¡La muerte no es el final, es el comienzo!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2025-11-12T21:46:12Z | |
| dc.date.available | 2025-11-12T21:46:12Z | |
| dc.date.issued | 2025-11-02 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES ¡La muerte no es el final, es el comienzo! Justo después de la solemnidad litúrgica en que celebramos a la Iglesia triunfante, a todos los santos que gozan de la plena comunión de vida y de amor con Dios. Celebramos un día después, 2 de noviembre, la conmemoración de todos los fieles difuntos. Ya no la Iglesia triunfante del cielo, sino la Iglesia purgante que se purifica en un estado misterioso, pero que aguarda confiadamente la plena visión de Dios. Hoy es un día para que agradecidos por la vida, por la historia, por el bien que nos prodigaron familiares, padres, abuelos, hermanos, tíos, amigos, buenos seres humanos gastaron su vida, entregaron su existencia, nos dieron testimonio de amor y bondad y hoy tal vez somos lo que somos gracias a ellos. Por eso es un día para vivir en agradecimiento por aquellos que han partido, pero para mirar también con esperanza el futuro que les espera a ellos y que todos deseamos la salvación eterna del alma. Con razón la segunda lectura de hoy, tomada de Pablo a los romanos en el capítulo 14, afirmará: “Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor. Si morimos, morimos para el Señor. Así que ya vivamos, ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y Resucitó Cristo, para ser el Señor de todos los vivos y los muertos”. Y al final afirmará el apóstol Pablo de manera tajante: “Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo ante Dios”. Pero entendiendo que no hay realidad en esta tierra que más interrogue y cuestione la vida que la muerte, podemos hacer una reflexión a partir de varios puntos que quisiera compartir contigo. El primero, quien no ha resuelto el problema de la muerte, no ha resuelto el problema de la vida. Lo explicaré de otra manera, quien no ha entendido que la muerte no es el final de nada, sino el comienzo, el principio de todo, de la verdadera vida con Dios. No podrá entender cuál es el sentido último de su existencia terrena. Lo diré con otras palabras, según la idea que tengamos de la muerte, que es el final de todo, viviremos de una manera; o si entendemos que la muerte es el comienzo de la verdadera vida en Dios, viviremos de otra manera distinta. Lo puedo explicar también de esta forma, el pagano vive del mundo y de sus placeres, para luego miserablemente morir. Porque de espaldas a Cristo también la vida divina se perdió, para ese pagano, para ese pecador. Pero, por el contrario, cuando un no pagano, un creyente, vive de cara a Cristo, muriendo a sí mismo, entregando la vida, donándose en amor, al final si muere cada día su muerte será un resucitar glorioso para la vida con Dios. Tú decides si vives de manera pagana o de forma creyente tu vida. Si vives simplemente de los placeres sibaritas y efímeros del mundo para luego simplemente morir. O mueres cada día dándote en amor y servicio a los demás para vivir eterna y gloriosamente con Dios. Pero hay una segunda verdad que quisiera compartir contigo y que me parece que es el centro de toda nuestra fe cristiana. Cristo no murió para siempre, Cristo ha vencido la muerte, y por más de que tenemos evidencias sensibles sobre la enfermedad, la vejez, la agonía, la muerte, el enterramiento de una persona, más allá de toda esta realidad sensible, por la fe sabemos que el sepulcro de Cristo ha quedado vacío, según dan testimonio los soldados, Magdalena, los mismos apóstoles Pedro y Juan. Entendemos también que el ángel de la Resurrección dirá a estos testigos: “No está aquí, Jesús ha Resucitado”. Y entendemos que las sucesivas apariciones a Magdalena, a los discípulos sin Tomás, a los discípulos con Tomás, a los discípulos camino de Emaús, a los discípulos en Galilea nos muestran que la Resurrección no es una narrativa, una historia fantasiosa, falsa. Es, por el contrario, la verdad suprema y central de nuestra fe. Que con razón el apóstol Pablo sustentará diciendo: “Es que, si Cristo no hubiera vencido la muerte, si Cristo no hubiera Resucitado, nuestra fe sería vana, nuestra fe no tendría sentido y seríamos los hombres más miserables y tristes en esta tierra”. Por eso piensa en esta segunda enseñanza, en la Resurrección y busca profundizar en una fe pascual, esto es, en una fe en Cristo Resucitado que ha triunfado sobre el poder del mal, sobre el poder de la muerte. En una tercera enseñanza quisiera decirte, que nosotros no encontraremos la verdadera vida, sino morimos cada día en pequeños actos de amor y de servicio y de entrega a la familia, a la sociedad, a la Iglesia. Lo dirá el capítulo 12, versículo 24 de san Juan: “Si el grano de trigo no muere, queda infecundo; pero si muere, nace en una nueva semilla, una nueva planta de vida”. Lo dirá también Jesús en Mateo 16, 25: “El que pierda su vida, el que la entregue en donación de amor, la salvará; y, por el contrario, el que con egoísmo quiera conservar su vida, la va a perder”. En ese sentido es muy luminosa la afirmación del Papa Benedicto XVI en su momento, cuando afirmaba: “Que el egoísmo, en su lógica, en su dinámica interna, trata de evitar la muerte cuidando hasta el extremo la salud, el cuerpo y la vida. Pero ese egoísmo es precisamente la gran puerta de entrada a la muerte que daña al hombre”. Y afirmará también el mismo Papa Benedicto XVI en vida, dirá: “Sólo el amor crucificado, como el de Cristo, es la gran puerta a la vida que es capaz de crucificar y atar el egoísmo, es capaz de crucificar y atar el pecado que nos mata”. Esto lo debemos de entender con suprema claridad, porque marcará nuestra vida y de alguna forma marcará nuestra manera de entender la muerte y el final de la existencia. Pero podemos en una cuarta reflexión afirmar, que hoy en día, en esta mentalidad del autoendiosamiento humano que todo lo puedo, sintiéndome un pequeño dios en letras minúsculas de alguna manera nos lleva a que nos escandalicemos, nos aterremos y huyamos del dolor, del sufrimiento y de la muerte. Porque todas estas realidades de dolor, sufrimiento y muerte nos aterrizan de nuestras vanidades, de las mentiras y de los falsos paraísos que hemos construido en esta tierra y nos recuerdan que no somos más que criaturas limitadas, que sólo tenemos sustento en la vida si nos apoyamos en Dios. Hoy nuestro mundo, merced al avance de la tecnología, de la ciencia; merced a la cultura del bienestar, del cuidado, del placer. El ser humano no quiere saber nada de dolor, de enfermedad, de vejez y menos de muerte. Pero la gran realidad, la única ley, la gran regla de la vida que a todos nos iguala, que no tiene excepción, es que vamos a morir. Por eso, por más que tratemos de vivir en la vida como si no fuera a llegar ese momento puntual de la muerte, por más que vivamos como los hedonistas o los epicureistas “comamos y bebamos, disfrutemos y viajemos, la vida va a terminar”. Como lo dice también ese famoso aforismo de los filósofos griegos: “Comamos y bebamos, que mañana moriremos”. Y sólo la muerte será superada cuando el amor, venciendo el egoísmo, nos llevó a una entrega, a una muerte diaria, desde el punto de vista espiritual de nuestro propio yo, dándoles vida a los demás y de paso, construyendo un camino personal para nosotros alcanzar la verdadera vida. Hoy te pregunto para concluir, si el Señor te llamara en este día, si el techo de tu casa se viniera sobre ti y murieras, ¿estas preparada, preparado para enfrentar la muerte?; o le dirías al Señor ¿dame un tiempo de más para amar, para servir, para hacer obras de amor y de justicia? ¿Qué respuesta darías al Señor? La muerte la tenemos todos asegurada. De hecho, todos estamos en fila para cruzar este umbral, simplemente no sabemos el orden de la fila, y mejor no saberlo. Pero estemos preparados para el momento puntual que a todos nos llegará. No caigas en la necedad, la insensatez, perdóname la expresión, no caigas en la estupidez de vivir simplemente de placeres profanos y efímeros que la vida pasa más rápido de lo que creemos. “Que el hombre es como una hierba que por la mañana está fresca, fértil; en la tarde está marchita, mustia, se enferma y muere”. Recuerda que término lo tenemos todos, que somos como las conservas de alimentos, como las medicinas, que tenemos fecha de caducidad y la enfermedad, la pérdida de vigor, la pérdida de salud, nos recuerdan que en esta vida estamos sólo de paso. Hoy, agradecidos con el buen Dios por tantos seres amados que han partido pero que nos han hecho crecer en la vida. Hoy, mirando con esperanza el futuro para ellos, más allá del purgatorio, una etapa de purificación en sus vidas y también mirando con esperanza nuestro propio futuro, más allá de la muerte. Y hoy encontrando el consuelo en Jesús, que nos dice “que la muerte no es el final de nada, sino el comienzo de todo, el comienzo de la verdadera vida”, oremos por aquellos que han partido en fe y con devoción. Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Concédeles, Señor, el descanso eterno y brille para ellos la luz perpetua. Las almas de nuestros familiares, seres queridos y amigos, y la de todos los fieles difuntos por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén. Y en este día de conmemoración de los fieles difuntos, que el buen Dios ilumine tu vida y te bendiga en abundancia. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO Mateo 25, 31-46 Lecturas del día de Hoy: Primera Lectura: de libro de las Lamentaciones 3, 17-26 Me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha; me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor». Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena; no hago más que pensar en ello, y estoy abatido. Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión; antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad! El Señor es mi lote, me digo, y espero en él. El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan; es bueno esperar en silencio la salvación del Señor. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Salmo de Hoy: Salmo 102, 8 y 10. 13-14. 15-16. 17-18 (R.: 8a; o bien: Sal 36, 39a) El Señor es quien salva a los justos. El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia; no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. El Señor es quien salva a los justos. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles; porque él conoce nuestra masa, se acuerda de que somos barro. El Señor es quien salva a los justos. Los días del hombre duran lo que la hierba, florecen como la flor del campo, que el viento la roza, y ya no existe, su terreno no volverá a verla. El Señor es quien salva a los justos. Pero la misericordia del Señor dura siempre, su justicia pasa de hijos a nietos: para los que guardan la alianza y recitan y cumplen sus mandatos. El Señor es quien salva a los justos. Segunda Lectura: de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 14, 7-9.10c-12 Hermanos: Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; en la vida y en la muerte somos del Señor. Para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de vivos y muertos. Todos compareceremos ante el tribunal de Dios, porque está escrito: «Por mi vida, dice el Señor, ante mí se doblará toda rodilla, a mí me alabará toda lengua». Por eso, cada uno dará cuenta a Dios de sí mismo. Palabra de Dios. Te alabamos Señor. Evangelio de Hoy: Lectura del Santo evangelio según san Mateo 25, 31-46 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: «Venid vosotros, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme». Entonces los justos le contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?». Y el rey les dirá: «Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis». Y entonces dirá a los de su izquierda: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis». Entonces también éstos contestarán: «Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?». Y él replicará: «Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo». Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna». Palabra de Dios. Gloria a ti Señor Jesús. | |
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