¡Transfigurados o desfigurados!
| dc.contributor.author | Fundación Amén Comunicaciones | |
| dc.date.accessioned | 2024-08-15T00:27:02Z | |
| dc.date.available | 2024-08-15T00:27:02Z | |
| dc.date.issued | 2024-08-06 | |
| dc.description | TRANSLITERACIÓN REFLEXIÓN PADRE CARLOS YEPES Uno de los pasajes evangélicos más enigmáticos y más fascinantes si se quiere, es el llamado pasaje de la Transfiguración del Señor, en la montaña santa del Tabor. En Marcos, el relato de la transfiguración está en el corazón mismo del evangelio, es que después de la confesión de fe del apóstol Pedro en el capítulo 8 de este evangelio, Marcos nos hace llegar a la culminación del camino del verdadero discípulo y nos muestra que el seguimiento de Cristo, se realiza a través del camino de la cruz como lo dirá Jesús en uno de tres anuncios sobre su propia Pasión y Muerte, y sin embargo quiere mostrar al discípulo, que más allá de la Pasión y de cargar la cruz, más allá del dolor y la humillación de la muerte, está la luz llena de esperanza, la luz transformadora que se operó en el rostro de Jesús, allá en lo alto de la montaña, en el Tabor. Pero con Él hay dos personajes fascinantes, hablamos de Moisés que representa la ley y de Elías, que de alguna manera y por antonomasia es el gran profeta, a lo largo de toda la sagrada escritura, junto con Juan el Bautista. Es que en el Monte de la Transfiguración brilla la luz incandescente de la gloria del Hijo y nos recuerda la luz de la zarza ardiente en el libro del Éxodo, ese fuego divino que arde sin consumirse y que en su momento contempló Moisés, también contempla la luz de la primera aurora de la que nos habla el libro del Génesis, o la luz divina que manifiesta la presencia de Dios en el rostro iluminado de Moisés, cuando bajaba de la montaña y no sabía que su rostro se había vuelto resplandeciente porque había hablado con el Señor, según nos recuerda el libro del Éxodo en el capítulo 34. Pero profundizando en estos personajes, descubrimos que estos dos hombres de fuego, Moisés y Elías, son los que acompañan a Jesús en esta manifestación divina en la montaña del Tabor; son los dos profetas del Sinaí, Moisés, del Horeb, Elías. Uno, Moisés el que subió y estuvo 40 días y 40 noches y en medio de la gloria de Dios recibió la ley eterna en dos tablas de piedra, y otro, Elías, el que caminó 40 días y 40 noches para llegar al Horeb, (la llamada montaña de Dios). Uno es el amigo de Dios, Moisés, que le pide ver su gloria, y el otro el profeta Elías, que escondió su rostro ante el paso de la brisa suave, según nos recuerda el capítulo 19 del primer libro de los Reyes. Esta gloria inmensa la necesitamos los seres humanos, recordarla, actualizarla y de alguna manera soñarla y consolidarla, cuando vivimos el escándalo de la prueba, de los reveses, las caídas, los fracasos, las pasiones y las crucifixiones que hay en nuestra vida. Es que es tal nuestro nivel de debilidad humana, que si no nos apoyamos en la esperanza de saber que el final de la película de nuestra vida es el triunfo con Cristo y la gloriosa manifestación del Padre Dios, como se dio en la montaña del Tabor, no podríamos con el peso y el escándalo de la cruz, los fracasos y los sufrimientos humanos. A propósito de este pasaje de la Transfiguración, los llamados padres de la Iglesia de oriente, afirmarán: “Que el fin de la vida espiritual es la divinización del hombre”, y ellos saben que esta se da por una participación en la gloria de Cristo, como la tuvieron Pedro, Santiago y Juan y debe culminar en una experiencia semejante, como aconteció para ellos en el monte santo, así debe de acontecer para nosotros. En otras palabras, cuando una persona llega a su plenitud por el camino de la obediencia a Dios, de la rectitud y la justicia en el obrar, por la oración y la penitencia, ella misma es una persona transfigurada, renovada; por el contrario, cuando una persona vive de manera sibarita, vive la realidad del pecado en la esclavitud y en las vanidades del mundo, es un ser humano no transfigurado, sino desfigurado. Algunos autores hablan de la llamada triada hedónica, hablando de pecados capitales como la lujuria, la gula y la pereza, que nos hablan fundamentalmente de vivir en función egoísta para el placer y para el bienestar personal, haciendo nuestra vida mediocre y vacía. Otros también hablan de ese complejo social en los otros pecados capitales, la codicia, el orgullo, la ira, y descubrimos en estas realidades, como el Señor nos muestra que ellos destruyen al hombre, desfiguran su esencia y mientras el amor nos renueva, nos transfigura; el desamor, el individualismo nos desfigura y nos daña. Finalmente, hablaremos de una tercera enseñanza, además de la luz de la gloria que se dio en el Tabor y de lo que significa ser transfigurados o desfigurados, encontramos la voz del Padre Dios que resuena desde lo alto de la nube, a la manera de las antiguas teofanías en el antiguo testamento y de la teofanía del Sinaí, donde el Padre Dios habla de Jesús como su Hijo muy amado, su Hijo querido al que debemos escuchar y obedecer. Es que todo el evangelio de Marcos muestra hasta el final, la incapacidad de nosotros los hombres y de sus propios discípulos de Jesús, para entender el seguimiento que hacemos de Cristo, que sólo es a través del camino de la Pasión, de la Cruz gloriosa, a través del misterio del dolor que nos lleva a la gloria de la Resurrección. No te equivoques, no hay tierra prometida sin pasar por el desierto, no hay rosas sin espinas, no hay monte Tabor de la Transfiguración sin monte Gólgota de la crucifixión, y no habrá premio para tu vida, si no hay primero sacrificio, donación y entrega de tu propia vida, porque es el único camino, ¡entregando la vida como alcanzamos la verdadera vida! Que el Señor te bendiga abundantemente en este día, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. | |
| dc.description.abstract | REFERENCIA BÍBLICA DEL EVANGELIO San Marcos 9, 2-10 Lectura del día de hoy De la Profecía de Dn 7, 9-10.13-14: Miré y vi que colocaban unos tronos. Un anciano se sentó. Su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego, sus ruedas, llamaradas; un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Yo vi, en una visión nocturna, venir una especie de hombre entre las nubes del cielo. Avanzó hacia el anciano venerable y llegó hasta su presencia. A él le dio poder, honor y reino. Y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su poder es eterno, no cesará. Su reino no acabará. Palabra de Dios, te alabamos Señor. Salmo del día de hoy Salmo (97) 96, 1-2.5-6.9: El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables. Tiniebla y nube lo rodean, justicia y derecho sostienen su trono. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Los montes se derriten como cera ante el dueño de toda la tierra; los cielos pregonan su justicia, y todos los pueblos contemplan su gloria. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra, encumbrado sobre todos los dioses. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra. Evangelio del día de hoy Del Santo evangelio según Mc 9, 2-10: En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: – «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: – «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.» De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: – «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.» Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos». Palabra del Señor, Gloria a ti Señor Jesús. | |
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| dc.subject | Amor | |
| dc.subject | Camino de obediencia | |
| dc.subject | Entrega | |
| dc.subject | Esclavitud del pecado | |
| dc.subject | Esperanza | |
| dc.subject | Plenitud | |
| dc.subject | Servicio | |
| dc.subject | Triunfo de Dios | |
| dc.subject | Vida | |
| dc.subject | Biblia | |
| dc.subject | Evangelio | |
| dc.title | ¡Transfigurados o desfigurados! | |
| dc.title.alternative | Transfiguración del Señor |
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