en naves por el mar, comerciando por las aguas inmensas, contemplaron las obras de Dios, sus maravillas en el océano; gritaron al Señor en su angustia, los arrancó de la tribulación, apaciguó la tormenta en suave brisa, enmudecieron las olas del mar. Él habló y levantó un viento tormentoso, alzaba las olas a lo alto, subían al cielo, bajaban al abismo, se sentían sin fuerzas, pero gritaron al Señor y Él los sacó adelante, se alegraron de aquella calma, bonanza, y Él los condujo al ansiado puerto. Den gracias al Señor por sus maravillas, por las maravillas que hace con todos los hombres”. Que el Señor te bendiga en abundancia en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

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